Encerrando la vida

Llevamos un año en pandemia, y no se ustedes pero a mi me parece una eternidad. Lo que me demuestra que el tiempo es relativo. Muchas cosas han pasado y pasan día a día sobre este tema, la pandemia. Desde encierros, aislamientos impuestos o forzados, falta de contacto físico, uso de mascarillas, restricciones, ordenanzas, formas de relacionarnos, y etc. etc. Infinidad de cosas que llega a agotarnos emocionalmente.

Ahora ha aparecido un nuevo término “fatiga pandémica”. Yo lo llamaría “león enjaulado”. Porque así me siento, como una fiera en la jaula del zoo. Una jaula ficticia con barrotes que siempre he odiado. Dándome cuenta de todo lo que hemos dejado de hacer o de compartir.

En mi caso, añoro poder escaparme al mar unos días, o alguna ciudad de esas que me gustan a dibujarla. LLevo desde noviembre del 2019 sin viajar a casi ningún lado. Salvo tres días a Galicia el verano pasado que se vieron interrumpidos por un cierre por un brote de Covid, lo que hizo que mis esperadas vacaciones se fueran al traste, y tuviera que volver a mi casa a encerrar la vida. Con lo que me gusta viajar.

Porque eso hemos tenido que hacer este último año, encerrar la vida. 

Siento nostalgia de muchas cosas, pero sobre todo el tener la libertad de irme donde me apeteciera sin tener que pensar si me dejan o no. En esta vida encerrada que tenemos, ya no cuenta el querer, sino el poder por obligación. Y eso agota demasiado ya.

Tenía la esperanza que en 2021 las cosas cambiarian, pero ya la perdi. Ahora espero que en el 2022 algo sea normal.

No me molesta la mascarilla, o la distancia social, lo entiendo, siempre que pueda tener contacto social. Eso sí se echa en falta. La parte social de la vidas. Podemos tener casas que nos hagan sentir bien, pero vivir en soledad en ellas, continuamente es lo que machaca.

Este texto puede parecer una queja, pero a que vosotros os sentís igual? Y me pregunto.. ¿El sentir general de los mismo síntomas, mitiga la queja en sí? Yo creo que si. Así que no me estoy quejando, sino reflexionando sobre un sentir general. O como se dice… “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Puede que me quiera consolar pensando que lo que me pasa a mi también pasa a todo el mundo. Pero no es eso. Sino que es la cruda realidad. Esa llamada “fatiga pandémica” que dicen los psicólogos, está haciendo mella en nuestros ánimos, cada uno a su manera.

Con los cercanos que hablo, les pasa lo mismo. Lo dirán con las mismas palabras o con otras, pero estamos metidos todos en el mismo barco. Se que “esto también pasará”, pero ¿cómo llegaremos al final? Hartos, desilusionados, esperanzados, cansados, ¿cómo? (suspiro) No tengo ni idea.

Quiero creer, porque soy una persona positiva, que bien, que superaremos todo esto sin secuelas, valorando aún si cabe más la vida y las relaciones sociales que tenemos. Valorando o aprendiendo que la vida puede cambiar en un instante, como cambio la de todos ese sábado de marzo de 2020 cuando empezó el confinamiento obligatorio.

Deseo de todo corazón, que nos quede marcado a fuego, y así disfrutemos de los tiempos venideros más intensamente, con más amistad, diciendo más “te quiero”, compartiendo aún más las risas, y valorando la vida en todas sus facetas. 

Porque esta vida encerrada que tenemos ahora, no es vida. 

Foto: The girl in a ball :: Didier 82
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