Tacones y edad, van juntos?

Para mí es normal tener debilidad por alguna cosa material a la cual cada vez que veo, no puedo dejar de comprar. Es una característica, por llamarla de alguna manera muy humana de esta sociedad de consumo en que vivimos.

A mi madre, por ej, le vuelven loca los zapatos. A mi los bolsos. Tengo un armario con tres estantes llenos de bolsos apelotonados. No puedo con ellos. Es como si siempre buscara el perfecto, pero nunca lo encuentro. Los uso unos meses y me compro otro. Siempre le encuentro alguna pega. Que si tienen pocos bolsillos, que si son muy grandes, que si esto, que si lo otro.

Siempre digo que tendría que diseñarlos, porque en el mercado aun no han diseñado el que me guste realmente. Quizás algún día. Tema pendiente.

Me gustan también los zapatos, pero suelo ponerme siempre los mismos que son los más cómodos del armario. Aunque estos últimos años me han seducido los taconazos.
Es amor a primera vista. El ante año me compre unas sandalias color Burdeos de cuero con terciopelo que me enamorado al verlas. Creo que hasta les dedique un post aquí con la foto y todo.
Las he usado dos veces nada más. No porque no me gusten, sino porque tienen un tacón de 9 cm. y sinceramente para caminar por la calle no son muy cómodas, para currar menos.
El año pasado en un viaje a New York también me enamoré de otras, marrones con un tacón de 8 cm. Por supuesto me las compré.
Me las puse cuando volví del viaje y nunca más hasta ayer. Aun no se porque no las he usado más, pues no me han resultado incómodas, al contrario.

Será que estoy dejando las costumbres de comodidad o será que con los años uno cada vez se va vistiendo mejor, maquillando más, perfumando más, para que los años no se noten tanto o para que al pasar se note que uno está ahí.

Recuerdo que hace una temporada leí un artículo de un libro éxito de ventas en EEUU que creo se llamaba “la mujer invisible”. La autora hablaba de que las mujeres después de los 40 se volvían invisibles para los demás. El libro no llego a mis manos pero llevo bastante tiempo que reflexiono sobre la realidad del concepto.
Tenía razón.

Las mujeres con más de 40 empiezan a desaparecer para los demás, y solamente se hacen visibles por ellas mismas. Algunas lo hacen con más acierto, otras no tanto.
Las que creo que aciertan, son las que siguen con su vida aceptando la edad que tienen y viviendo lo más felices posibles con las arruguitas o las canas que empiezan a venir.
Siempre que veo mujeres en las revistas como Sharon Stone que ha cumplido 50 y está esplendida, pienso que antes a esa edad uno era viejo, ahora no. Dicen los psicólogos que la generación se ha desplazado 10 años. Por lo tanto a los 50 uno tiene una vida como si tuviera 40 de antes.
Pero hace unos días, leía un artículo que expresaba lo contrario a lo que yo pensaba, que este tipo de mujeres que yo considero fantásticas para su edad, ponían el listón tan alto que las demás mortales se sentían agobiadas por ser como ellas. Básicamente decían que no era sano para las demás.

Sinceramente me parece una reverenda tontería.

Yo no quiero, ser ni parecerme a Sharon Stone, porque seria imposible, básicamente porque no soy ella, ni con toda la pasta del mundo podría serlo. Pero viene bien que la sociedad no margine a las mujeres porque tienen más de 40. Que se hagan a la idea que una mujer de más de 40 tiene mucho aun que aportar a la sociedad.

En fin. Tengo que usar más tacones. Porque me gustan, simplemente.

pd: che pedrín, como terminó el Madrid? lo sabes?

Un comentario en «Tacones y edad, van juntos?»

  1. ¿No has leído la última noticia sobre Sharon Stone? Resulta que ha aparecido en no sé qué evento con la cara como un Cristo, toda quemada y hecha trizas. Y es que resulta que estas supuestas señoras estupendas se hacen barbaridades con tal de seguir teniendo el mismo aspecto que hace 20 años. Y la microabrasión es una de las últimas modas para tener la piel siempre dorada.

    En resumen, que yo, con mis 48 años y sin pisar jamás un instituto de belleza ni ponerme una crema, parezco ahora mismo la hija de Sharon Stone (sólo por el estado de la piel, ¿eh?), que tiene sólo dos años más que yo.

    Y eso que es la imagen de una de las cremas más caras de Dior. Lo que pasa es que la cara que aparece en los anuncios de dicha crema lleva tanto retoque fotográfico que no parecen ni de la misma familia.

    Besos.

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