A menudo no somos lo que queremos….

… sino lo que nuestra historia psicológica nos deja ser.

Así leo en un libro de repente que cae a mis manos. Literalmente, pues se me cayó de la estantería buscando el último de Sábato para pasárselo a mi amiga “la francesita” (M acá te llamaré así, cariñosamente ein, me parece un bonito apodo sobre todo en el tono cariñoso y con sonrisa en la cara cuando lo escribo).
Es curiosos a veces las cosas. Pero juro por Snoopy, que buscando el libro de arras, de repente este se cayó.
Cuando me baje a recogerlo y le di vuelta pensé por un momento, “y esto? de donde salio”.
De repente recordé que la última vez que había visto con vida a mi amiga del alma C, cuando paso por Madrid 6 meses ante de morir, me trajo un montón de libros entre los cuales estaba este que nunca había leído.
C era una persona muy espiritual, y en búsqueda constante de su paz interior. Siempre leía este tipo libros.
Ella me regalo el que tiene la frase que genera este post, esa vez, con otro sobre como encontrar mi alma gemela que si lo leí en su momento, pero que no puse en práctica, porque estoy segura que me alma gemela, si existe, no esta cerca mio. Pero eso mejor para otro post.

A lo que iba.

Este libro cayó a mis manos la semana pasada accidentalmente y lo tenia en el bolso para leerlo mientras almorzaba esta semana, pero hasta hoy no lo abrí.
Me he reído un montón de ver el tema que trataba, la crisis personal que genera el no estar conforme con la vida que uno tiene, con la edad, o con lo que sea.
Así que le estoy leyendo, y en 4 capítulos que ha durado mi almuerzo, tenia la sensación que lo había escrito para mi.

Se me abra caído accidentalmente de la biblioteca o C me lo tiro encima para que lo viera??? Curioso, porque yo creo en las casualidades y que las cosas pasan cuando tienen que pasar.
Hace unos meses una que me leyó la palma de la mano, entre las muchas cosas que me dijo que me dejaron con la piel de gallina y no se si alguna vez contaré aquí, me dijo que veía detrás de mi, la imagen de una mujer que me protegía. Alguien que me había querido mucho y ya no estaba. Yo en ese momento pensé en C, pero mi nena que estaba conmigo en ese momento pensó en mi tía T. Igualmente cualquiera seria una buena protección porque a las dos yo adoraba. Pero al caer ese libro de la biblioteca, me acordé de esta anécdota.

Así que, cuando lo termine y por este medio informo, se lo paso a Santi. A ver si aprendemos a superar las crisis mejor.

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