El museo

Como conté el otro día, el viernes tarde fui al Prado. No se si mucha gente lo sabia, yo me entere de refilón en su web en octubre, y comprobe que en ningún medio de comunicación lo contaron. Si sacabas por la web las entradas esos 4 días de principio de noviembre de puertas abiertas, podías elegir un día de noviembre luego del 6 y también eran gratis las entradas, con hora fija para visitarlo.
Por eso fui con unos amigos a la tarde del viernes.
Yo ya había visto la ampliación en junio, pero como obra de arquitectura. Y en su momento alabe el estuco, pero no llegaba a percibir la grandeza que si vi el viernes.
Entré por la puerta de Velazquez, la primera vez en mi vida. Siempre que yo tenga memoria estaba cerrada, y de ahí al salón de las musas, y la zona nueva.
El Prado necesitaba un acceso como ese que se une lo viejo con lo nuevo. Siempre había pensado que era un museo de pueblo, por sus accesos, que todos parecían secundarios. Evidentemente no por sus colecciones.

Las salas ya las habían reestructurado estos meses, pero no se, tuve la sensación que todo tenia más orden, que ya las cosas no se apelmazaban, que tenia estilo. Y la colección del siglo 19 que han puesto, impresionante. Tres retratos de Vicente López, que creo me quede más de 10 min viéndolos, me dejaron extasiada. Hacia mucho que no veía retratos tan buenos. Sobre todo el de Goya con 80 años y el de Máximo López aun más.

Yo cada vez que voy a un museo, elijo tres cosas que me llevaría a casa. No porque lo quisiera hacer sino por elegir lo que me gustaría. Esta vez no fui menos, en esta parte del museo, me llevaría el retrato de Máximo López de Vicente López, un desnudo de Century fantástico, y el retrato del Dr. Sandoval de Sorolla.

Un cuadro que no conocía pero que aunque quisiera no podría llevarme por su tamaño: El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga de Gisbert, me dejó con la boca abierta. Un lienzo de unos 4 mts de altura y no se cuantos de ancho. Me hizo acordar a los grandes formatos de Delacroix en el Louvre. Pero este tiene un realismo cálido que a todo el mundo impresionaba. Son de esas cosas que solo se pueden ver en los museos. El patronato debe haber pensado algo parecido porque lo han puesto de portada del catálogo.

Luego recorrimos alguna que otra sala de las habituales, pero ya estábamos cansados de tanta caminata. Pero yo no deje de darme una vueltecita por la pintura negra de Goya y saludar al Perro asomado, que es mi ritual cada vez que voy al museo.
Es curioso, vivo a 15 min caminando y hasta este año que ya es la 5 vez que voy, había estado bastantes años sin aparecer.
Ahora se puede decir que tenemos “El Museo” como tiene que ser. Sigo diciendo que el estuco rojo es lo mejor.

En fin, así van las cosas por oleadas como el biorritmo.

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3 comentarios en «El museo»

  1. Hace un par de años que no voy al Prado. La verdad tus posts animan un montón, lástima que yo no viva a unos minutos caminando, precisamente. Pero mañana voy a los Madriles a pasar unos días, así que sacaré unas horas para pasear por el museo y disfrutar de su ampliación y reestructuración. Un beso.

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