¿Gente normal o dioses?

El año pasado cuando hubo una inundación en Manacor, en Mallorca, saltó la noticia que Rafa Nadal, estaba con los vecinos ayudando y limpiando desinteresadamente como muchos otros no conocidos. Evidentemente, solo se hablaba de él, como sino fuera una persona normal.

Ha pasado un año, las cosas que pensé en ese momento, se han vuelto a repetir.

Esta vez, lamentablemente un incendio en Ávila, junto al pueblo de la familia de Iker Casilla, muestran a él ayudando a los demás vecinos a luchar para que el fuego no llegara al pueblo. También, como si no fuera una persona normal, sino un dios o super héroe.

Vuelvo a preguntarme? porque son excepcionales sus ayudas?. Que evidentemente aplaudo, otros ni eso. Pero porque tienen que ser noticias, si son tíos normales que ayudan en su tierra como otros anónimos.

El punto de este tema, es que la sociedad los ve o los muestra como si fueran excepcionales más allá de sus logros personales. En sus profesiones lo son, sus triunfos lo demuestran, con esfuerzo y sacrificio, han destacado cada uno en lo suyo. Otros lo intentan pero no lo logran. Pero por eso tienen que ser “héroes”.

Pero como decía alguien, “también le huelen los pies“. Aunque yo sería más escatológica, pero lo dejaremos ahí.

Admiro que se involucren en los problemas y urgencias de sus pueblos, sé que hacen o ayudan en otras muchas cosas, pero para mí son gente normal que hacen lo que deben hacer.

La pregunta que me hago es ¿Por qué esta sociedad “idolatra” a los que destacan?. Es como se dice en Argentina “un claro ejemplo de cholulismo enfermizo”. Quizás el verdadero problema es que ese “cholulismo” se aplica también a otros conocidos más cuestionable, que mis ejemplos. 

Sinceramente, me aburre. Esta “idolatría” para mi barata y sin sentido cansa bastante. 

El “valor” de la gente se demuestra con sus hechos y actos, como los ejemplos que he dado. Lo aplaudo, pero son gente normal que destaca, y que también hace cosas de gente como tu o como yo. Ahí se termina el tema.

Debemos también aplaudir, con el mismo ímpetu, a esos anónimos que ayudaban en las mismas tareas. Lamentablemente eso no se hace.

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