Pensar solo en nosotros mismo o que?

Hoy leía el extracto de un libro de próxima aparición, ‘Un verdor terrible’, de Benjamin Labatut  y me he quedado en shock, por lo que describe y como. Independientemente del tema, me he quedado pensando, cómo a veces lo que creemos hacer correcto en la vida, y eso mismo se puede volver contra nosotros.

En el caso de la persona que habla el libro, científico de origen judío, que creó la guerra química” en la primera Guerra Mundial para los alemanes, y como por su origen luego tuvo que salir huyendo, pero que parte de su familia murió por su propia creación. Ironías del destino.

No voy a hablar de eso, porque es historia real, sino como decía, sobre que a veces lo que creemos que lo que hacemos o desarrollamos para el bien común o social, se vuelve en nuestra contra, por la misma naturaleza de lo que creamos. Es un ejemplo aterrador.

Cuánta gente está en estos momento en el mundo, creando máquinas que hacen o harán nuestro trabajo, inteligencias artificiales para que sean como nosotros, etc, etc. La tecnología avanza imparable, y me parece fenomenal. Pero dónde está el límite ético de lo que se desarrolla que no se vuelva en contra de nosotros mismos o sus creadores ¿Quién controla este punto? ¿Existe algún organismo de ética social? Creo que no.

Hemos llegado a un punto, donde la sociedad pide a cada individuo lo que se está poniendo de moda en llamar “declaración responsable”.

Pero sinceramente, la sociedad está capacitada para ser “responsable” de todo lo que hace por el bien común. No lo creo. No veo que la responsabilidad y la ética vayan de la mano con el ser humano actual.

(suspiro)

Un ejemplo es la pandemia y su expansión. Vemos que en muchos aspectos su expansión, está motivada por esa “falta de responsabilidad individual sobre la social.” en cuanto al comportamiento de las personas en la vida diaria. ¿Seremos conscientes que estos comportamientos nos está perjudicarnos?

Mucha gente no se dá cuenta de ello. Y aterra. Os lo puedo asegurar. Y los que se dan cuenta, no me extraña que tenga miedo de salir a la calle. Es tal la incertidumbre que nos golpea a todos, que se fomenta esa “responsabilidad individual” a tal nivel, que aparecerá algún “espabilado” a poner restricciones “autoritarias” para crear sociedades donde perdamos derechos y libertades.

El equilibrio de lo individual sobre lo social, se está perdiendo en vez de fomentarlo. Generando un caldo de cultivo, de desarrollo incierto que no ayuda a que estemos centrados y tranquilos, con lo que está pasando.

No vaya a ser, que como el personaje del libro que empezaba este post, su propio trabajo se volviera en su contra, y así nuestras vidas se conviertan en lo contrario a lo que deberían ser por las circunstancias, aún más si cabe.

Esto no es pobreza, esto va más alla

Mañana damos en Madrid, otro paso para adelante, a lo que se llama “nueva normalidad”, pasamos a fase 1. Y todos están expectantes. Unos porque tienen unas ganas locas de hacer más cosas en la calle, luego de más de 60 días confinados. Otros porque sienten, que la gente está temeraria, y que habrá un rebrote del virus porque esto no ha pasado aun. 

Yo me encuentro en el medio de ambos.

Me siento en el medio, porque quiero salir y hacer más cosas, sobre todo ir a un museo o encontrarme con alguien. Pero a la vez, tengo miedo o falta de perspectiva de lo que puede pasar, si esto se vuelve a desbocar.

Que nos tenemos que acostumbrar que muchas cosas no volverán a ser como eran, es algo que se cae de maduro, por mucho tiempo aunque haya personas alrededor que siguen pensando que no va a ser así.

Lo que sí, me encantaría saber a qué llaman “nueva normalidad”. Nueva normalidad, por la distancia de seguridad, o por usar mascarillas o porque?. 

Estoy convencida que el ser humano tiene  la habilidad de acostumbrarse a distintas realidades según caigan en su vida. Y esta vez no será distinta. Nos acostumbraremos, como lo hemos hecho hasta hoy a estar encerrados más de 2 meses, a teletrabajar, a vivir niños, padres y abuelos, en la misma casa y al mismo tiempo, como si estuvieran de vacaciones de verano, etc, etc. Nos acostumbramos a todo lo que nos pongan por delante. Con mayor o menor resultado , pero al final lo haremos. 

Lo que sí tengo claro, es que nadie sabe cómo será esa "nueva normalidad", y teorizar sobre ella, me parece una reverenda tontería. @lucreziarrias Clic para tuitear

Cuánta cháchara he escuchado últimamente, sobre todo. Cuanta falta de empatía he visto en los distintos colectivos, como si fueran el ombligo del mundo y lo único que importaran fueran ellos  y sus problemas. Como si todos los demás no tuviéramos la misma situación. Cuanta queja he escuchado a diario, eso sí, catastrofista a más no poder, solo para ellos.

Lo que no he escuchado, o lo he hecho poco, ha sido esa gente que el primer mes de cuarentena ha aguantado porque tenía aún algo de dinero, no mucho pero tenía, pero el segundo mes ya no pudo. Sin siquiera tener para comer. De llegar a perder su casa, su trabajo y tener que pedir caridad. 

Que me importa a mí, si los ingleses o alemanes vienen en verano. Que me importa a mí, si un restaurante de moda puede abrir la mitad de su aforo. Que me importa a mí,  sí abrirán las piscina o podre ir con los amigos a tomar algo.. etc, etc. Si yo he tenido recursos para pasar esto, ellos tendrán más, seguro.

Lo que sí me importa, escuchar a esa señora con dos hijos, la cual se ha hecho cargo Cáritas, porque ella no podía más y no tiene ni siquiera esos 40€  que cuesta una conexión a internet, para que sus dos hijos puedan seguir la escuela y no se queden rezagados. Eso sí me importa y mucho.

Puede parecer una frivolidad que me importen que no tengan para internet, pero no lo es. Porque si lo piensas, y esos niños no pueden seguir la escuela, a futuro se descolgarán del sistema, sin educación o rezagados de oportunidades de salir adelante cuando sean mayores.

Esos si, gracias que vivimos donde hay instituciones como Cáritas, o los grupos de ciudadanos que se han organizado con comedores o el banco de alimentos donde se dan ayuda a gente que antes no lo necesitaba. Porque antes de esto, tenían trabajos, malos pero  podían vivir, con lo justo.

Entonces, sinceramente, que me importa a mí las vacaciones, o las terrazas, o los restaurantes, si hay gente que no tiene para comer o para estudiar. 

Alguien pensará, porque lo he escuchado, “siempre ha habido pobres”. Pues sí, siempre los ha habido, pero esto no es pobreza, esto va más allá. Porque hay gente que lo ha perdido todo, y le da mucha pero que mucha “vergüenza”, tener que pedir. 

Cada cosa en su justo momento. Ya habrá tiempo que nos importe si hay turismo internacional o si podemos ir a un restaurante abierto en su totalidad, o lo que sea. Ahora toca otra cosa, y paso a paso. 

Así que a ti, te digo.

Vive, ama pero también ponte en su lugar, por una vez. Ayuda como puedas. Devuelve un poco de lo que tienes a los que no, de la manera que puedas dentro de tus posibilidades. Empatiza. No acumules más Karma con la indiferencia. Porque hoy no te toco a ti, pero puede que si hay un rebrote de la pandemia, no tengas tanta suerte. Porque esto, no es pobreza, esto va más allá

imagen Crédits : Mohanad Shuraideh
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Hay lugares en el mundo…

Hay lugares en el mundo, que me gustaría volver a ver. Muchos. Algunos que ya conozco y otros que solo en mi imaginación por la infinidad de fotos que he visto por ahí.

Tengo ganas de viajar. Y se que cuando esto pase, digo la pandemia, porque pasará de una manera u otra, volveré a viajar.

Evidentemente no en una Vespa, sino en cualquier medio de transporte que me lleve lejos,  a sitios donde se hable otro idioma. Seguir leyendo «Hay lugares en el mundo…»

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La chica de los mil nombres

Esa soy yo. Eso me llamaba mi padre cuando escuchaba que alguien ya me había vuelto a cambiar el nombre.

Yo me llamo como me llamo María Lucrecia por culpa de mi abuela materna. Soy la menor, luego de tres hermanos varones. Mi madre fue la primera que se casó en su familia, por lo tanto somos los primeros nietos, los cuatro. El quinto, me sigue a mi por dos meses, y es un primo.
Por lo tanto cuando nació mi hermano más grande, fue una sorpresa porque siempre mi madre quiso una niña. Le iban a llamar María Rosa como ella, pero al ser varón le llamaron como mi padre.

Al segundo, más de lo mismo. Antes no existían las ecografías que te daban el sexo del bebe como ahora. Solo había una luz roja o azul en la puerta de la sala de parto, que según el sexo, anunciaban al padre que también se quedaba afuera, no entraban. Otra época.
Pues lo mismo, el segundo se iba a llamar María Lucrecia, y nació varón. Con el tercero, igual. Para él habían elegido María Claudia, y se llama Roberto. Nada que ver.

Pues conmigo ya habían tirado la toalla de tener una niña y eligieron Martín Andrés. Mi padre siempre me contaba que el médico era amigo de él, y como yo nací casi al amanecer, entre que mi madre casi no llegaba a la sala de parto y por poco me tenía en el pasillo, que era verano y la clínica estaba cerrada a la hora que ellos fueron que tuvo que ir a buscar al médico a su casa de la otra manzana porque aun no había llegado, le sonó a broma cuando se encendió la luz roja de la puerta. Pensó que le estaba tomando el pelo su amigo.

Ojo, para el que piense que estoy de coña o que es una historia tipo Macondo, pues diré que con los años que tengo yo, no es de extrañar que estas cosas pasaran.

A lo que iba.

Pensó que era una broma, que solo comprobó que no cuando me vio. Pero el nombre Martín no me pegaba con lacitos rosas. Martina en esa época no era un nombre que se pusiera a una chica. Menos mal que mi super abuela Rosa, que yo adoraba se apiado de mi y dijo “pues maría Lucrecia le pega”. Porque cualquiera de los otros me daba algo si lo usaban. Este me gusta, sobre todo cuando me llaman “lukre”.

Pero por cosas de la vida, mientras vivía en Argentina nadie usaba mi nombre. Nunca he sabido porque. Quizás porque Lucrecia no era común. Por ej recuerdo que cuando entre en el colegio de monjas, una compañera que también se llamaba así de segundo nombre, le decía a otra “ves que lucrecia existe“. No le creían que existiera de nombre.
En fin, cosas extrañas.

Como contaba, nunca me llamaban con el nombre real. Mi padre me llamaba “Ne” o “pichón de mono”. No pregunten porque, porque eso es otra historia. Mi madre “mari o Marilú”. Este segundo porque un año me regalaron una muñeca Marilú y resultó que la muñeca era más alta que yo, así que decían “pero si parece la marilú“. Ahí me quedo. El 90% de la gente me llamaba así, allí. Yo siempre lo odie.

Bueno me han llamado maluli, marucha, maria, etc, etc. Según quien ha dado vía suelta a su creatividad sobre mi nombre. Bueno me han llamado de otras maneras pero en la intimidad.

Cuando empecé a vivir aquí, en España, dije “esta es la mía” y use mi nombre verdadero “Lucre”. Hasta mis amigos de argentina cuando venía para aquí se acostumbraron a llamarme así, so pena de destierro. Bajo presión la gente acata las indirectas.

Dear lector, ¿te preguntarás pero a qué viene todo esto? Fácil.

Estos últimos años me he reencontrado con mis primas que no veía desde hace un montón, y por ej. en este viaje allí me encontré con una compañera de la facultad que ahora no escribimos mails bastante seguido, y me llama, obvio, Marilú.

Me choca que me llamen asi, aqui solo lo hace mi hermano el francés, aunque con el tiempo ya me llama como se debe. Hasta mi sobrino D, me dice Lucre. Aunque debo reconocer, que ya no me parece tan feo o me molesta menos a la distancia.

En un viaje a Venecia, hace unos años, me enteré que la primera mujer en terminar la facultad se llamaba Lucrezia, y cuando volví del viaje, pasé a llamarme así me sonaba divertido, cambiando el Lucrecia por Lucrezia con Z.

Pero todo esto ha vuelto a pasar. Y ahora vuelvo a ser simplemente Lucre, porque me gusta. Hoy me llamó por teléfono alguien que me llamo asi “Lucre”, y si, me gusta.

Pero advierto, sigue sin gustarme que me llamen Marilú. Lo perdono al que antes lo hacia, pero algún día no contestare a ese nombre.

Me encanta que me cuenten historias y a usted?

Llevo una temporada durmiendo fatal. Me acuesto super cansada, me duermo pero a las 2 horas me despierto desvelándose sin remedio. Con lo cual al otro día estoy muerta, pues como no me duermo nuevamente antes de las 4 o las 5 no hay manera de no sentirse cansada.

He probado con todo pero nada, imposible volver a conciliar el sueño. Espero que esta racha no dure mucho.

Bueno, una de esas noches esta semana fue peor, directamente no me dormí desde que me acosté. A las 2 horas intentando dormir, ya poniéndome histérica, pensé en usar mis trucos como el levantarme hacerme un té relax y ver la tele nocturna. A veces esto me funciona, es tan soporífera que me termina durmiendo.

Me acordé de un regalo que recibí el otro día, un libro con un cd. El libro aun no he comenzado a leerlo,  Me habían comentado que el cd eran cuentos que el autor relataba.

Lo puse, apague la luz y pensé “si le funciona a los niños porque no va a funcionar a mi”. A mis sobrinos les encantaba que les contaran cuentos antes de dormir. Cuando yo era pequeña también me gustaba.

Me acomode nuevamente en la cama, cerré los ojos y me deje seducir por el sueño y la voz del relato que era tranquila, pausada. Pues comenzó el relato, y me interesó tanto que al final me quedé atenta escuchando el final y no me dormí, siguiendo desvelada.

Esa noche casi no dormí, deje de ver la hora a las 4,30 hs. pero me di cuenta como me gusta que me cuente historias pequeñas.

Recordé un programa que estaba en en la radio hace un tiempo,  los domingos por la noche, y que perdí de vista. Donde la conductora relataba las historias que le mandaban los oyentes. Su voz sonaba impresionante por la radio, y las historias que escuche esos días eran entretenidas. Tengo presente de acostarme temprano los domingos por la noche para escuchar el programa.

Pensé en el oficio de moda del “cuentacuentos” y el oficio antiguo de los “abuelos” y sus historias. Mi abuela por ejemplo en verano nos juntaba en el patio trasero de su casa, bajo las estrellas, y nos contaba historias antes de dormir. Ella se mecía en su sillón hamaca y entre el ruidito de la madera al moverse y su voz, montaba unas aventuras que marcaron mi vida recordándoles aun.

Que te cuenten una buena historia creo que es más fascinante que leerla, y mira que me encanta leer. Es como si la historia cobrará vida. Me encanta.

 Por eso creo que están tan de moda los audio libros. Porque a los adultos nos encanta que nos lean en voz alta. 

Ahora que estamos todos en cuarentena por el virus, es una buena opción para niños y no tan niños. Contar historias. O escucharlas. La lectura en voz alta, o escuchar como otro lo hace, no se muy bien porqué, pero es hipnótico y nos calma. Y la opción de los audio libros, es lo más.

Tenlo en cuenta. A ti te gusta que te cuenten historias?? cuentame.

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Flores

Ayer iba caminando y me tope con un joven que llevaba un ramo de rosas rojas. Lo primero que pensé fue, para su novia o mujer. Pero no se porque se me vino a la cabeza una señora y pensé en su madre.

Pues no. Cuando llegamos a la esquina en el semáforo nos paramos a esperará el cambio de luz juntos, y no pude con mi genio. Directamente le pregunté, “para tu mujer? Pues no, eran para su novia por su cumpleaños. Sonreí y le dije “bonito regalo”. Y cada uno siguió a lo suyo.

Me quede pensando en que me encanta que me regalen flores, pero porque si y que llevo mucho tiempo que no lo hacen. Posiblemente porque es una costumbre que está en desuso. Es más me he dado cuenta, que como este año no festejé mi cumple, ni regalos he tenido.

El tema de recibir un ramo de flores porque si es algo que no se usa mucho por aquí, porque cada vez que veo a un hombre con un ramo de flores me llama la atención, signo de que muchas no se regalan.
Qué mejor que llegar a casa con una flor o varias para alguien.

Cuando vivía en Argentina, en primavera, era normal que en los muchos, porque mira que tiene mucho quioscos de flores que hay en las aceras de Buenos Aires, se llenaran de jazmines (aquí son gardenias) una de mis flores preferidas. Se venden en ramitos de tres o seis flores. Siempre tenía un ramito en mi dormitorio. Ya sea porque me las compraba yo o porque mi madre, que es otra enamorada de las flores me las regalaba.
Ahora cuando voy a visitarla, siempre que salgo por ahí le vengo con flores. No hay viaje que no continué la costumbre.

Pues desde que vivo en España, solo creo que me han regalado una orquídea una empresa para navidad y un ramo de rosas mi ex, cuando escucho un comentario como el de hoy, de que me gustan que me regalen flores.

Deberíamos imponer la costumbre de decir muchas cosas como “felicidades, te quiero, porque sí, etc etc” con una flor o varias. No solo el día de un aniversario, o el día de la madre, o lamentablemente el de los muertos porque se llevan al cementerio. Mejor en vida.

A mi particularmente, me parece un regalo fantástico no solo para una mujer, sino también para un hombre que tenga su propia casa, donde ponerlas. Aunque seguro si fuera un chico me decantaría por una linda planta.

A ti, ¿te gusta que te regalen flores? ¿cuándo y porqué? Cuentame.

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Abril en París

El título de este post, podría hacerte pensar de un abril romántico en París, donde los parques reverdecen del invierno crudo para dejar paso a una primavera en París.
(Suspiro) París, París. Como me gusta París.

También podría parecer el título de una canción cantada por Edith Piaf que canta con voz ronca en un tugurio de Montparnasse.
(Suspiro 2) Paris, Paris, como me gusta París.

A lo que iba.

Pues “abril en París”, no es ni una cosa ni la otra, sino el nombre que han puesto a una evolución del famoso Kir Royal que se toma en Francia.

El Kir básico es vino blanco con un chorro de Licor de Cassis. Luego está el Kir Royal que es cava o en su caso si estas en Paris, champagne con licor de cassis.
Ahora han inventado el “abril en París” que es champagne, licor de casis y licor de melocotón.

La primera vez que le tome, fue en París obvio, como aperitivo antes de almorzar en unos de mis numerosos viajes. Desde ese momento si estoy ahí de aperitivo siempre le tomó.

Me traje una botella de Casis en uno de mis primeros viajes hace años, porque antes aquí no se conseguía, ahora con la globalización hay de todo. Lo que decía me traje una botella y lo institucionalice en las casas de los amigos. Es más, para reyes este año que nos juntamos por el amigo invisible, tomamos Kir Royale.

Todo lo bueno se pega.
Pues espero que también se les pegue “abril en París”. Me ha gustado mucho. Y su nombre me ha parecido como muy “romántico”? sería la palabra. Pues no tengo ni idea, me ha gustado de eso si me acuerdo.
Cheers.

No es lo mismo levantarse para sobrevivir que levantarse para vivir

Esta frase “No es lo mismo levantarse para sobrevivir que levantarse para vivir” se la escuchaba a Antonio Orozco en un programa hablando de un tema musical de él, que habla de las personas con enfermedades graves. Y como con su lucha, son su héroes.

Pero si lo piensas, es una frase que dice tanto en un puñado de palabras, que se puede aplicar a muchos. Hay tanta gente que se levanta de la cama solo para “sobrevivir” al día a día que tiene que enfrentar. Mucha que solo “sobrevive”.

Cual es la diferencia entre “vivir” y “sobrevivir“? te lo has planteado alguna vez?. Y no hablo de la gente que está pasando por una situación extrema, como se refirió Orozco, sino cualquiera de nosotros con una vida estándar por decir algo.

Para mi, que me considero más que estándar, o sea del montón como la mayoría de seres humanos según la teoría generacional de los mil, que no viene al caso ahora. Posiblemente la mayor diferencia en estos dos conceptos extremos se centra en que “vivires aprovechar la vida y las oportunidades que nos da, y “sobrevivires hacer lo que se puede con lo que se tiene o lo que la vida te ofrece en un determinado momento, sea lo que sea.

Es una fina línea la que separa los dos extremos, y muchas veces la saltamos sin darnos cuentas si estamos en un lado u otro. Porque no nos detenemos a ver si aprovechamos lo que tenemos alrededor, o hacemos lo que podemos.

Lamentablemente, la mayoría del tiempo y las circunstancias, el ser humano hace “lo que puede”, porque la vida es lo suficientemente  compleja y exigente, que por más que se quiera aprovechar lo que nos da, casi siempre es imposible llegar a ello.

Yo lo he comprobado.

Cada vez que he intentado organizar algo para conseguir eso que la “vida” me está brindando o yo creo, ella misma se ocupa de retirarme la idea a fuerza de shock. Lo mejor es dejarse llevar como diría alguien. La planificación para ese “vivir“, con el mundo actual es muy pero que muy difícil de llevar a cabo.

Me pregunto entonces… el dejarse llevar essobrevivir“?

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Ser Arquitecto

Esta semana se conmemora el día del Arquitecto y de la arquitectura. Y he estado pensando porque soy arquitecto.

Primero recordaba que cuando vine a vivir a España, mi título decía “arquitecta”, en femenino. Pero aquí no existía y no sé si ahora, el título en femenino. Me divertía decir “soy un arquitecto”, como formalidad.

Como ya tengo muchos años en esto, (no diré cuantos, porque una señora no lo hace) al comenzar a trabajar en Madrid, el trabajo del arquitecto estaba pautado por baremos obligatorios, a un tipo de trabajo, un costo.

Esto llamó mucho mi atención también, porque al cliente le daba lo mismo a quien contrataba, pagaría igual por el trabajo encargado a uno u otro. El arquitecto no importaba si era bueno o malo en su profesión, solo si era un buen comercial para atraer clientes a su estudio. Esto me llevó a conocer “arquitectos malísimos“, y estaban llenos de trabajo. En algún momento eso se liberalizó, y empezó la competencia. Menos mal.

Pero estos son solo recuerdos o anécdotas.  En realidad ¿sé porque soy arquitecto?

Estudié arquitectura porque mi madre no me dejaba hacer bellas artes. Para que se callara, me decante en esta carrera. En una familia de números, la pequeña le sale arquitecto. Lo vieron bastante alocado.

Carrera, en esa época, casi en su totalidad “masculina”. A las mujeres se las conocía por ser arquitectas  pero “la mujer de…“, quizás otro arquitecto. Sino pasaban totalmente desapercibidas.

Muchos en mi familia pensaron que en mi primer año, me casaría y dejaría la carrera. “Hombres de poca fé.”

Pero ¿fue vocación o pataleta? En realidad no tengo ni idea. Qué es tener vocación, quizás debería ser esa la pregunta.

Me ha venido bien, porque me ha servido de medio de vida, pero ¿me gusta?

Más que gustarme me divierte y mucho. Aún hoy. Creo que por eso me ha resultado bastante fácil hacer la carrera en los reglamentarios seis años que duraba en mi época, y trabajar por 36 años en este campo. Porque siempre me ha divertido mucho ser arquitecto, pensar una casa, o una reforma, elegir las cosas, diseñar espacios. Trastear con papeles de calco, con el lápiz gordo. Porque como estudié con “rotring”, lo mio es el mano alzada.

Me divierte mucho, me entretiene. ¿Eso es vocación? Posiblemente es un buen motivo, no se si calificarlo vocación. Pero un excelente motivo, si.

Me gusta ver proyectos y arquitectura, pero no tengo la neura de varios colegas de mi generación que están todo el día hablando de arquitectura, leen sobre arquitectura, y se levantan,  se acuestan pensando arquitectura.

Me gusta la arquitectura, porque la disfruto y me da gusto hacerla, pensarla. Es como ir a ver una exposición de pintura. Cuando salgo de una que  me gusto, tengo ganas de volver a ponerme a pintar. Cuando hago arquitectura, o veo buena arquitectura, (porque creo que diseñar es un oficio, por eso digo “hago”), me dan ganas de hacer más.

Al final me he dedicado a un campo “multidisciplinar”, porque llevar una obra es ser arquitecto, constructor, ingeniero, y algo de psicólogo resolviendo “problemas personales de los gremios”, pues siempre te cuentan sus “dramas”. Al ser mujer, se abren más. 

Lo que sé, es que nunca es aburrido. Me divierte también, ver cómo otros colegas resuelven sus espacios, forma y colores. Los años me han desarrollado un ojo bastante crítico para ver lo bueno y lo malo de un proyecto. No le tengo que dar muchas vueltas, aparece a la primera. 

Es como las reformas o el asesoramiento técnico, de mi campo actual de trabajo. En cuanto entro a la vivienda, ya sé lo que haría, lo que cambiaría, lo que va a funcionar o no. 

Unos lo llamarán “oficio”. Yo lo llamo “experiencia”.  Aunque lo bonito sería definirme como que he desarrollado un “oficio”, el de “arquitecto”, con ganas, diversión y algo de profesionalidad. 

Eso sí, cuando salí de la facultad, siempre decía “iré a la obra en un Porsche descapotable“. Pero no, voy en un citroen C3 de la gama estándar.

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Aquí no hay que preguntar o si?

Aquí no hay que preguntar” (hier ist kein Warum) porque no hay respuestas que dar, ya que esto no tiene sentido.

Esta expresión en alemán, se usaba mucho para los campos de concentración. Nadie preguntaba nada, pero sabia que pasaba.

Son tantas las cosas que pasan hoy en día en el mundo, que esta expresión está mas actual que nunca. Cuantas cosas no tienen sentido, pero las aceptamos y no, nos rebelamos contra ellas. Es más, mantenemos bastante silencio sobre los temas.

Negar o callarse de las cosas que pasan en el mundo y nuestra realidad, es ser cómplice de lo que no esta bien. Clic para tuitear

Un ejemplo, lo de los refugiados en Europa. O los bloqueos de los políticos sin pensar en la gente, o deshacer lo que han hecho otros, por despecho, etc. etc. Todo el mundo se horroriza, sabe lo que esta pasando pero hay una neblina que no disipa nada, y todo sigue igual. 
Evidentemente no voy a gritar “a las barricadas”. Porque la violencia o pelea no lleva a nada.

Pero no te parece que el mundo está demasiado “quieto”, con las barbaridades que pasan? Aceptamos lo inaceptable, tragando lo que sea sin chistar.

Y me he dado cuenta, que lo que me produce “ansiedad” es eso, la inacción generalizada. Me rebela. Y recuerda a ese discurso de Martin Niemöller , que decía….
“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”

Así que mi consejo de hoy es…

Vive, ama y exprésate contra lo que consideras que esta mal. Sino, con tu silencio, propicias que esas cosas sigan sucediendo. No seas cómplice. O “pasivo consciente” y voluntario de los que nos quieren imponer lo que no esta bien, no es correcto o es negacionista cuando las evidencias están ante tus narices, como lo del cambio climático.

 imagen de @ JASON WEINGART, CAZADOR DE TORMENTAS  
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