Aprender a vivir el vacío

Ayer hice algo que no suelo hacer. Estuve en un taller de terapia a través del arte para mujeres sin hijos. Nos anotamos con una amiga para conocer un sitio nuevo que tenemos en el barrio, sin saber muy bien que era o mejor dicho, sin tener ni idea que era. Este sitio se ha abierto este mes, y han hecho diversas actividades gratuitas para que se los conociera y como primer contacto.

Nosotras nos interesamos por esta. Porque el arte terapia es interesante, y como no tenemos niños, entrabamos en el target del evento. A ver que salía de eso. Por curiosidad.

Ha sido una experiencia como poco enriquecedora y distinta, que me ha dejado pensando en varias cosas. Que es lo bueno cuando uno hace algo distinto a lo que está acostumbrado, como poco que te sorprenda y te haga pensar.

En la presentación de cada una de las asistentes, me di cuenta que los motivos de estar ahí eran variados, pero en todos los casos sean por el tema que sea, la mayoría teníamos un bloqueo emocional o personal. Es verdad, que a través del arte o el compartirlo, uno lo cuenta y las cosas a veces se clarifican algo.

En mi caso me hizo pensar en dos cosas. 

La primera en “cuando es el momento preciso para ir a obtener lo que uno quiere.” Esto es algo que llevo muchos años hablando en este blog, y que ayer volví a comprobar. Las generaciones más jóvenes, le dan muchas vueltas a las cosas y racionalizan tanto los temas buscando el momento preciso, que produce ansiedad, frustración y desasosiego como poco. En mi caso no estoy acostumbrada a planificar mi vida a futuro. He ido viviendo lo que venía. Porque cuando lo he hecho y he intentado focalizarme por conseguir lo que quería sea lo que sea, ha aparecido lo contrario que posiblemente ha sido mejor, y me ha convencido que mejor no planificar. Que la vida ya se encargará de dar lo que sea, y que seguro no era lo pensado. Para lo bueno y lo malo.

La segunda, es como afrontamos la soledad o el vacío como lo llamaron. Pues si. El mal del siglo XXI.

La soledad es puñetera y con los años se acrecienta. Si has formado tu propia familia con hijos, estos crecen y se van a hacer su vida, dejándote sola. Si no la has formado, con los años, pasa algo parecido con los amigos y familia. En ambos casos, la edad es la que te hace vivir más en soledad.

A mí no me gusta la soledad pero es lo que toca, y luego del confinamiento se ha acrecentado. Porque si uno ya vive solo, pasar encerrados esos meses, la ha incrementado. Cuesta recuperarse porque uno se ha hecho más ermitaño.

Pero el verdadero problema  es que no sabemos cómo vivir esa soledad con nosotros mismos. Alguna vez escuche “siempre estoy con mucha gente pero me siento solo“. Pues sí.

Lo primero que tendríamos que hacer es aprender a vivir en soledad, con nosotros mismos. A ocupar nuestro tiempo, en escucharnos, en sentirnos bien con un libro y con el silencio. Que esto no nos cause ansiedad. Sino a disfrutar de esos momentos. A disfrutar de nuestra vida.

Como todo, empieza por nosotros. Una vez que lo logremos, podemos expandir esa sensación, y aunque estemos solos por las circunstancias, nos acompañaremos a nosotros mismos en esas soledad.

Yo sé que es difícil, y la muchas personas entienden que no estar con otros, es estar solos. Pero cuando encuentras serenidad y tranquilidad en tu propio espacio, ya sea escuchando música, leyendo un libro, o simplemente disfrutando sin hacer nada, es cuando aprendes a vivir el vacío, como decían ayer.

Como todo en la vida, sino estamos bien con nosotros mismos no podemos estar bien con nadie. Sino “aprendemos a vivir en el vacío”, nos  sentiremos mal siempre.

Cuesta pero se puede. Yo lo intento día a día.

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2 comentarios en «Aprender a vivir el vacío»

  1. Querida Lucrecia:
    Ahora que encuentro un momento, busco tu blog y aquí te encuentro, reflexionando sobre el vacío y, desde luego, eso ya es una manera de habitarlo.
    Mucho gusto conoceros en el taller y te seguiré leyendo.
    Pilar

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