Os voy a contar una historia…

Había una vez una persona que buscaba cambiar de vida, cambiando de trabajo. Pero tenía dos problemas. El primero, superar la edad en 3 años de lo máximo que se pedía por ahí para lo que sabía hacer: La segunda, era mujer en una profesión que aunque se decía a nivel social que no, era discriminada.
Pero como a ella estas cosas no le asustaban, ni la edad ni ser mujer, seguía con su empeño. Ella sabia que buscar trabajo a estas alturas, era como besar muchos sapos hasta que una se convirtiera en príncipe.
Nuestra protagonista, beso muchas sapos, pero ninguno se convertía en príncipe. El tiempo paso, y su ánimo cada día bajaba un poco más.
Pero lo iba a conseguir, lo sabia. Nadie le iba a decir que con la edad que tenía se tenía que considerar fuera del mercado, nadie. Lo de ser mujer, ni se lo planteaba.

Un día, apareció lo que ella pensó, “este se puede convertir en príncipe”. Lo escucho.
Lo escucho, ella y muchos más. Prometía el paraíso, prometía la solución para su problema. No regalaba nada, había que trabajar duro para conseguirlo, pero si las cosas encajaban seria fantástico.
Eso pensó.
En una primera reunión, como este supuesto príncipe no recordaba el nombre de todos, y menos el de ella, la llamó “la argentina”. Ella sintió algo despectivo el tono de voz utilizado, pero no le hizo mucho caso porque tenía tanta fe puesta en la propuesta por insólita que se olvidó del comentario. No podía ser. Ella tenía mucho que ofrecer.
Este supuesto príncipe, pidió a todos los asistentes a la primera reunión, pasar una prueba. A él no le interesaba lo que cada uno contaba que había hecho o no hecho. Solo que harían a futuro. Le pareció bien.
A esta prueba, todos dijeron que si, pero cuando llego la siguiente reunión para ver los primeros resultados entre todos, más de la mitad no se presentó.
Solo fueron dos hombres y nuestra protagonista.
Cada uno intentó explicar lo que había hecho. Cuando le toco el turno a ella, casi no la dejo hablar. Ella se lo quedo mirando, un poco atónita, pero le resto importancia.
El supuesto príncipe, despidió amablemente a uno de los hombres, porque no hizo nada demostrando nada de interés. Por lo tanto quedaron solo uno y ella.
El supuesto príncipe estaba atónito de que todos los demás no les haya resultado interesante su propuesta y que no hayan aparecido, ni siquiera hablaron por teléfono para excusarse. Nuestra protagonista intentó hablar explicando lo que ella pensaba sobre esto. Lo hizo pero no tuvo réplica. La réplica solo fue un silencio. Esto le sorprendió, porque fue como ser invisible. Pero pasó, de nuevo.
La reunión siguió sobre el trabajo del otro compañero que quedaba. Lo que había llevado ella ni se miró. También a esto le restó importancia, pero ya se empezaba a mosquear.
Cuando ya terminaban de esta reunión, el supuesto príncipe se dirigió a ella y le preguntó si había tomado notas de todo. Ella le dijo que si, y preguntó si se ponían de acuerdo con el compañero para trabajar sobre solo 1 idea. Le dijo que no, que siguieran cada uno por su lado.
En ese mismo instante, ya quedaron para la semana siguiente los tres para desarrollar más las ideas de la prueba.

La semana pasó rápido. Ella se esforzó por desarrollar más la idea, compatibilizando esto con su trabajo diario y su poco tiempo de ocio. Llego a la reunión agotada de falta de sueño, pero contenta de todo lo que había hecho.
Muchas cosas pensó y proyecto a futuro por si esto salía.
Que ilusa. Lo peor estaba por llegar.
Ella llego a la reunión antes que su compañero. El supuesto príncipe la hizo pasar, y le preguntó que había traído. Cuando comenzó a contárselo, sonó el timbre. Su compañero.
Pues desde ese momento, fue como si ella hubiera vuelto a ser invisible. El supuesto príncipe se centro en lo que traía su compañero y ni siquiera tuvo la amabilidad de seguir escuchándola.
Ella se sintió confusa, solo atinó a escuchar, sentarse más atrás en la silla y pasar a segundo plano para poder pensar. No le costó hacer eso, porque de repente había desaparecido.
Como su compañero no aporto casi nada nuevo desde la semana pasada, el supuesto príncipe se lo hecho en cara a ambos, olvidándose que ella si había traído, y muchas cosas. Pero fue igual.
Ella de repente recordó algún que otro comentario “jocoso y sexista” que había escuchado en las sucesivas reuniones, y a lo que ella no dio importancia. Su cabeza era un hervidero, y se mordía la lengua para ser educada y no mandarlo definitivamente a la mierda. En el fondo porque le parecía tan inverosímil lo que estaba pasando, que hasta este ultimo momento no quiso darse cuenta concientemente que era en serio. Que este supuesto príncipe no quería una mujer para lo que estaba ofreciendo.
La reunión terminó y quedaron en el “ya os llamaré”.
Cuando salieron su compañero y ella, se fueron a tomar un café, ambos desilusionados. Cada uno por lo suyo.
Ella porque había pensado que estas cosas ya no pasaban, la discriminación a determinados niveles. Lo más frustrante, que había perdido un tiempo precioso en hacer algo que se hubiera evitado a la primera, si antes hubiera espabilado o si el supuesto príncipe hubiera sido sincero.
Él, porque se dio cuenta que lo que este supuesto príncipe había ofrecido era mentira, que lo único que deseaba era alguien que le resolviera un problema sin tener que pagar por ello. Estaba jugando con la necesidad de ambos de cambiar de vida y buscar un trabajo.
Fin…

Moraleja:
Nunca esperes que nadie te regale nada. No te fíes de los que te ofrecen el cielo en estos tiempos, cuando solo son sapos que quieren ser príncipes. Que ni dando un beso candido y puro se pondrán convertir nunca en príncipes.
Porque lo único que son, son eso, simple y llanamente sapos, por siempre.

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4 comentarios en «Os voy a contar una historia…»

  1. otra moraleja: no esperar nunca a ningún príncipe. de los pocos que quedan, la mayoría se quedan infantes de por vida porque a sus papás no les da la real gana etc….

    a mi los sapos me caen muchísimo mejor: son humildes, a veces odiados —por qué?—, no van con la belleza ni el atractivo por delante, no engañan y se les ve venir…

    pero ésta no es la cuestión, verdad? la cuestión es que a las mujeres nos toman por ranas… Dios mío, lo que nos cuesta emerger en este mundo —a veces— de hombres! lo que tenemos que luchar —todavía— para que se nos tome en serio! cuando dejaremos de ser invisibles detrás de las anchas espaldas masculinas?

    (y lo siento por los hombres que nos consideran como iguales, que son muchos, me consta)

    y también lo siento por ti, Lú, sé que el engaño sienta más o menos como si te despojaran de una hermosa piel, dejándote desnuda y tiritando.

  2. aguardentero.. pues vale.. pero sin mucha sangre ein…que seguro me salpicas y el tinte esta muy pero que muy caro

    Jin si es una faena. Pero no me siento desnuda, me siento frustrada de la mierda con que tengo que lidiar ultimamente.
    me refiero a ese tipo de gente como el supuesto principe…
    los sapos no son santos de mi gusto..

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