Las viejas agendas de teléfono y los recuerdos

Ayer pasé un día de esos que no queremos pasar nunca. Lo tenía que hacer porque lo había prometido, no podía escaquearme aunque quisiera.

A lo que iba.

El padre de una de mis amigas más cercanas estaba muy mal. Tenia un tumor inoperable. Mi amiga lleva meses asumiendo que posiblemente a fin de año no iba a llegar. Como así ha sido.
Hace unas semanas un día que nos tomábamos unas cervezas las dos, me pidió que cuando sucediera yo me encargara de avisar a la gente conocida porque seguro ella no podría. Así que cuando ayer temprano a la mañana me llamó para contarme entre lágrimas que había fallecido hacia poquito, no necesito decirme más nada. Me senté en mi escritorio y empecé a llamar a todo el mundo.

A los cercanos los pille o desayunando o durmiendo. Pero había mucho que eran amigos de ella, conocidos míos, que les debía llamar y en mi agenda actual no estaban ya sus números.
Yo tengo la costumbre de cambiar de agenda telefónica cada año o dos. Así que como barrí tanta gente de mi agenda personal, había números que tuve que buscar en las viejas.
Por Dios, cuantos recuerdos. Cuando iba pasando las hojas de las viejas, y veía un nombre me acordaba de esa persona. Pensaba que seria de su vida en que andaría. En realidad fue medio palo emocional.
Imagínate, suena tu teléfono una mañana lluviosa de domingo, y oís “hola fulana, soy Lukre”.
Primera sorpresa. Hace rato que no saben nada de mi. Pasado el shock, inicial tenes que explicar lo que paso. Un palo, lo dicho.
Luego ir al velatorio, encontrarte con todos de nuevo. Que empiezan las preguntas, que como estas, que como te va..
Siempre he dicho que una persona está integrada a la sociedad cuando va a bodas, bautizos y funerales, porque son encuentros sociales. Parece que aun estoy integrada al grupo.

Pero encontré una agenda de hace años, donde había mucha gente de otra época, algunos ni me acuerdo quienes son. Gente que conocí alrededor del años 95 al 98. Por Dios, en solo 8 años ni me acuerdo quienes son. Será verdad al final que nuestra memoria es selectiva. Eso parece. Como pasa el tiempo.
Con lo otro cumplí con lo que había prometido, aunque me ha costado bastante porque hoy estoy algo baja de moral o mejor dicho de energia. Va que me he quedado plufff.

Pero mañana me voy a Roma, a tomar lambrusco rosado bien frío con unos buenos fetucchini alla panna y a parliare l’italiano perche io li parlo. (o lo intento)

Ci vediamo domenica che viene ragazzi. Ciao a tutti mondo.

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