La ansiedad, esa presencia no invitada a la fiesta de la vida

Muchas cosas han quedado en esta época de “post-pandemia”.  Una que parece que es bastante general es “la ansiedad” aunque nunca fue invitada a la fiesta. Porque nuestra vida en este momento es una verdadera “fiesta” de emociones y divergencias, líos y conflictos, etc, etc.

Y claro, en una “fiesta” siempre aparece alguien que no fue invitado, sino no seria una verdadera “fiesta”. En este caso es “la ansiedad”.

A veces es una presencia desapercibida, pero si las cosas de la “fiesta” se complican, aparece y te aprisiona el espacio entre tu esternón y el pecho. En mi caso es así, me imagino que cada uno la sentirá a su  manera.

Pues mi “fiesta” actual esta convulsa, no por nada en especial, sino por todo. Así que la no invitada aparece casi a diario. Lo bueno de todo esto, es que ya aprendí a reconocerla y pongo los medios para que no avance más. 

(suspiro)

Aunque me cuesta, vaya sino. El principal problema que se me presenta es que todo al rededor me abruma, me supera, hasta las pequeñas cosas. Me inmoviliza su presencia.  Así que he encontrado la manera de que no destaque. No solo aprender a respirar para que desaparezca, como decía una médica el año pasado, que hiciera yoga como solución al destrozo que hacia en mi vida la bendita ansiedad. Hago las cosas paso a paso, o lo intento.

Lo bueno de “la no invitada a la fiesta de la vida, de la que estamos hablando, no me ha dado tan fuerte como para provocarme lo que a otros, un ataque. Hoy casualmente en El País, habla que el 30% de la población sufre ataques de ella. Pongo el link aqui para que lo lean, es interesante saber como es y lo que pasa.

Ahora tengo que cumplir con un plazo de trabajo importante, así que como se que me acecha, pillo papel y lápiz, hago listas interminables de lo que tengo que solucionar o tratar, y paso a paso, punto a punto, aunque entre ellos pare y respire voy cumpliéndolos u organizándolos.

Aunque la siento en mi nuca minuto a minuto. Acechando a atacar. Menuda mierda.

Lo que me consuela es que cuando termine con este trabajo, y cumpla, que el problema que me agobia es ese, cumplir, tendré el fin de año libre y le daré vacaciones a la jodida “ansiedad” de mi vida por unas semanas.

Hasta que la “fiesta” vuelva a torcerse y ella, la no invitada, vuelva a hacer acto de presencia. Porque si algo le gusta, es pavonearse como la más bella de la “fiesta” aunque no haya sido invitada.

 

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