La promociones de los bancos, que fastidio.

Las promociones de los bancos son un fastidio. Las fachadas están todas llenas de grandes carteles con promociones de regalos por depósitos. Deposite 6000 euros y le regalamos un juego de cacerolas (que seguro son de fabricación china), eso si no te dan intereses por el deposito sino que tu ganancia son las cacerolas chinas.
Un fastidio. Tu pones dinero y ellos te dan cuentas de colores. En fin, no coments.
Yo en general nunca les hago caso a esas promociones pero las veo a diario. Pues en el banco con el cual funciono, tienen una promoción que nunca le había hecho caso hasta este año.
Es para clientes. Según los depósitos y movimientos que tenes en la cuenta, juntas puntos, y en febrero lo podes cambiar por un regalo.
Nunca les he hecho caso, porque aunque tengo “alma de rica” como dice un amigo, soy pobre o casi. Nunca he tenido la suficiente cantidad de dinero o movimientos para aspirar a lo mejor del catalogo. Es más hasta un año, la misma empleada de la sucursal que nos llevamos muy bien, me paso puntos de su cuenta que le sobraban para poder aspirar a algo que saliera del escalafón más bajo. No debía ser nada muy importante, porque recuerdo la acción de ella pero no el regalo.
Bueno a lo que voy. Este año podía aspirar a algo mejor del catalogo, pero no piense que por tener más dinero, sino por el ingreso del mismo banco del monto de un crédito que tuve que pedir para poder pagar las obras de la ITE en mi edificio. Dinero que solo estuvo 1 día en la cuenta, pero estuvo. O sea, por un día fui rica o casi.
Cuando tuve que elegir los regalos, no es que algo me interesara en especial, pero algo elegí.
Una hermosa mochila para guardar los patines. Los míos han estado en una bolsa de arpillera desde que los compre. Incomoda para llevar como ella misma. Pues nada, si algo me hacia ilusión era esa mochila.
La he esperado dos meses, y hoy pase a buscar. Me volví a casa contenta con mi mochila nueva. De más esta decir, que lo primero que hice fue buscar mis patines para ponerlos en su sitio nuevo.
Pues no entran.
La mochila es tan pequeña, que más que mochila para llevar patines en línea parece para el bocadillo de los niños cuando van a patinar.
Que no es mi caso.
Conclusión, “a caballo regalado no le mires los dientes”, dirá alguien, pero mejor “Nunca te fíes del regalo de un banco, estos no regalan nunca nada”.

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