Crónica dominguera: Viva el jamón y el aceite de oliva

Hola a todos. Aquí estamos otra mañana dominguera, aun riéndome del algoritmo que ha dicho que el jamón de jabugo y el aceite de oliva virgen es perjudicial para la salud, en un grado 2 siendo 5 el más favorable y 1 el menos,  para el ser humano. Esto pasa cuando se dejan esas variables a un algoritmo. Mi Dios a qué niveles de estupidez hemos llegado. Lo bueno, es que algún despistado o de los que viven su vida a través de estadísticas y no de experiencias contrastables lo dejarán de comer y así los demás que disfrutamos con un buen aceite de primera prensa, virgen como el de Jaén en un buen pan de pueblo y unas lonchas de jamón del bueno, tendremos más.

Otra tontería más para la vida complicada que vivimos. Porque miren que es complicada. Ayer hablando de las musarañas, al solecito de la mañana, mi interlocutora me hacía una reflexión en contestación a la mía sobre lo sombrío del futuro. Diciéndome “que vida se puede tener detrás de esto“, señalándome la mascarilla que llevábamos. Y tiene razón. Como anécdota tengo que contar, que el otro día invité a la paseadora del Sr. Spock a un vino, para charlar y conocerla más, luego de tantos meses de verla en la puerta cuando viene a buscar al gordito. De repente cuando la veo en la mesa de la terraza que quedamos, no la reconocí. La primera vez que la veía sin mascarilla en un año. Lo que me llevo a pensar… “vaya si me la cruzo por la calle sin mascarilla no la saludo  porque no sabría quién era”. Un año, charlando, viniendo casi a diario por el perrito y no la reconocería.

Wow, menudo shock. Darme cuenta como nos ocultan las mascarillas. Que hace que no se sepa o reconozcan las emociones, si sonreímos, o nos reímos. Salvo el sonido que emitimos. No porque no me diera cuenta, sino que esta vez me sorprendió un montón, fue como dicen “tuve una revelación”. Otros tienen revelaciones místicas, yo de darme cuenta la falta de identidad emocional y física que nos ocultan las mascarillas.  (suspiro) Para todos los gustos.

En otro orden de cosas he tenido que sopesar pro y contra de, “perjudicar mi salud física y mental no haciendo actividad física, o el riesgo de contagiarme de Covid.·” La conclusión ha sido que vuelvo el lunes a la piscina. Tuve que superar el miedo a contagiarme sobre mi salud. Seguiré con mis medidas de seguridad propias, usando lo mínimo posible el gimnasio, sin sacarme la mascarilla salvo en la piscina. Pero mi salud física me lo agradecerá. No iré todos los días, quizás dos seguros, máximo 3 a la semana. Pero tengo que hacer algo. Necesito el contacto con el agua. No tener esa actividad me está pasando factura en mi estado emocional, en dormir y en mi movilidad. No puedo permitir que una “posibilidad” de que pueda pasar algo, me inmovilice. Se que tengo miedo de contagiarme. Pero la pregunta del millón es “qué es peor para mí”. Debo salir de mi zona de confort como dicen los psicólogos. Yo diría “a tirarme a la piscina”.

El miedo ya nos inmoviliza demasiado por si pasa… En la vida pueden pasar muchas cosas, no podemos controlarlas todas. Pero tampoco podemos seguir viviendo siempre en esta vida encapsulada que tenemos todos. Tenemos que poner medidas para cambiar ciertas situaciones que nos atenazan porque a largo plazo nos dañaran definitivamente. Habrá que correr el riesgo.

Recuerdo hace más de un año, sin pandemia, con la vida normal, no como ahora y que casi sin darnos cuenta corríamos riesgos desde el momento de salir a la calle. Como si nada. Ni nos dábamos cuenta, ni siquiera lo pensábamos. Y ahora uno tiene que ir en todo momento con pie de plomo, cuidándose, alejándose de los lugares cerrados, de la gente, de la vida. Hemos perdido espontaneidad, afecto, contacto físico, sonrisas, etc etc, en definitiva hemos perdido calidad de vida. Solo ha pasado un año. Y como poco nos queda otro. Esto ya es inaguantable. Así que mejor nos sacudimos un poco el miedo y vivimos un poquito más, sin locuras evidentemente. Pero sin tantas restricciones. Se necesita desmelenarse algo.

Mientras escribo esto, me río sola por no llorar, porque en otra época el desmelenarse en mi caso era por ejemplo, pillar el coche e irme a la playa unos días a tomar el sol o un billete e ir a París a pasar el finde. Ahora no puedo o no me dejan, ni siquiera salir de mi provincia. O ir a Francia porque tengo que hacer cuarentena y todo allí cierra a las 6 de la tarde. Una locura. Como para pensar siquiera en un viaje a la Argentina.

En fin, espero que lleguen mejores días y que sobre todo yo los vea.

Bueno, llegados a este punto, os dejo. Deseando que todos estén bien de salud. Pidiéndoles que se cuiden mucho, pero que se planteen “desmelenarse un poco” con algo, para empezar a romper esa cápsula que nos contiene la vida. Porque no hacerlo con una buena ración de jamón, un buen aceite de oliva virgen extra, una buena copa de vino, y si es en compañía mejor. Eso si es desmelenarse, vaya sino. Dejémonos de tantos algoritmos que nos quieren controlar la vida, aún más, como si no tuviéramos bastante con la mierda de pandemia que estamos pasando.

Recordando que aunque no se sepa cuando… esto también pasará.

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