Decepcionar

Esta semana tuve que suplantar a alguien de mi trabajo en sus obras en visita con la propiedad y el arquitecto. Evidentemente todo lo que se comentó no iba conmigo, ni era nada personal, y lo tenía claro. Pero el arquitecto o mejor dicho la arquitecta, cabreada, cogió un tono maternalista como si le hubiera estado hablando a un niño, regañándolo.

Evidentemente, esto a mi particularmente, me pareció bastante poco profesional. Una cosa que he aprendido trabajando donde estoy o hago un esfuerzo por aprender, es que es trabajo, que no hay amigos y sobre todo que los clientes no tienen una relación afectiva con nosotros, solo es el trabajo una prestación, un contrato por hacer algo que como contraprestación tiene un pago. Y nada más.

Si en vez de decirte, estas pasando de la obra, no me gusta como habeis hecho esto, que no se cumplen los plazos, o lo que sea que no te guste, dices “me siento decepcionada, ayer me dieron ganas de llorar” ya estas poniendo sentimientos en una relación laboral.

Yo particularmente creo que “decepcionar” solo a mi madre, y varias veces, posiblemente. Pero a los clientes, les puede gustar o no lo que yo haga, pero “decepcionar”? no creo. Ojo, esto no venia por mi, me lo ligue yo, porque el responsable esta navegando en mediterráneo por Ibiza. Pero le he estado dando vueltas al asunto, y leyendo por ahí encontré una reflexión de Mariano Arnal, que es profesor de latín, y se dedica a explicar el castellano y dice…

“”Me has decepcionado”, “me siento decepcionado”, esto es decepcionante”, son las expresiones en que solemos usar este lexema tan culto, tan elegante, que apenas se entiende, o no se entiende como debiera. Y solemos añadir algo así como: “Has frustrado las esperanzas que tenía puestas en ti”. En efecto, al usar el verbo decepcionar solemos cargar el peso de la culpa en el decepcionado, no en el decepcionador. Pero si hay un decepcionado, tiene que haber un decepcionador. Si hablásemos en lenguaje transparente, hablaríamos de engañar, que se entiende más claro; aunque probablemente volveríamos a suavizar la expresión diciendo “me siento engañado” en vez de “me has engañado”; en efecto, usamos el término decepción cuando se trata de expectativas, de promesas insinuadas, no de promesas hechas.

Decipio, decipere, deceptum es el verbo latino a partir del cual hemos formado primero el sustantivo decepción, y derivándolo de él, el verbo decepcionar, que lógicamente toma su significado de la palabra decepción, no de decipere. Plauto lo usa con el valor de sorprender, coger de improviso; Cicerón, con el de engañar, burlar, embaucar. Decipere exspectationes (Cic.) es dar plantón, hacer esperar inútilmente, engañar la espera (no las expectativas); decipere custodiam es burlar la vigilancia, es decir engañar a los vigilantes. Ovidio y Horacio lo usan ya con el valor de decepcionar, frustrar, etc. Pero la estructura formal del verbo es aún más dura, porque en rigor el prefijo de (con valor de extracción, separación) más el verbo capio, capere, captum (coger, arrebatar, capturar, apoderarse de algo…), nos da algo así como robar, usurpar, etc. Y curiosamente el sustantivo decepción no existe en latín clásico. Justo empieza a aparecer con san Agustín, cuando se derrumba el imperio. Respecto a nuestra traducción engañar, es una auténtica joya que no tiene desperdicio;
me ocuparé pronto de ella. Adelanto que viene de gannire, palabra de origen onomatopeico que significa en principio gruñir; de ahí en-gañar, origen no sólo del engaño, sino posiblemente también del lenguaje y de su carácter engañoso.

Sobrán más palabras. Que rico es nuestro idioma. Pero en un trabajo se puede engañar pero no decepcionar, que no me toquen la fibra sensible porque intento no tenerla más. Es solo trabajo. Si él otro no se ha preocupado y esta navegando por ahí, porque me voy a preocupar yo?

pd. che pedrín, si llueve el riesgo de incendio bajará, ojalá…

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Un comentario en «Decepcionar»

  1. Te respondo yo, que parece que Pedrín anda de vacaciones.
    Si llueve se reduce el riesgo de incendios. Pero, la masa arbórea genera humedad, que sube a la atmósfera y termina produciendo lluvia (grosso modo).
    Es decir, si los bosques se reducen, también disminuyen las probabilidades de que llueva.
    Aunque, claro, si se queman bosques y salen “terras míticas”, igual no es tan malo que no llueva. [mode ironíascontrajecaro OFF].
    Y, también es cierto que, con lo que cuestan los trabajos del hidroavión, se podrían pagar cuadrillas que mantuvieran limpio el monte.

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