El bolso perdido, o era yo la perdida

Los pequeños detalles que aparecen de repente, si sabes verlos, a veces nos hacen pensar y nos recuerdan, que tenemos muchas cosas y no las necesitamos tanto. Se puede vivir con poco.

A qué viene esto? pues es simple. Facebook tiene esa acción de traerte recuerdos de repente. De cosas que han pasado hace años y tú has compartido en esta red social, pero que ya habías olvidado, por eso se llama recuerdos no?

Ayer estaba buscando una foto de un dibujo mío que hice en la pandemia y regalé a la persona que se lo hice, porque le gustó mucho. Y para no variar, borre sin querer la foto del original, que sabía que había hecho y compartido. De repente me encontré con una publicación del año 2015, para San Valentín, donde decía que como no tenía a nadie que me regalara nada, y yo me quería mucho, me había encargado un bolso para mi misma, y de mi parte, por ser esa fecha señalada.

Al ver la foto, que es la que ilustra este post, no recordaba ese bolso. Es más ni sabía que era mío. Tampoco han pasado tantos años, solo 5 desde ese momento. Así que fui con la escalera a mi armario de los bolsos, porque soy un poco adicta a ellos. Siempre estoy buscando el perfecto, que como la propia adicción indica, nunca encuentro. Y luego de revolver un poco ahí estaba. Con polvo, pero que en el instante me hizo pensar “porque te dejé de usar, si cumples con todos los requisitos de los que me gustan”. Y no me habrá salido barato, por la marca.

Evidentemente, lo limpie y deje para volver a usarlo, a mano.

De la tontería del recuerdo, he sacado varias lecturas. Por ejemplo, de cómo un simple recuerdo, te hace ver que a veces o siempre, compras cosas que no necesitas pero quieres por lo bonitas que son. Costumbre que con la pandemia ha desaparecido, al tener miedo de ir al circuito de tiendas habituales por entrar a un lugar cerrado. Y que luego de casi 7 meses, ves que era una costumbre consumista pero no necesaria, porque ahora no quieres nada.

O, para qué quiero tantos bolsos si solo puedo usar uno a la vez. Y que por las circunstancias personales, tampoco usas mucho. O que siempre sales con las cosas en los bolsillos por la comodidad, etc, etc.

Tantas cosas en la vida, como con las personas, las tenemos porque creemos necesitarlas y al final te das cuenta que en solo 5 años has olvidado por completo. Simples y cortos 5 años.

Porque es verdad, todo se olvida sea por lo que sea, las personas también. Ya decía el dicho “el roce hace el cariño”. Si una cosa no se usa, o una persona no se trata, se olvida siempre.

La distancia y el tiempo, olvida todo rastro de cariño hacia el objeto o una persona o relación. Y no comparo una relación personal con la de un objeto, pero las conclusiones son las mismas. Si amo los bolsos, me gasto una pasta en tenerlo y lo dejo de usar en el olvido, porque no compararlo con una relación personal con una persona, a la cual tenemos o nos tiene cariño, que de repente dejamos o nos deja de tratar por lo que sea. La olvidamos o nos olvidan, es lo mismo.

Y como decía un viejo post en este blog que ya es una vida en casi 16 años… “yo nos los perdí, ellos me perdieron” Aunque lo tendría que haber titulado… “yo no los perdí, simplemente ellos me olvidaron“. Como si fuera un bolso en un armario, cogiendo polvo con otros varios.

(suspiro)

Lo bueno de todo esto, es que todo puede volver a la vida, como ese bolso que lo usaré la próxima vez que salga a la calle, o una relación , con un simple llamado telefónico.

Para pensar… o no

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2 comentarios en «El bolso perdido, o era yo la perdida»

  1. Maria Kondo dice que compramos cosas porque se.m ven lindas en las vidrieras, pero luego no nos quedan bien o nos damos cuenta que no eran para nosotros. Y que su finalidad terminó ahi, por eso pasan tiempo guardadas sin uso. Que debemos descartarlas; antes agradecerles por la felicidad que nos dieron en ese momento y luego regalarlas.

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