La caja de los besos

Cuando yo estoy moña, ya sea por estar algo down o cansada como causa probable hoy, me pongo tierncecita. Y recordaba un cuentecitio que encontré una vez por ahí que decía…

“Hace ya un tiempo, un hombre castigó a su pequeña niña de 3 años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado. El dinero era escaso en esos días por lo que explotó en furia cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de navidad.

Mas sin embargo la niña le llevó el regalo a su padre la siguiente mañana y dijo: “Esto es para ti, Papi”. El se sintió avergonzado de su reacción de furia, pero éste volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía.

Le volvió a gritar diciendo: “Qué no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro?”

La pequeñita volteó hacia arriba con lágrimas en los ojos y dijo: “Oh, Papi, no está vacía, yo soplé besos adentro de la caja, todos para ti.”

El padre se sintió morir; puso sus brazos alrededor de su niña y le suplicó que lo perdonara.

Se ha dicho que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, él tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.”

Cuando lo leí la primera vez, recordé que yo con 4 años le regalé a mi padre una cartulina con un dibujo que hice en el jardín de infantes. Y cuando mi padre murió, mi madre me la dio a mí para que la guardara, cosa que hago. Mi padre siempre la tenia con él pegada en la puerta de su armario cerca de su cama. Si nos mudábamos, la llevaba con él, y la volvía a poner en la puerta. Ese dibujo era como la caja de los besos de esta pequeña historia.
Recuerdo que una de las últimas veces que le vi con vida, que estaba ya en cama sin poder moverse casi, abrí yo el armario y vi la cartulina, la agarre y mirándolo le dije “aun la tenes?” Él dio vuelta la cabeza, me sonrió y me dijo “siempre ha estado conmigo, es un pedacito tuyo”. La guardo por casi 40 años.
(Suspiro, joder como le extraño por momentos)

Si me pongo a pensar, mi caja de los besos, es una pequeña flor de cerámica que atesoro hace 26 años, de mi “nena” que hizo en su curso de cerámica de cría. Cada vez que la veo, me roba una sonrisa pensando en ella. Pero de todos mis sobrinos tengo algo de pequeños en casa. Por ej, de JM, que ya tiene 21, y mide casi 2 mts. guardo una foto en el mismo portarretratos original, donde esta con menos de un año, con un pañal en la cabeza a título de turbante, y dando palmas.
Creo que si se la muestro a su novia, él me mataría, pero a mi me encanta.

Estas son las cosas que marcan el paso del tiempo. Los afectos, los recuerdos que dan esa sensación de calorcito en el corazón. Las cajas de los besos que todos tenemos en nuestra vida.
¿Cuál es la tuya?

Etiquetado:

4 comentarios en «La caja de los besos»

  1. Tengo miles de cajas llenas de recuerdos, lo guardo todo, parece que tengo el síndrome de Diógenes, no tiré ni uno sólo de los libros de mi hija, ni sus dibujos, guardo todos los papeles de mis viajes, las entradas de cine, cuando las vuelvo a ver me recuerdan la película, con quien fui. Guardo trozos de papel con retazos de historias que escribí en momentos buenos o malos. Pero de mi padre no tengo un recuerdo como el tuyo lamentablemente, tengo su foto en el salón, pero él nunca mostró por mí.

  2. Cuando mi ahijado era pequeñito, pasaba todos los veranos en una casa de una playa cercana a Cádiz. En uno de esos veranos entró en casa a despedirse y me dio un corazoncito hecho de raso rojo, rellenito de algodón, como un cojín pequeñito. Desde entonces lo llevo siempre en el bolsillo de la ropa que lleve en casa. Ahora tiene 21 años, y se muere de risa cada vez que se lo enseño.

  3. dos niñas y ningún objeto guardado.
    a diario pintan, escriben, sonríen…
    cientos de fotos, quizá menos de las que querría.
    y mi manía de evitar acumular. ¿hay un síndrome contrario al Diógenes?

  4. Yo tengo un oso de peluche y un pato de hule espuma. Aún soy muy joven como para tener hijos, pero imagino que ellas son mis hijas, una se llama Vesta y la otra circe, tienen cerca 18 años, no imagino mi vida sin esos trozos de mi vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: