La felicidad es un asunto del espíritu…

debido a la plasticidad de la mente.

¿Qué es la plasticidad de la mente?

Es la capacidad humana de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que elegimos tener.” Resulta que al igual que los músculos del cuerpo, el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que más utilizamos.

A más pensamientos negativos, mayor actividad en el córtex derecho del cerebro y en consecuencia, mayor ansiedad, depresión, envidia y hostilidad hacia los demás. En otras palabras: más infelicidad autogenerada.
Por el contrario, quien trabaja en pensar bien de los demás y ver el lado amable de la vida, ejercita el córtex izquierdo, elevando las emociones placenteras y la felicidad.

Se debe trabajar sistemáticamente en debilitar esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno, y paralelamente, comenzar a ejercitar los músculos mentales que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra propia felicidad.

Esto lo leí el otro día, que confirma lo que yo digo siempre… Nosotros somos nuestro peores enemigos.

Pero como yo no puedo ni quiero irme al Tibet como hizo la persona que dijo estas palabras, intento hacerlo a diario. Algunas veces lo consigo pero la mayoría no. Pero por intentarlo que no quede.

Una buena manera de intentarlo, es pillar el petate e irse unos días a descansar. Cosa que he hecho estos días, y debo reconocer, que luego de casi dos años de no salir por la pandemia, esta vez me he atrevido.

No se si con el cambio de sitio, de la ciudad al mar, el cambio de horarios y hábitos, mi cerebro plástico que no blandito, cambio algo pero hoy, luego de volver ayer, me siento descolocada, y vaya como.

Puede ser por eso, o como se dice, verdaderamente esos días de descanso fuera de mi entorno habitual ha sido tan intenso que he verdaderamente desconectado de todo.

Hacía mucho pero que mucho tiempo que al volver de un viaje no me sentia asi, que me ha llamado la atención. Todo me parece nuevo, hasta la casa. Es una sensación rara, os lo aseguro. Será que verdaderamente he descansado y sobre todo mi cerebro ha hecho click y se ha desconectado.

Hermosa sensación. La necesitaba luego de tanto encierro y crispación.

Pero bueno, ya estamos de nuevo por aqui, afrontando el verano de calor y ciudad, sin nuevos planes a futuro, salvo cumplir con las obligaciones, e intentando hacer que esa “plasticidad mental” me autoconvenza que la vida que tenemos es la que verdaderamente queremos tener. 

Porque pueda que sea más feliz con los pensamientos positivos, pero estos mismos no me conformarán en pensar o sentir, que muchas cosas deberían cambiar. Pero eso para otro post.

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