Ya no tengo paciencia

Dicen que cuando uno comenta “estoy harto”, esta negativizando su entorno con una queja. Puede ser, pero basta de tanto buen rollito, porque si, estoy harta y como.

No me considero una persona distinta o especial, ni mejor o peor, soy lo que soy. Yo, te puedo gustar o no, caer mejor o no, pero seguro que ves lo que hay, nada oculto, nada misterioso, soy así. Pero parece que todos los tontos me tocan a mi, o puede que yo lo vea así, porque este cansada y he perdido mi capacidad para desarrollar paciencia.

Puedo poner muchos ejemplos pero pondré uno de esta semana de los 4 o 5, raros que me han pasado. A ver si me entienden.

Entro a una tienda por un sujetador para hacer gimnasia. Porque  “mis chicas”, como dicen en USA, envidia de muchas, me molestan cuando juego al padel, por ejemplo. Entro y le digo a la dependienta, que tenía pinta de ser la dueña, lo que quiero y va y me dice “vale, pero son caros“.  Me la quedé mirando, sinceramente sin saber muy bien que contestarle porque me parecía surrealista. Le contesto “me lo imagino, pero no estoy aquí por un chollo sino por un sujetador para hacer gimnasia”.

Evidentemente tengo que deducir que me vio mala pinta o pinta de pobre, para hacer ese comentario antes de mostrarme nada a ver si me iba, porque otra respuesta lógica no tengo. Y de este calibre, surrealista, puedo contar muchas más acaecidas esta semana. Pero no quiero quejarme, solo diré que tengo muchos motivos para “ESTAR HARTA”.

Leía el otro día un texto atribuido a Meryl Streep, que haré mio…y dice ” “Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreír.

Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío. No soporto conflictos y comparaciones.

Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia” .

Y toda otra palabra sobra…

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