Crónica dominguera: a veces el silencio es lo mejor

Hola a todos. Aquí estamos otro domingo más. Sentados en mi mesa del comedor, viendo las flores en mi balcón y pensando en que no tengo muchas ganas de decir nada. Pero las costumbres hay que cumplirlas, y por eso estoy hoy aquí.

Esta semana ha sido intensa en muchos aspectos, que me guardaré para mí, pero sobre todo con la salud del Sr. Spock. Que para sintetizar, tiene una lesión medular, que mañana me enteraré si se le puede poner un tratamiento o hay que operarlo. Así que como él tiene que hacer reposo absoluto, lo estoy haciendo yo también. Los paseos son breves, porque le cuesta caminar y si por ejemplo como ayer me paro en la frutería para comprar cuatro cosas, y le dejo fuera sentado en la vereda, pero me esta viendo porque es un local de barrio pequeño, y dejo la puerta abierta, 5 minutos, cuando ve que me alejo empieza temblar de terror que da pena verlo. Así que no me separo de él. (suspiro). Cuando uno tiene un ser vivo a su cargo, como en este caso un perrito, es parte de la familia, no un mueble, así que hay que apechugar.

Cambiando o no cambiando de tema, mi semana ha dado vuelta sobre este tema y no he podido hacer mucho más. Salvo cumplir con lo que me había prometido a mi misma, de no leer o escuchar nada sobre política, dedicarme a terminar dos series que seguía, y esta semana han terminado sus temporadas, viendo otras, terminando una obra y empezando otra, con el trabajo que preparación de soluciones, ideas, materiales que conlleva el inicio, y poco más. Las aficiones como dibujar o leer, se han quedado para segundo plano, o más adelante.

El tiempo no me alcanza para tanto. Puede que el tiempo físico, pero el mental no. Sobre esto, os dejo una columna de El País Semana, de Irene Vallejo, “en el desfiladero helado”, que me ha gustado mucho. Pues sintetiza lo que muchos sentimos o pensamos en esta época de pandemia. Porque mi único evento social de esta semana, fue el viernes tomando unos vinos con una amiga del barrio al mediodía, y lamentablemente comprobando que a casi todos nos pasa lo mismo. Que este tiempo complicado nos está pasando factura, y como.

Cuando veamos esta época oscura desde la distancia del tiempo, nos daremos cuenta las secuelas que nos dejó. No solo físicas, para los que pasaron el virus, sino emocionales. Nos marcará para siempre en muchos aspectos. Estoy convencida de ello. Como dice en la columna Irene VallejoLa tristeza estrangula el aire, enmudece la voz. Hasta que de pronto, como en un hechizo, ciertas palabras nos permiten abandonar el pasadizo helado y encontrar alivio“.

Yo he tenido silencio esta semana. Y otra vez me he dado cuenta, que cuando este me abruma, pillo mi cuaderno de espiral y escribo las “tres páginas”, ni una más ni una menos, las tres que expreso en palabras escritas, con pluma a tinta y a mano, lo que siento en ese momento. Es terapia pura.

Rebuscando cosas en este blog, porque tengo tantas desde el 2004, que yo misma me he olvidado de ellas, he encontrado que en el 2007 ya escribía algo parecido a esta crónica, pero las llamaba Historias minias de domingos mañaneros. Lo que evidencia que 16 años escribiendo sobre el día a día y mi visión de las cosas o lo que observo, es una costumbre, independientemente que me guste escribir, que me hace falta como medio de expresión. ¿Lo hago porque me gusta o porque me lean? Lo hago simplemente porque lo necesito. Y si a parte me gusta o me leen, pues fantástico. Sino como se dice ahora, lo hago para escucharme a mí misma. Otros hablan solos, yo lo escribo. En fin…

Aquí los dejo. Espero que sigan bien. Aquí como estamos en “reposo absoluto” obligatorio, como una cuarentena sin ser eso, seguimos en el silencio del tiempo. Esperando que no dure mucho.

Recuerden que como siempre digo “esto también pasará”. Cuando, como? vaya a saber, pero lo hará… ” Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar” como decía el poeta. Espero que se vaya y que nunca la debamos volver a pisar.

nota: como la foto que ilustra este texto, yo también me quiero ir. Me llevaré la mamadera??? vaya a saber.

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