De cambios en gustos musicales va la cosa

Al ver un vídeo de Sandro cantando Rosa Rosa, he tenido un flash de memoria. Y os lo voy a contar.

Corría el año setenta y tantos, mi hermano Roberto estudiaba ingeniería nuclear en  el Instituto Balseiro en Bariloche, Argentina. Uno de esos años yo fui en mis vacaciones de invierno a su casa para esquiar. En ese viaje me pasaron dos cosas que aun hoy las recuerdo.

Primero, con su amigo de piso, me pase uno de esos días esquiando todo el día en el Catedral con él, y en cada subida en la telesilla me enseñaba un párrafo de la única canción que aun hoy recuerdo de memoria y era su preferida.. Father and Son de Cats Stevens. (lo puedes escuchar vía este link) Empezamos en la primera subida, y en la última ya me la sabia de memoria. Fue un día maravilloso. Han pasado,… qué más de 40 años? Posible, y aun la canto de corrido. El que me lo enseñó ni se que ha sido de él. Recuerdo el día, la canción pero nada más.

En ese viaje también fue la prima de ese amigo de mi hermano, y hablando con ella una noche me dice que estaba enamorada de Sandro. Me acuerdo de mi sorpresa, porque para una chica como yo “de buena familia y colegio de monjas”, Sandro no entraba en los cánones de gustos musicales admitidos. Porque como el tango en el principio del siglo XX que las señoritas no lo bailaban porque era de arrabal, a Sandro en esa época “una señorita” como se suponía que era yo, no lo escuchaba por casi similares razones.

Tengo que decir, que el gusto de esta chica en ese momento me escandalizó, pero no solo porque le gustara, a mí me parecía algo vulgar, sino por el nivel de fan que haría cualquier cosa por su ídolo, cosas que yo no he tenido nunca por nadie. Ella estaba convencida que se casaría con él. Cosa evidentemente que nunca sucedió, porque no creo que lo haya conocido en persona. Era pura fantasía de “Cholula”, como se decía en mi época. (Si ves el link del inicio del post, ves el vídeo de la canción y el público, y me entenderás lo que cuento.)

Las cosas de la vida, ahora me gusta Sandro, como Tom Jones que era la misma situación. Era un escándalo que le gustara a una joven de 20 años en la sociedad que me tocó vivir. Ahora tengo los grandes éxitos de Sandro, en casa que compré cuando falleció y me encantaría ver un concierto en directo de Tom Jones.  Los gustos cambian, menos mal sino me los hubiera perdido de conocer sus músicas.

Lo que me pasa, es que sigo sonriendo escribiendo esto, porque pienso… como cambiamos en la vida, no solo los gustos sino como personas. Por suerte, evolucionamos de las tonterías enconcertadas que nos querían imponer hace años. Que en mi caso fueron muchas.

Que tenía que hacer esto, hacer lo otro, vestirme así, maquillarme o vestirme asa. Cuantas imposiciones sociales tenía que cumplir. No he soportado las normas y por suerte ahora tampoco. Será por eso que en cuanto pude me salí corriendo y haciendo lo que me diera la gana.

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