La impertinencia de la juventud

Estos días, de exceso de trabajo por vacaciones de los compañeros, estoy haciendo cosas que debo pero que ya no quiero hacer más, que son dirigir obras. De mi profesión, es lo único que no me gusta. Antes si, ahora ya no.
Así que mientras unos disfrutan del sol de la playa, yo no. No solo tengo mi trabajo, sino el de otra persona. La ventaja que tengo, es que he aprendido en todos estos años a organizarme bien, y saco redimiendo al tiempo. Posiblemente a costa de mi salud, porque estoy muerta. Pero después de todo son solo dos semanas, y ya queda menos que ayer.

Todo este speech venia, a que si me faltaba comprobarlo en algún ámbito era este. Te preguntarás que comprobé? Pues la “impertinencia de la juventud”.
Yo ya tengo muchas tablas trabajadas, pero no me voy a hacer la señora mayor que todo lo sabe. Aunque los años me han hecho darme cuenta , que hay algo que me jode, y es cuando la gente se mete donde no se tiene que meter, y sobretodo no sabiendo de lo que esta hablando. Para colmo, ahora tienen un punto de chulería, que posiblemente a su edad yo también lo tenia, pero ahora lo noto.

Esta semana, educadamente, he tenido que parar el carro a dos. A mi secretaria de 20 raspando, por taparme al boca cuando estaba yo explicando un tema, en forma verdulera y que difiere totalmente de sus funciones y que no sabia de que estaba hablando, porque la persona que planteaba el problema incluyo su mail al boleo de todos los que tenia de nuestra empresa.
Ayer a un instalador, no más de 25, por venir de mala gana, cuando yo lo llamé para que rectificara una cosa que estaba mal, pensando que iba porque el electricista que estaba conmigo se había quejado. Cosa que no era el caso.

El problema no radica en la impertinencia en si, que hasta se puede entender como un tema de la edad y las hormonas, sino en las formas que se usan. Pienso más allá, y esta actitud chulesca mal educada, la tenemos incorporada en todos los ámbitos de la vida. Me pasó hace poco, en el garaje donde dejo el coche, que cuando baje, un coche estaba parado en la calle frente a mi plaza, con lo cual tuve que hacer un millar de maniobras para aparcar, porque ni se movió. Cuando educadamente, porque educada soy y siempre guardo las formas hasta que me hartan debo reconocerlo, le recriminé donde se había parado que no era el mejor lugar, va y me dice “faltaba más que ahora no pueda poner el coche donde se me de la gana”. Evidentemente, le mande a la mierda, porque su libertad termina donde invade la mía. Por esa misma regla de tres, si yo saco el coche y le rayo el coche, le puedo decir lo mismo, total estaba frente a mi plaza. En fin.

Volviendo al tema del post, tengo que decir que creo que el verdadero problema reside en que la gente no sabe o no tiene límites. Y la gente joven menos.
Ya no hablamos de educación y buenas costumbres. Se han perdido y en que nivel. Uno ve a los niños en la calle como dominan a sus padres con gritos y llantos, o ve a jóvenes en los parque gritando y pegándose entre ellos y entre las chicas y los chicos, insultándose, etc, como si todo fuera normal. Yo no recuerdo que un amigo me hubiera pegado o empujado en la vida, ni yo a ellos. Pero era otra época.
En el trabajo uno tiene que saber donde esta parado y actuar en consecuencia. Es como la ropa que uno usa para trabajar. Se horrorizó mi secretaria porque leyó en la prensa que habían echado a una joven por ir de sandalias a trabajar. Yo le dije, lee bien la noticia, seguro que iba de chanclas. Y me dio la razón. La echaron porque iba de chanclas de playa a trabajar.

No se pude aceptar todo. La vida privada es una cosa y la laboral es otro. Sino marcamos los límites, esto cada día se desmadra más.
Esta reflexión será también fruto de mi edad y de mis hormonas. Puede ser. Pero me seguirá jodiendo que se metan donde no se tienen que meter o me pongan mala cara o morrete porque les llames al orden. No tengo porque ser también permisiva con esto en el ámbito laboral. Mis jefes, seguro que si les pongo morrete o me pongo impertinente, me manda a la calle.

pd: che pedrín, tu con dos niñas, espera que sean adolencentes. No te envidio. Bueno un poquito…

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