La vida que tengo o la que necesito

Hoy miraba un vídeo de esos que no dicen nada de Hola, pero que me ha hecho pensar. Era la reina Isabel II de Inglaterra a los 95 años, conduciendo su Land Rover para ir un evento de caballos que va siempre.

Era curioso, porque uno asocia edad a poder hacer o no hacer. Bueno, la sociedad que vivimos. Pero parece que la señora no tiene problemas en hacer lo que le apetece. Evidentemente no creo que lo haga todos los días, pero se ha dado el capricho de volver a conducir.

La explicación al hecho de la revista, como siempre manida y tonta, porque se han  quedado desfasados, aunque uno siempre termina cayendo en verla, les maravillaba que “a su edad” siguiera conduciendo. Y resaltaba “la edad que se aparenta no es a veces la que se tiene”, o algo por el estilo.

Tengo que decir que también en el día a día del vivir es similar. La vida es la que se tiene y muchas veces no la que se quiere o puede tener. Extrapolando la idea de la edad que se aparenta y la que se tiene. Porque la vida no se aparenta, se tiene.

Cuántas veces escuchamos “quiero cambiar de vida”. Pero qué significa verdaderamente. Porque no lo hacemos. Diran los gurus del buen rollito, “no puedes cambiar de vida, sino alígeras la mochila emocional”. Puede que tengan razón, pero muchas veces es que tenemos una vida porque es la que hay y nos tocó, y otra la que de corazón necesitamos. Y no importa la llamada “mochila emocional”, porque es lo que hay.

Esto me hace pensar en la vida que tengo y la que verdaderamente necesito.

La que tengo ha evolucionado en el tiempo, y me he ido montando tiempos y situaciones que me han ayudado a tener una rutina más o menos acorde a lo que me apetece, sin muchos floripondios, pero que está bien. Como dato aportaré que he tenido suerte y me he montado el trabajo que me permite tener mucha libertad de horario.

Pero es verdaderamente la vida que necesito? O podría preguntarme “la vida que quiero” mejor? Qué cambiaría para lograrla?

Evidentemente si me sobrara el dinero sería más fácil cambiarla o no. Pero no todo es dinero tampoco. Escribiendo este post, me doy cuenta, que quizás con pequeños gestos que mejoren algunos aspectos, podría tenerla.  Porque no?

La que tengo me ha costado muchos años poder vivirla, mucho trabajo y esfuerzo, con una pizca de estar en el lugar que debía cuando debía y suerte. Algo de riesgo, tambíen, porque reconozco que he sido valiente o inconsciente, y me he metido en fregados que la han mejorado pero que eran un riesgo. Diría que no he tenido hasta ahora una vida conservadora.

Es la que verdaderamente necesito? Lo más probable que si. Porque uno ya tiene unas edades que piensa más en la jubilación que en otra cosa. Como la reina, si pudiera de vez en cuando hacer lo que me apetece aunque no sea convencional por la edad, me daría como satisfecha.

No pretendo hacer carrera, ya la hice y la tengo. No pretendo “logros”, porque los que necesitaba ya los logre, y nuevos ni me los planteo. No pretendo hacerme rica, porque a no ser que tenga un golpe de suerte con la lotería, no tengo medios ni herencias familiares para lograrlo. No pretendo ni ser más guapa, ni más alta, ni más hermosa, porque a la edad que tengo es lo que hay y me acepto tal cual. (Como nota a esto, podría pretender bajar unos kilos pero no para que me vean mejor sino para sentirme mejor.) No pretendo ser lo que no soy, porque como se dice “soy lo que soy”, en lo bueno y en lo malo, le guste a quien le guste.  Más claro agua.

Entonces, llegados a este punto, tengo la vida que necesito o no? Yo creo que si.

Aunque para no dejar de lado mi búsqueda constante en la vida, que cuando me aburro empiezo a ver posibilidades de cambio de trabajo, o de casa, o de lo que sea. Siempre he tenido esta costumbre. Soy de los que piensan “siempre se puede estar mejor”. Seguiré pensando en cambios en aplicar a mi vida. 

Sino como me divierto y supero la rutina impuesta por las obligaciones. Doy gracias por poder hacerlo y no tener impedimentos físicos o emocionales. Los otros se superan con trabajo, esfuerzo, ganas y un toque de buena suerte. Aunque ésta muchas veces es esquiva. Pero que la esperanza en lograr cambios no quede.

Espero como la reina que si llego a los 95 tenga la vida que quiero.

 

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