Diario de la pandemia 10 – diciembre

Inicio de semana 38 (28 de noviembre a 4 de diciembre) Y llegamos al último mes del año 2020. Como pasa el tiempo de rápido. En fin. Seguimos bien de salud, no tanto de ánimos. No porque no estemos bien, sino porque estamos ni fu ni fa, o sea, ni fríos ni calientes. Ni tristes ni contentos. Como lo quieran decir, yo lo sintetizaría en stand by. Entre el hartazgo de tanta estupidez generalizada, es como meternos en un caparazón para aislarnos de la misma. Lo reconozco. Y esa caparazón es mi casa. Muchas horas en soledad, solo teniendo la obligación de sacar al perrito. Del cual despotrico más de una vez, de su hiperactividad, pero me obliga a salir, sino ni eso. No se cuantas series llevo vistas. Ayer hablaba con Elena y a ella le pasa lo mismo, de repente llegas a la noche del día y te das cuentas que no has hecho nada productivo, sino solo ver series. Como diría mi má.. “la caja tonta”. Cuantas horas por Dios en frente a la pantalla, porque no tenemos ganas de hacer nada más. No superar ese inacción se está haciendo costumbre. (suspiro) Me preocupa, pero el entorno no ayuda. No lo digo por la gente, que también, sino por las circunstancias. Esta semana he estado pensando en que es “ser amigo”. Hace mucho tiempo que me di cuenta que como se lleva la amistad es un tema cultural. En Argentina por ejemplo, un amigo es otro miembro más de la familia. Uno integra a esos amigos a su vida, como otro miembro más. En España, esto también se da, pero también existe mucho lo que yo llamo “parcelar la amistad”. Hay amigos para hacer un deporte común, otro para hacer juntos una afición, otro que conoces por los perros, etc, etc. Me costó muchos disgustos en estos casi 30 años de vivir en este reino, darme cuenta de esto. Pero lo aprendí. Mi pregunta es, qué pasa con esos “amigos” cuando se deja de practicar el deporte, o esa afición, o el perro que los unía mueren. Te das cuentas que no eran amigos, solo “conocidos” que compartían algo. Y desaparecen de tu vida. Porque muy pocos te seguirán buscando para otra cosa que no sea lo que los amalgamaban. Y un día de casualidad te los encontraras y te dirán, “tenemos que quedar y tomarnos algo”, pero eso tampoco llega nunca. Pero posiblemente no solo por ellos, sino también por ti, porque te das cuenta de esta realidad. Que esa frase o propuesta, es una norma social, pero no algo que salga del corazón que quieras hacer. Lamentablemente en mi caso, y luego de tantos años, me doy cuenta que tengo muchos “conocidos” en mi vida, y los “amigos” que son familia los tengo lejos. Eso no significa, que cuando se den las circunstancias no nos encontremos y como sino hubiera pasado el tiempo. Gracias a Dios, tengo varios así. Como mi amiga Mati, desde la época de la facultad, que vive en Neuquén, en la Patagonia, pero que cada vez que se enteraba que iba a Buenos Aires, hacia lo imposible por ir, para vernos aunque sea unos días. O Marce que se vino desde París cuando cumplí 60, o Noni y Eduardo desde Italia para lo mismo. Porque esos amigos han cruzado el tiempo desde la adolescencia hasta la madurez que tenemos todos ahora. No nos unía una actividad específica sino la vida y el tiempo. Esta semana he estado hablando con un joven argentino que se quiere afincar aquí para trabajar, por pedido de uno de esos amigos de vida y tiempo. Porque me han pedido que lo oriente. Cosa que he hecho, con sumo gusto. Pero cómo le explicas a alguien que conscientemente quiere hacer lo mismo que hiciste vos hace 30 años, inconscientemente, el costo emocional que va a sufrir por el cambio. Sobre todo por lo de los amigos que cuento. Él mismo en la charla me dijo “bueno si me sale mal siempre puedo volver, en Buenos Aires tengo a mi familia y mis amigos de toda la vida”. Eso mismo pensaba yo hasta que mamá se fue. Y ahora se da un vacío muy difícil de llenar. Porque te das aún más cuenta de esa distancia que te separa de esos amigos de vida y de tiempo. En España hace más de 20 años una vecina me dijo “amigos son los que se comen un saco de sal contigo”, como metáfora que mucho tiempo tiene que pasar para terminar un saco de sal de 25 kg. Lo bueno de todo esto, es que aunque sea reflexiva con este tema, reconozco que también en España también tengo amigos de vida y tiempo, no muchos, porque algunos se han caído de mi lista particular, por darme cuenta que son solo conocidos por cómo se comportan, pero de los otros, pocos, con los dedo de una mano, pero intensos, cercanos y queridos. Eso es lo importante. La vida te enseña que esa frase “quien tiene un amigo tiene un tesoro”, es verdad. Hoy me he excedido en esta reflexión, y la terminó con un extracto del libro Hiroshima de John Hersey que dice “ Los grandes temas son el amor y la muerte. Su síntesis es la voluntad de vivir. Creo que la humanidad ha demostrado que dispone de extraordinarios recursos para tratar de seguir con vida por muy feas que se pongan las cosas” y yo agrego, que si las cosas se ponen feas como las que estamos viviendo este 2020, siempre nos quedará el amor a la amistad, la familia y los que nos rodean. Por eso, espero que todos sigan bien, que se cuiden y que el amor siempre esté con todos. Recordando que “esto también pasará”.

Nota: la foto que ilustra este texto es una frase que lamentablemente me acompaña demasiado. “es lo que hay”.

Inicio semana 40 y final: (12 al 19 de diciembre) Hola a todos. Esta es la última semana de estas crónicas. Pensé en terminar con esto, cuando vi la foto de la señora de más de 90 años que fue la primera que vacunaron en Inglaterra. Al verla, me vino a la cabeza la idea de que ahora se empieza otra etapa, y que estas crónicas ya cumplieron con su cometido. Posiblemente, si tengo ganas las seguiré en el blog, que el 24 inicia su año 17. Y si alguien no lo conoce es “Pensar en el atasco.es”. Que como os imaginareis, 16 años han dado para mucho en escribir, casi una vida, diría alguien. Así que si las continuo lo haré ahí. (suspiro) Todas las cosas empiezan y termina. Es la vida, que es un ciclo constante. Y este año 2020 para mi ha sido un sube y baja constante. Que ha ocasionado que llegue a su final luchando con una depresión. Si, mejor ponerle nombre así se a que me enfrento. No por solo lo perdido este año, sino por la vida que tengo en sí. Este año ha sido una inflexión por muchos aspectos, algunos propios y otros ajenos, pero que me han afectado en muchos temas. Intento sentirme bien todos los días, pero es difícil. Agradezco cuando se me dice “ánimos Lucre”. Pero no me sirve. Porque es una lucha entre yo y mis demonios. En eso nadie me puede dar ánimos. Solo acompañarme en el camino. Y el aspecto más significativo, que ayer razonaba con unos amigos, es que no puedo llorar desde que mamá se fue. Es como si hubiera hecho click, y cerrado las emociones. Desde ese día he pasado muchas cosas, que creo que aún están metidas y no han salido. Lo harán seguro, en algún momento. Así que mejor lo reconozco. Porque aunque muchos de los que me leen piensan que soy una persona fuerte, no lo soy. La definición seria que soy una superviviente nata. Los obstáculos los salto uno a uno como mejor puedo. Y lo he hecho siempre. La pregunta es ¿puedo? ¿lo hago por gusto? Pues no. Pero lo intento. Como dice el Cholo… Partido a partido. Qué decisiones voy a tomar? Pues si lo supiera no estaría contando esto desde mi corazón. Las terminaré tomando pero ahora aun no quiero, porque eso involucra muchas cosas que no se si tengo ganas de asumirlas ahora. Bastante con lo que hay inmediato. Así que seguiremos con la vida plana y sin emociones que tenemos ahora. Que ya llegará ver otro aspecto. De repente o no. Que yo seguiré pidiendo al año nuevo solo el deseo que la vida me sorprenda, gratamente, con algo, para variar. Se que algún año lo hará. Por eso desde aquí, aprovecho para desearos que todos sigan bien, que tengan una buena navidad y un año 2021, que seguro será mejor que este, porque con poco será mejor después de este infernal 2020. Que os quiero y que seguimos en contacto como siempre. Como sea.

Nota: he rebuscado en las fotos, para ver cual ilustraría esta despedida y sinceramente no encontré ninguna. Por eso pongo esta con el Sr. Spock, que forma parte de mi vida, el gordo culón de perrito que tengo. Que me desquicia, pero qué haría yo sin él. Me sentiría aún más sola, seguro. Y cuando lo agarro entre mis brazos, apoyó la cabeza con la de él, y le doy una abrazo, y se queda quieto como diciendo, no te preocupes que yo también te quiero. Hasta otra….

Inicio de semana 41 (20 al 31 de diciembre) Esta crónica de hoy es una yapa. Porque me he dado cuenta que se acaba el 2020, año horribilis. Y solo quiero compartir con vosotros mis mejores deseos para el año 2021. Que con que sea algo mejor, ya será un gran año. Con que pase una sola cosa buena, será un gran, pero que gran año. Como todas estas épocas, yo que soy una friki no lo olviden, me saco mi revolución solar. Tengo la ventaja que la mía va con el año en curso. Y como digo siempre el que no se consuela es porque no quiere, la mía me dice que el 2021, mi vida abre a una nueva etapa. Con el sol en Aries y la luna en escorpio. Como yo soy capricornio, solo esa combinación es como poco impresionante. Si una cosa dice que voy a tener es energía para cambiar muchas cosas y comenzar a vivir otras muchas que he dejado aparcadas en la etapa que este 2020 termina para mí. Me confirma la sensación que tengo, que muchas cosas van a cambiar consciente o inconscientemente, pero cambiarán. Porque yo no soy la misma que deja atrás el 2020. He sentido tristeza, alegría, pérdidas, esfuerzo y dedicación. Llego cansada pero con fe que las cosas serán distintas porque yo quiero que lo sean. Lo viejo se queda en este año, y lo nuevo que quiero para mí, vendrá con los meses que vengan. Estoy segura, porque la vida son ciclos y si este que concluye ha sido malo, el siguiente será bueno. Ya lo dice el biorritmo. Al día de hoy he vivido 15686 días. My God, que viejona que soy que ni puedo ponerme la vacuna rusa porque superó los 60. Pero como hablaba con mi amiga “la francesa” el otro día, hemos tenido una vida plena, hemos hecho lo que hemos querido y podido, viajado, trabajado, amado, muchas cosas que lamentablemente las generaciones nuevas lo tendrán más difícil con la vida que les está tocando o tocará. Nuestra generación con poco nos conformamos y estaremos bien, porque en el pasado ya hemos tenido mucho. Pero los que empiezan ahora, qué mundo les vendrá. Mejor no pensarlo, porque su futuro es incierto. Entre cambio climático, cambios políticos, crisis económicas una tras otra, pandemia actual y futuras, etc etc. Sé que no nos podemos hacer cargo emocional del futuro de los que vienen detrás. Como la vida, que hay que vivirla individualmente y con la experiencia de cada uno. Pero no los envidio, les será duro. Muy duro. Así que llegados a este punto solo puedo desear a todos que pasen una navidad lo mejor posible, que no se arriesguen por festejar un día si con ello hipotecan aún más su futuro por contagiarse o contagiar. Ahora lo que toca es estar en casa, recordar a los que están y los que no, ya habrá otros días para estar de nuevo todos juntos, darnos abrazos y besos. Porque esos días llegarán, temprano o tarde, pero llegarán. Estemos seguro de ello. Igualmente levanto mi copa virtual esta mañana para desear a todos una feliz navidad y un 2021 tremendo como poco. Con todo mi amor hacia todos.

Nota: la foto que ilustra esta yapa de crónica pandémica es la de una vela que encendí en uno de los muchos viajes que hice en él 2019, porque en este 2020 ninguno, y que refleja la costumbre que tengo siempre al entrar en un iglesia. Una vela por y para todos que están en mi recuerdo siempre. Larga y próspera vida para todos, como dicen en Vulcano.

This is the end….