El misterio del almohadón o como intentar hablar correctamente

A veces no nos damos cuentas de lo acelerados que vamos o si?
Ayer me paso algo que al principio me acojonó. Bueno, me “asustó” porque como no tengo cojones, no me puedo acojonar. Usemos bien el lenguaje, que después me critican porque no uso acentos.

Lo que contaba. Ayer me asuste con algo, bueno en realidad fue hoy por la mañana.

Mi rutina diaria, hace que me levante bastante dormida. A veces no se si le puesto azúcar al café y esas cosas. Estoy tan dormida, o lo esta mi cerebro, que hago las cosas rutinariamente y no recuerdo al instante que las hago. Aunque lo más preocupante, es ir con el coche por la carretera de la Coruña, abducirme de tal manera, que de repente me doy cuenta donde estoy, y no recuerdo como llegue, como si el coche fuera solo. Esto si es preocupante, pero para otro post.

Cuando logro salir de casa, luego de la ducha que me despierta algo, las medicinas al perro grande que es toda una historia, que sus gotitas en los ojos, que el peinado el pequeño, que tomar el desayuno, siempre voy con el tiempo pegado a la espalda. Otro matiz, digo espalda para no decir culo que tampoco es políticamente correcto.

En general todas las mañanas, la primera media hora del día en la calle es paseando a los “niños”, y tomando contacto con la gente. Vuelvo, termino de desayunar, porque lo mio es lento, tiendo la cama, junto algo la casa y me voy a comenzar el día.
Cuento todo esto, para que tu, dear lector te pongas en mi lugar.

Hoy al tender la cama, o armar la cama o como se diga, que luego dicen que la cama no se tiende, como el vaso no se toma, sino que se coje. Aunque un argentino seguirá diciendo toma el vaso. A lo que iba.

AL tender la cama, me doy cuenta que me falta un almohadón. Tengo dos sobre la cama, que cada noche o tiro al suelo o pongo sobre el sofá, según el grado de sueño que tenga, y el orden con que llegue a dormir. Lo busco por todos lados, nada. Debajo de la cama, nada. En el sofá, nada.
Por supuesto, como mis neuronas aun no se han despertado aunque llevo mas de hora y media levantada, no logro recordar si lo había visto o no.
Lo ultimo que recuedo del almohadón, es la siesta del día anterior, que me tire un rato en la cama y como me daba el sol, deje la mantita que uso para taparme en el otro almohadón, y le agarre (no cogí) para apoyar mi pesada mollera y poder dormir un ratito. Pero no lograba recordar nada más.

No estaba por ningún lado. Eso me llevo a pensar varias hipótesis que me acompañaron hasta el trabajo.
Primero llame a mi asistenta que había estado en casa el día anterior, por si había pasado algo y no me había enterado. Cuando logre hablar con ella, y le conté lo que pasaba, no paraba de reírse de mi. Evidentemente ha pensado “esta loca” y entre risa y risa me confirmo que el almohadón debía estar en casa, que ayer estaba. Al escuchar su risa, confirme que soy una gil. Pero le bendito almohadón, no estaba en casa.
Mi segunda conjetura fue, alguien tiene llave de casa y me esta haciendo una broma. Porque si la tienen, pero los que la tienen no harían semejante estupidez. Pero le bendito almohadón, no estaba en casa.
La tercera conjetura, fue cuando hable con la paseadora de los perros, que los va a buscar al medio día y se lo conté, que había un fantasma o un duende. Todo para poder justificar como un almohadón de plumas de 50×50 cm puede desaparecer. Detalle las dimensiones para que no pienses que era un pendiente. Tenia un volumen considerable. La paseadora, se justificó diciendo que ella no había agarrado nada (no cojio nada, aunque ella si puede decir coger porque es española), y yo diciéndole que por supuesto, que lo sabia, que se lo contaba porque yo seria la primera “acojonada” si no aparecía. Pero le bendito almohadón, no estaba en casa.

Cuando volví al medio día, lo primero que hice fue a buscar el bendito almohadón, y no estaba.
Ya mi adrenalina nerviosa estaba a tope, cuando de repente y al rato luego de varios minutos de desconcierto, se me ocurre ir al otro dormitorio y al abrir la ventana para que entrara un poco del hermoso solo de primavera que tenemos actualmente, le veo debajo de la ropa para planchar al bendito almohadón.
Pues si. Cuando saque la ropa del tender, seca para dejarla para planchar, la dejaba sobre la cama, al terminar cerré la ventana y agarre (no cogí) toda la ropa junto con el bendito almohadón que estaba abajo.

Conclusión= no puedo ser más tonta porque no me deja.. (ojo esto me lo digo yo a mi misma pero a quien se le ocurre decirmelo, le doy)

pd: Che pedrín, menuda fantasía mental tengo con lo del bendito almohadón. Perdón, “cojin” porque con tanto coger, agarrar, o como se diga, me olvidé que en España se dice Cojin y no almohadón.

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