Vaciando la mochila

Estoy intentando vaciar “la mochila emocional”. Es algo muy difícil, pero creo que ya pesa demasiado. Así que la he apoyado en el suelo, me he sentado, la he abierto y he empezado a ver que se puede eliminar para aligerar.

En este proceso llevo ya varios meses, diría desde el fin de año pasado, que mi cerebro hizo clic, y desconectó de temas que estaban pasando factura. En ese momento, mi visión sobre algunos temas familiares sobre todo, cambiaron. Fue como una liberación. Deje de dar importancia a lo del pasado para preocuparme solo por lo de hoy. Al final, ese dicho “arriero somos y al final del camino nos encontraremos”, creo que tiene sentido. Que cada uno se haga cargo de sus temas, de sus cosas, que al final nos encontraremos. Es inevitable, el final del camino es para todos iguales, no?

Ahora toca liberar del peso a esa mochila de compromisos adquiridos con personas que pasan por tu vida, y que te das cuentas que te has involucrado más de lo que lo han hecho esa gente. Uno no hace las cosas, o no adquiere compromiso para que te den las gracias, sino porque uno quiere hacerlo, y listo. Pero con los meses te das cuenta que tú haces las cosas lo mejor que puedes pero del otro lado te cuestionan, o te exigen, como si fuera una obligación y no acción desinteresada como lo es para ti, solo por ayudar.

Muchas veces en mi vida me ha pasado esto. Hacer algo por los demás, o como diría “meterme en fregados” sin ser míos, por colaborar con el grupo, por el bien general. Y como han terminado? pues como ahora, con los que estoy sacando de la mochila. Como si fuera una obligación de mi parte adquirirlos y hacerlos. Y no, no me da la gana. No tengo obligación con nadie ni con nada, solo con los y con lo que yo quiera dársela.

Si algo me ha enseñado la vida, es que las situaciones para que funciones, tiene que ser algo recíproco, y si no es así, a otro tema. Que seguro, si los papeles se invirtieran, no tendría el mismo grado de compromiso del otro lado hacia mí.

No sé muy bien, porque se cree que si alguien te ofrece ayuda sobre algo desinteresadamente, porque sabe sobre el tema y solo por ayudar, los que reciben esa ayuda, tienen el “derecho de exigir”, más allá de los límites aceptables.

Las relaciones sociales de la vida, deben ser un ir y venir, un compartir, un día por ti, y otro por mí, sin exigencias. Cuando te das cuenta que eso no es así, mejor dejarlo de lado y seguir tu camino, aunque ello conlleve alejarte del grupo en cuestión, y que te dejen de lado. Pero es lo más sano para todos. Sobre todo para ti mismo.

Para los de ese grupo, que se queden con sus “exigencias” y que las resuelvan ellos. Para ti, mejor solo que mal acompañado, aunque moleste. Es un tema de salud mental y espiritual. Diría mi madre, que era una señora muy señorona “no des más por el pito, de lo que el pito vale”. Algún día lo aprenderé. Espero solo, que no sea tarde.

Llegados a este momento, me pregunto, ¿se darán cuenta alguna vez, del tiempo, esfuerzo y conocimientos adquiridos y aplicados por tu parte?. ¿Darán valor a lo trabajado? Estoy segura que no. Se harán “los ofendidos” por tu partida, porque la soberbia que han aplicado es infinita.

En fin, tú seguirás tu camino, con menos carga al dejar el espacio vacío de esa obligación, hasta que posiblemente te aparezca otra, pero quien te quita la tranquilidad adquirida? nadie si tu no quieres.

Esta semana he hecho eso. Terminar con las exigencias de un grupo, como si fuera mi obligación o deber, no un gusto hacerlo. Yo ya ayudé, colaboré y deje las cosas funcionando, a ver si ellos aprenden y lo siguen adelante, solos. Que seguro, o aprenden (no es muy difícil hacerlo, como lo hice yo en su momento, tampoco es aprender a hacer diseño de centrales nucleares) , o encuentran a otro incauto que colabore y puedan exigir o dejan morir el proyecto. Que hagan lo que quieran, yo ya no pertenezco a la matriz del grupo, solo soy un simple usuario como muchos otros.

Y como decía… a otra cosa, mariposa.

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