El tópico del fontanero polaco

He vuelto de la ciudad luz. Cinco días de sol a pleno, mucho calor, mucha gente, buena comida, buenos paseos, unos buenos vinos y algún que otro champancito francés bien helado.
Hoy por la mañana me veía al espejo y pensaba “más de uno no va a creer que estuve en París, si parece que me pase el finde en los rayos uva”. Pues estoy morenita. Menudo verano nos espera.

París está como siempre, en el mismo lugar y tan francés como es habitual. Cosas que me llamaron la atención? la cantidad de turistas de los países del este que había. Independientemente que había mucha gente, pues París en primavera, es una de las mejores épocas del año para ir, me impresionó eso. Se ve que ahora las cosas por esos lugares van mejor y salen de turismo.

Recuerdo la primera vez que fui, en el año 86 desde Argentina. Lo que me impresionó, en ese momento, la cantidad de árabes que veía por todos lados, teniendo en cuenta que en sud américa no se veían tantos en ese año. Pues esta vez me ha pasado lo mismo con los rubios y de ojos azules, hablando en raro para mí, por todos lados. Me llamó la atención.

Hace unos años, antes que Polonia entrara en la comunidad europea, salió en Francia una publicidad en contra de que se integrarán de pleno derecho como trabajadores los que ya había emigrado, cuando entrara su país, y si tener los dos años de espera para que eso sucediera, donde se hacía referencia al “fontanero polaco”. De esto salio una ristra de chistes, viñetas y demás comentarios sobre el “fontanero polaco”. Pues yo tuve mi anécdota con mi “pompier polaco” en este viaje. Yo no fui a un hotel, las ventajas de tener familia por ahí. Cuando llegamos nos enteramos que se había roto el sistema eléctrico del agua caliente. Por lo tanto el dueño de casa que estaba en las Maldivas, concertó una cita conmigo y el pompier, tal día a tal hora para arreglarlo. Me dijo que no me preocupara por el idioma, pues él ya había explicado que pasaba por teléfono y la factura luego se la enviaban a él. En realidad solo tenía que estar ese día y hora concertado para abrir la puerta. Cosa que hice como buena hermana pequeña obediente.

El “pompier” un rubio de ojos azules, con un cuerpazo y un buen culo, de esos que los rellenaba bien los vaqueros, detalle que era pues iba vestido con vaqueros, como marca la tradición para una persona joven y atlética. Una amiga que estaba conmigo en el piso, se partía de risa y suspiraba a la vez, al verlo subir por las escaleras con sus herramientas en sus brazos marcando músculos, teniendo en cuenta que era un cuarto sin ascensor, y exclamaba mientras se acercaba, por lo bajo “menudo fontanero, mi Dios”. Pues era polaco.

Se pueden imaginar, su francés con el mio, las instrucciones de lo que tenía que arreglar en francés, alemán, polaco y no se que otro idioma, del cual solo el francés algo se salvaba para mi. Menuda tardecita, y yo me la quería perder.
No se si sabía o no, lo arreglo in extremis, sonrió, y se fue como vino.
Yo recordaba los últimos fontaneros aquí de una obra mía, por dios qué diferencia. Siempre he pensado que aunque sea las obras podría hacer que uno se recrea la vista, pero no es el caso. El fonta, como se les llama aquí, con su buzo azul índigo de toda la vida, de esos que no lavan nunca, con un olor a transpiración que mata más que la humedad, y un sabe lo todo que al final hace más cagadas que cosas buenas, pero es el fonta. Corramos un tupido velo.

Por lo demás, muy bien, descansé, o me cansé de otra forma como dice mi ma. Libere la mente, que hoy por la mañana ni sabia donde estaba. En definitiva, aproveche los días de descanso.
Y hoy ya solo trabajo hasta las 2. No me lo creo aun. Pero eso mejor lo cuento otro día o no….

che pedrín.. me extrañaste mucho? Yo si a ti…

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