Si te preguntan como estas, tu que contestas?

Si te preguntan como estas? Tú que contestas? Cada vez que lo hacen conmigo reflexiono sobre ello, o casi.

Primero porque no os dais, posiblemente, cuenta que cada día se pregunta menos eso “como estas”. En el sentido de que tal te va la vida, que tal te sientes, etc. La vida moderna y sobre todo, la locura de este momento, nos ha llevado a que solo se diga “hola”. Ya sabemos que todos estamos más o menos,  por un tema o por otro. Cada uno es un mundo.

Cuando alguien me pregunta eso, me quedo pensando. La respuesta al comentario es “bien”. Pero no por cumplir, sino porque es verdad.

Hace un tiempo veía en links antiguos del programa REDES,  una reflexión  “entre la juventud y la senectud“, donde hablan de la mediana edad. Sinceramente ha sido clarificante, porque me he sentido muy identificada. Posiblemente porque esta semana ha sido mi cumple y una ya tiene unas edades que para que contar. Os recomiendo verlo desde el link, vale la pena. 

Pero una de las cosas que dije “que verdad” es que cuando uno llega a estas edades, tiene las cosas claras, y no pelea con la vida en general. La sabiduría está en su punto álgido del desarrollo del ser humano. Uno se siente bien la mayoría de los días, porque se acepta como es, con sus defectos y virtudes. Ves la vida de otra manera.

Posiblemente depende de cada uno, nunca es bueno generalizar, lo sé. Pero también depende de algo día a día. De proponérselo y trabajarlo con uno mismo. Evidentemente hay gente que no acepta envejecer, y que los años pasen. Pero también es verdad que una persona de 60 y tantos, no es vieja como hace 100 años. La vida se percibe de manera distinta, y como muchos psicólogos dicen, los 60 ahora son los 50 de antes.

Esta edad, coincide con el la plenitud del aprendizaje del hombre. Ya no tenemos tanto estrés emocional, aceptamos las cosas como bastante mejor, y como yo digo, ya no nos comemos tanto el coco con las cosas. Se suele tener cierta “crisis” y empiezan las ganas de hacer lo que verdaderamente nos gustaría. Muchos quieren dejar el trabajo y hacer otra actividad. Uno sabe, que es ahora o nunca. 

Un ejemplo claro de la edad que tenemos, es la cantidad de gente que está mas preocupada por cuando te jubilas que de preguntarte como estas.

Tengo otras cosas, pero entre la plenitud que la edad te da y aceptar lo bueno y lo malo que tenemos, vivo relajada, y bien. ¿Feliz? pues no se, eso para otro post. Porque no lo voy a negar. Me río mucho más, ya no me enfado tanto aunque si me pasa con los que trabajan para mí, pero enseguida se me pasa. Pero sobre todo, voy a mi paso, tengo mucha libertad y se agradece hacer lo que a uno le plazca, como que cada día me importa nada el  “qué dirán . Creo que todo esto viene de aceptarse como somos, con luces y sombras, que las tenemos todos. Y yo ya me acepté hace mucho. Ahora lo disfruto.

Alguien me dijo hace un tiempo, con la edad que tenés, hazte la loca, y la gente no se meterá contigo. Te verán como una señora excéntrica, y listo. En su momento lo entendí, pero ahora lo veo claro. Quién quiere volver a tener 20? yo no. Prefiero seguir siendo la “señora de mediana edad, excéntrica que hace lo que se le viene en gana”. Sino gusta, pues ya saben, olvídenme. A esta altura me da igual. 

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Si muriera mañana… ¿Cómo lo harías?

Hoy  me llamó una amiga para quedar. Un té a media mañana, en horario laboral. Un encuentro sorpresivo y posible. Un encuentro que la charla ha llevado a darnos cuentas que es la vida que queremos tener. 

Por las circunstancias a veces hace que aunque uno quiera no pueda. Me doy cuenta que estos últimos años, de a poco, he ido construyendo la vida que quiero tener. La vida que me permite estos pequeños momentos inesperados aunque sorpresivos, valoro un montón. 

Lo que me lleva a reflexionar ¿es lo que quiero? Tener una vida, donde trabajo pero no con agobio. Donde me dedico a mis aficiones que son los libros y la pintura en el mucho tiempo libre que tengo. Donde voy al cine los martes a la tarde porque sale 2€ para los mayores de 65. Que aunque no los tengo aun, voy con una vecina que si, y me cuela, aunque no falta mucho para cumplir con la norma. Donde voy a ver alguna que otra exposición de pintura en los maravillosos museos o sitios de artes de esta ciudad. Donde voy a al gym, aunque no tanto como debería, pero eso se puede ajustar. Etc etc, etc,.

Pues si, es la vida que quiero. Ya no quiero peleas, complicaciones, largas charlas de comeduras de coco, obligaciones desmesuradas. El que dirán, las obligaciones familiares, etc, etc. Quiero tranquilidad, pausa, y pequeños momentos de gusto y placer como el cine, los libros, la pintura o los amigos aunque no superen los dedos de una mano. Eso es lo que quiero. Me siento afortunada poder tener la vida que tengo. Sin estridencias y posiblemente para muchos aburrida. Pero para mi no.

Este año he cerrado una etapa de mi vida en un viaje a la Argentina. Y he iniciado otra, la de la madurez. La que tengo es la que quiero tener y gracias que puedo.

Escuchaba en un audio libro al personaje decir “si muriera mañana, lo harías sabiendo que hiciste todo cuando pudiste para tener lo que querías? ¿morirías con la tranquilidad de que no podrías estar en un lugar mejor, con una compañía mejor? ¿o morirías con una cuenta pendiente?”

No moriría con cuentas pendientes. He tenido la vida que he tenido. Con claro oscuros como todos. Pero es la que tuve. He estudiado lo que he querido y eso me ha dado el medio de vida para tener una buena vida. He querido, no mucho todo hay que decirlo pero es lo que se presentó. He sido una buena hija, una buena hermana aunque ellos no lo han sabido valorar, he sido una buena amiga y lo mismo, algunos lo valoraron y otros muchos no. He sido lo que he podido, pero la sensación ha sido buena. No tengo de mi parte ninguna deuda pendiente. Si la tenia con el cierre de etapa de vida de septiembre, las he subsanado aunque sea de mi parte. ¿De ellos? que cada uno se haga cargo de lo suyo. Ya no le debo nada a nadie, ni material ni emocional. Tengo la conciencia super tranquila.

Hace mucho que no pienso que sentirán hacia mi los otros que me rodean o me han rodeado. Ni la familia ni los amigos. Antes tenia como una sensación de “culpa” porque debía ser mejor hacia ellos, era mi obligación esforzándome por cumplir con todos, pero ya no. 

En esta nueva etapa que he abierto quiero lo que tengo, tranquilidad. Pequeños momentos, pocas obligaciones y usar el tiempo para lo que lo hago, como decía antes.

¿Me importa lo que piensen hacia mi ahora? Para nada. Pueden decir o pensar lo que les venga en ganas. Ya no forman parte de mi vida.  Antes si me importaba y mucho. Pero me he dado cuenta que hiciera lo que hiciera, les daba igual, porque ellos tenían una idea y no la iban a cambiar por mi, ni me darían la oportunidad de cambiarla. ¿Les debo algo? para nada. Y quizás ellos si a mi. Pero no me importa. Ya no. 

Así que debo dar las Gracias, por la vida que me he construido y que he podido. Y si deseo algo es esperar que el tiempo me deje seguir teniendo. Porque eso ya no depende de mi en exclusividad sino de las circunstancia generales y particulares. Pero no me preocupa, aceptaré lo que llegue, eso si… intentando no perder lo que tengo que bastante me ha costado sobre todo emocionalmente, pero eso mejor para otro post.

Pd: Otra cosa, hoy 24 de noviembre es Santa Lucrecia, y solo hay dos amigos que todos los años se acuerdan. Aunque no lo festejo, me gusta que ellos me lo recuerden. Ahora lo sabéis vosotros, haréis algo? Corremos un tupido velo, como tantas cosas en mi vida. 

Imagen de portada, colage de Pinteres "behance.net"

 

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Pasar por un tres estrellas Michelin

Hace bastante tiempo reflexioné en este blog sobre algo y aun hoy sigo pensando lo mismo, “que el mundo no esta hecho para uno, sino que todo es para dos o más”. Te dejo el link por si lo quieres recordar porque es del 2014 y mucho ha pasado ya.

A lo que iba.

Sigo pensando lo mismo. Y en una experiencia que siempre quise tener  y esta última semana pude tenerla al fin, lo he vuelto a confirmar. He ido a almorzar a Atrio, un 3 estrellas Michelin en Cáceres.

Intenté ir con alguien, lo propuse al grupo que íbamos a dibujar, pero nadie se animó. Y eso que éramos mucho. Y como yo ya me he acostumbrado que si eres solo, y quieres hacer algo, mejor hazlo porque sino no nunca harías nada.

La experiencia ha sido gratificante. Por el edificio, la calidez del espacio, la atención del personal, de los propietarios tanto el chef como su socio, que vinieron a la mesa varias veces a explicarme el menú, o a ver que tal iba todo.

Y la comida por supuesto. Menú degustación de 7 platos, que cuando llegue al postre no pude con él. Eso si, me propusieron llevarlo a casa y me dejaron al final una pequeña bolsa con 6 cajitas, donde en cada una estaba parte del postre que no pude degustar. Brutal.

Un menú al rededor del cerdo ibérico. Increíble. Plato a plato se superaba.

He conocido casi todo el edificio. Me llevaron al llegar a visitar la famosa bodega de vinos, que por segundo año seguido es la mejor surtida de un restaurante del mundo.

Al irme, me ofrecieron conocer la cocina. Que como ya había terminado el servicio estaba ya limpia. Muy interesante.

Volviendo a que el mundo no esta hecho para uno. Tengo que decir que si bien, la experiencia fue fantástica y cumplió todas las expectativas y más. Me fui con la sensación de que los platos habían llegado muy rápidos unos con otros.

Evidentemente si tienes a 3 personas pendientes de tu bebida, de que hayas terminado tu plato para traerte el siguiente. Por más que comas despacio y disfrutes, te falta ese tiempo de charla, de compartir con otros que hace que las comida se alarguen y se separen los platos unos de otros. Haciendo que una comida se “sociabilice”, que no sea un acto mecánico solamente de comer. 

Me lo pasé fenomenal y lo recomiendo. No es prohibitivo, es como comprarte un bolso o unas Nike.  Pero me quedé con esa sensación que  al mundo no le gustan, ni esta echo para los “solos”.

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Torpe, eres un “torpe”

No sé si “Torpe” es una palabra con la suficiente contundencia para insultar a alguien, pero me gusta. Escuchaba a una señora que el otro día de la conjunción, lluvia-lunes-hora punta y accidente de camión, colapsó la M40 de Madrid, le hicieron una entrevista en la radio y dijo “con la lluvia, salen 4 torpes y la lían”. Me gustó. Yo hubiera sido menos educada. Y al final, la señora dijo lo mismo.

“Torpe” es una palabra de esas que suenan a antiguo, a rancio no? Ahora no decimos, eres un “Torpe”, sino eres un boludo los argentinos, o eres un gilipollas los españoles.

Pero porque no decir “eres un “Torpe””. Creo que aunque no tenga contundencia de insulto, puede tener un efecto des colocador en la otra persona. Quien se va a tomar como insulto “eres un “Torpe””. Es como ser políticamente correcto sin serlo.

AL final el verdadero significado de “Torpe” es= “ Se aplica a la persona que tiene poca habilidad o destreza para hacer una cosa”. Porque hay algunos que son torpes para todo no solo para las habilidades.

A veces yo he pensado que cuando me cabreo, porque le digo a alguien “idiota o tonto”, si lamentablemente muchas veces vemos gente que por problemas mentales se les puede llamar igual, y me siento mal conmigo misma por eso. Alguna vez me ha pasado.

Pero “Torpe” le viene al pelo. Todos somos torpes para algo o no?

Así que ya saben, en vez de decirle a alguien cabreado boludo o idiota o gilipollas, a usar “”Torpe””.

Quizás se te queden mirando sin saber que contestar, y tu tan ancho.

Y si agregas… “QUE TE VAYA BONITO”, es como si lo mandaras a la mierda… y tu tan ancho.

Ya sabes.. eres un torpe y que te vaya bonito…

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Si, nunca seré una princesa, gracias vida!!!

Este blog, como digo siempre, da para mucho con tantos años. Una vida casi de mayoría de edad. Releyendo post encontré este que me ha hecho reflexionar como ha cambiado o no mi vida desde su fecha de publicación, hace 7 años.

Como las novelas que están de moda ahora, que son series donde los personajes se repiten y cada libro de la saga muestra la vida de cada uno de esos personajes que aparecen en el primer libro, así a veces veo mis post. Aunque en mi caso, hay un único personaje y soy yo.

Porque evidentemente lo que pasaba hace 7 años ha evolucionado o no tanto como creía, por eso lo de mi reflexión.

El trabajo convulso que ocasionó el primer post, se calmó. Tengo que decir, que aunque hay que pelear día a día por el trabajo o conseguirlo para ser más precisos, el mayor orgullo que tengo de no ser una “princesa” es que con 32 años que llevo viviendo en un país lejano y sin red de seguridad, ha sido mi medio de vida.

Todo lo que he logrado ha sido por ese trabajo, que en mi época consideraban masculino y que nunca lo haría una princesa, la construcción. He tenido que tragar con bichos varios, con comentarios que ahora podrían ser censurables pero antes había que poner una sonrisa, aunque por dentro quisieras matar al gracioso.

Lo bueno es que en las nuevas generaciones, las mujeres, aunque cobren menos dentro del sector lamentablemente, son igualitarias en trabajo y se las respeta por eso. En mi caso, para solucionar este problema me busque la vida y soy el CEO de mi propio trabajo. Yo soy la jefa, por así decirlo. Y como todo en mi vida, busque una solución por mí misma, sin tener que depender de un hombre y ser una princesa.  Así la “brecha salarial”  la hacía desaparecer, y lo que consiguiera solo sería por mi propio esfuerzo sin importar el género. 

No me arrepiento, es más, creo que tengo la vida que siempre he buscado. Pausada, donde me encanta lo que hago, y la gente que colabora conmigo hace ya tanto tiempo, que encajamos en el engranaje laboral perfectamente. Y para más inri, me pagan por ello. Qué más puedo pedir? No soporto jefes, ni compañeros laborales pesados o lo que sea. Es lo perfecto.

Hace mucho en algún libro, creo que fue “El Elemento”, aconsejaba que debíamos encontrar ese elemento que hiciera que la vida sea buena para nosotros. O algo por el estilo. Yo no creo haberlo encontrado específicamente, porque posiblemente si bien es mi medio de vida la arquitectura, yo empecé en esto porque era lo que había, aunque luego me gustara. Pero debo reconocer que en casi 40 años que llevo en la profesión, me he montado mi sustento independiente, sin tener que depender de otros. Eso me hace feliz.

No hay nada más gratificante que eso. Porque si algo me ha repetido mi madre siempre, aunque ella quería que fuera maestra como ella, que el dinero mejor para una mujer era el que le daba su trabajo y su independencia. Lo demás era accesorio.

Esa independencia te hacia libre, aunque tuvieras una familia, que no tiene nada que ver una cosa con otra.  La no dependencia material de nadie te hace libre. Y si bien, hay subes y baja, porque siempre es más fácil tener red de seguridad al rededor, el darte cuenta que no eres una “princesa” sino una “guerrera de la vida”, es una maravilla.

Yo jugaba con la ropa de mi madre cuando era pequeña, pero no por parecer una princesa, sino para simular ser una cantante de ópera. Porque si, algo de diva si tengo. Pero nunca princesa. Gracias a Dios, aunque me guste el rosa. Todo tengo que decirlo.

 

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Si tienes hortensias, nunca te casarás

Esto escuche yo durante toda mi vida, “Si en una casa que existe una soltera, y tienen hortensias, nunca se casará”.  En realidad es una de las tantas leyendas o supersticiones que no tienes ni idea de dónde vienen, pero a mí siempre me han gustado, por eso será que nunca me he casado? Posible.

Yo me enamoré de las hortensias paseando en barco por el delta del Tigre al norte de Buenos Aires, cuando era pequeña, siempre lo recuerdo. Ver esas casas con jardines hasta la orilla del rio, y unas plantas de hortensias de todos colores en la sombra que daban los árboles del jardín en esas mañanas calurosas de verano, enamoraban a cualquiera.

Como yo tenía una madre, que como todos saben era una señora muy señorona, que le encantaban estas leyendas urbanas, nunca tuve una hortensia en mi casa. Hasta que pase de ella, viviendo tan lejos y ahora siempre en mi casa, se indica que es primavera porque yo me compro una hortensia. Aunque este año no he comprado ninguna.

Cuando veo una en el escaparate de mi florería preferida, pienso cuantas supersticiones tontas llevamos encima.

En el caso de las hortensias, en mi familia hay una historia, que dice “mi abuela Rosa, tenía en un patio interior donde solo daba el sol por las mañanas, unas plantas de hortensias impresionante”. Cosa que doy fe, porque las recuerdo como sus helechos.

En ese patio crecía cualquier cosa, un poco por el ambiente y otro por la mano de mi abuela. Sigo con la historia. Mi madre era la mayor y tenía otras dos hermanas. Ella y la siguiente se casaron, pero la pequeña no. Mi madre cada vez que iba a la casa de mi abuela por vacaciones, le decía, “mamá, tira las hortensias, sino no se casará nunca”. Evidentemente, mi abuela, sabia ella, pasaba y no le hacía caso. Así resulto que mi tía, la soltera por no llamarla solterona, como se decía en ese entonces, llego a más de los treinta y pico. En la época, que transcurre esta historia era algo impensable en una mujer, ahora es algo normal.

Pues en una de esas visitas veraniegas, mi madre y mi otra tía, se confabularon y quemaron la fantástica planta de hortensias de mi abuela, con agua caliente del mate, hasta que murió. Mi abuela nunca más tuvo esas flores, pero mi tía se casó al año siguiente. Mi madre siempre contaba esto, como dando sentido a  algo que no lo tenía, para ella y decía “creer o reventar”. Pero también contaba una historia parecida con los brillantes. Que una soltera que tiene brillantes tampoco se casa.

Evidentemente estos cuentos algo de realidad tendrían, porque mira por dónde mi mamá esa señora tan señorona, me regalo a mi cuando termine la carrera un brillante. Por eso y por las hortensias que me compro en primavera, será que no me he casado.

Vaya por Dios, y ahora me doy cuenta.!!!!  Porca miseria!!! Que se le va a hacer, el que no se quiere conformar es porque no quiere. Pero quizás la realidad sea que con brillante, hortensias o lo que sea, no me abre casado primero porque nadie me lo propuso en firme y segundo porque nunca me tope con alguien que me deslumbre por su inteligencia. O porque sepa cocinar? O porque sepa reír? O porque se sienta un tío normal, sin comeduras de coco?

(risas)

No, no. No me he casado porque tengo un brillante de soltera y porque me gustan las hortensias, faltaría más.

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Teoría del vacío

Ahora que llega una nueva estación del año,  tenemos que aplicar de nuevo “la teoría del vació” en nuestra vida. Y qué es esto.. simplemente “dejar partir las cosas o caducadas o que ya nos nos sirven, o los recuerdos negativos, o todo lo que ocupe lugar para dejar vació y así experiencias nuevas van a entrar.”

En realidad “la teoría del vació” en cuanto a lo espiritual es interesante y paso a relatar…

1) ¿Tienes la costumbre de juntar y guardar objetos inútiles, ropa, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas del hogar , creyendo que un día (no sabe cuando) podrá precisar de ellos?
2) ¿Tienes la costumbre de juntar dinero sólo para no gastarlo?, pues piensa en el futuro podrá hacer falta.
Pues no lo hagas, es anti-prosperidad.

Es preciso crear un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a tu vida. Es preciso eliminar lo que es inútil en ti y en tu vida, para que la prosperidad venga. Es la fuerza de ese vacío que absorberá y atraerá todo lo que tu quieres. Mientras tu estás material o emocionalmente cargando de cosas viejas e inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades.

[bctt tweet=”Es preciso crear un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a tu vida.” username=”lucreziarrias”]

Los bienes precisan circular. Limpie los cajones, los armarios, el cuarto del fondo, el garaje dé lo que ya no usa más. 

No son los objetos guardados que estancan tu vida, sino el significado de la actitud de guardar. Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Es creer que mañana podrá faltar, y usted no tendrá medios de proveer sus necesidades.
Con esa postura, tu está enviando dos mensajes para su cerebro y para su vida:
1º… no confía en el mañana
2º… crees que lo nuevo y lo mejor NO son para ti, ya que te alegra con guardar cosas viejas e inútiles.
Tira lo viejo que no te sirve, lo que no usas, lo que perdió el color y el brillo y deje entrar lo nuevo en tu casa… y dentro de ti mismo

Hace muchos años alguien me enseñó que de vez en cuando se debía abrir todas las ventanas de la casa, todos los armarios, hasta lo de la cocina y dejarlos así, para que corriera el aire, mucho tiempo. Así se limpiaban las energías estancadas de los rincones, que son fuente inagotable de negatividad.  Dejar estancar la energía en los rincones, no es bueno. Todo debe fluir.

[bctt tweet=”Vive para generar nuevos recuerdos. Estamos en esta vida,  para vivirla, para disfrutar, para compartir, para amar aunque sea a nuestro perro. @LucreArrias”]

Así pasa también con la cosas de nuestra vida. Mi humilde consejo para el último domingo de mayo antes que entre el verano en estas tierras…

-Si abrís un armario y ves ropa que llevas más de 5 años sin usar, regalarla o tirarla, seguro no te la volverás a poner.

-Para que juntar libros en la biblioteca que nos gustaron pero que ya no volveremos a leer, pues dónalas a una biblioteca para que otros los lean y disfruten como vos.

-Para que atiborrar los armarios de la cocina con latas o paquetes de cosas de comida que al final tiraras por caducado. Mejor planifica la semana y compra lo que necesites, ahorraras y no despilfarraras.

Olvídate de él “no tengo que ponerme”. Seguro que entre esa ropa que llevas 5 años sin usar, algo habrá. Hace falta tener tanta ropa, zapatos, bolsos? Para que, si no se puede poner todo a la vez.

Ahorrar está bien, si puedes,  pero no te pases. Para que, para dejarle a tus herederos si un día de repente la palmas? Disfruta de lo que tenes, hoy y ahora. El mañana es incierto. El pasado ya pasó.

No vivas de recuerdos, cuando eras feliz, o cuando eras más joven, o cuando eras así o asá. Vive para generar nuevos recuerdos.

-Cuando mueras, no te llevarás a la tumba nada material, en realidad tampoco nada espiritual, porque no te vas a enterar que te has muerto. Conoces a alguien que haya vuelto a contarte, ¿sabes que me morí?

-Ya lo dice el saber popular, “el cementerio está lleno de imprescindibles”. No estamos en esta vida, ni para sufrir, aunque es innato en el ser humano, ni para tener solamente obligaciones, ni para solo trabajar. Estamos aquí para vivir, para disfrutar, para compartir, para amar aunque sea a nuestro perro. Busca el equilibrio de las cosas. Entre el quiero y no puedo. Entre el hoy y el ayer.

Que la sensación que tenemos del transcurso del tiempo es relativa, y se va a acelerando con los años que cumplas. La vida al final, es demasiado corta.

Sobre todo aprende a decir NO. Todo no se puede abarcar. La línea del medio para caminar siempre es la más rentable a mediano y largo plazo.

Ábrete a la nueva estación, sea la que sea según el lugar del mundo que vivas, y limpia tu vida, tu espacio, tu existencia, para recibir este nuevo tiempo, con toda la energía y  sobre todo con todo un espacio vació, para volver a llenarlo con cosas nuevas, vivencias, alegrías, y lo que sea.

Aplica la teoría del vacío, ya. No es una imposición, es como poco una obligación con nosotros mismos. Te sentirás mejor y harás espacio ….que eso nunca está de más.

 

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Decepción

La decepción para mi es uno de los peores sentimientos que se puede tener. Tengo que decir, lamentablemente, que estos años lo he sentido muchas veces. Más de las que me hubiera gustado.

Las cosas o situaciones nos decepcionan, las personas también. No sé qué es peor, si la decepción de una situación en la cual has puesto todo tu empeño y ganas, o de la de una persona que vos queres y es importante para tu vida.

Ambas situaciones, yo las he sufrido estos últimos años. En mayor o menor medida, me han marcado y he visto cómo las cosas, situaciones o personas desaparecían de mi espacio  vital.

Uno nunca se inmuniza de esto. Cuando vuelve a suceder, así de repente, como quien no quiere la cosa, te quedas con una cara de gil que para qué. Es como si nunca te pasó antes, porque duele tanto como la primera vez.

Cuando te recompones y lo aceptas, te das cuenta que posiblemente no tienes la culpa o no lo has motivado, simplemente ha sucedido por las propias limitaciones de lo que lo ocasionó, ya sea una situación o persona.

Pero no por ello hace menos daño. (Suspiro)

Llegados a este punto, tengo que decir, que nuevamente me ha pasado y de quien menos lo esperaba o no? Si bien, es lo que hay y sabia en el fondo que sería así, me lo olía venir, duele y mucho.

Yo no puedo influir en las situaciones que no solo dependen de mí, ni en la forma actuar o sentir de las personas que me rodean. Puedo solo ver como afronto yo esas situaciones y el empeño que pongo en ellas, y mi propio comportamiento como persona.

Puede que muchas veces me equivoque, que no cubra las expectativas de lo que se espera de mí, pero si yo acepto a los demás como son, tanto cuesta aceptarme a mí, con mis claros y oscuros? Sinceramente llegados a los años que voy a cumplir, ya es hora no?

Ni soy la más linda, ni la más encantadora, ni la mujer perfecta, ni me siento menos o más que nadie. Solamente soy como soy, unos días así y otros no. Como la media. Pero lo que tengo muy claro es que para lo bueno y para lo malo siempre he estado y estoy ahí. El que no quiera verlo es su problema, no el mío.

Me encantaría que se me acepta asi, “tal como soy” como decía Briget Jones en sus pelis. Pero lamentablemente no me he sentido así muchas veces, y posiblemente por eso soy un poco “ermitaña” como soy ahora.

Que alguien que quieres te “decepcione” no se borra. Yo llevo un tiempo largo, quizás más de lo que me gustaría,  con esto y aun hoy me sigo acordando de los que lo han hecho. Me gustaría borrarlos de mi vida, pero me han hecho una marca intangible pero sensible que creo que llevaré siempre.

Como dicen “perdono pero no olvido”. Lamentablemente para mi, siempre me acuerdo de ello. No lo he podido borrar de mi existencia. Me despierta resquemor hacia las cosas, situaciones o personas que lo han provocado. Mucho.

Me he dado cuenta con el pasar de los años, muchas veces he sido “juzgada” libremente y sin motivo aparente, salvo el resentimiento hacia mi. Sentimientos que no son míos, sino de cierta gente cercana. Se me ha juzgado, sentenciado y lapidado, se podría decir. En cuanto a mí, en esas situaciones, me he topado con “decepciones” mayúsculas.

Algunos me dirán en esta reflexión... “tienes la autoestima por lo suelos”. Y no es así. Se mis logros, mis triunfos pero también mis derrotas. Todo lo acepto con la realidad pasmosa que nos muestra el vivir.

Sentirse decepcionado por algo o por alguien, no tiene nada que ver con la autoestima. Es algo que nos pasa a todos, en mayor o menor medida. Y el que diga lo contrario miente. En este mundo actual que se critica y juzga tanto al prójimo, es muy común sentirlo.

Porque el que no lo hace, el aceptar los bueno y lo malo, vive en una irrealidad. Lo que sí estoy segura, que por voluntad propia no intento “decepcionar” como si lo han hecho muchos que quiero.

Lo importante es darse cuenta de ello, y evitar provocar decepción. El tiempo y el transcurso de la vida nos mostrará quién tenía razón, y seguir nuestro camino mirando para adelante… sin darnos vuelta.

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Búscate un amante (recomendación del psicólogo de enfrente)

Muchas personas tienen un amante y muchas otras quisieran tenerlo.
También están las que no lo tienen, porque no quieren y las que lo tenían y lo perdieron, o decidieron perderlo.

Misteriosamente son generalmente estos dos últimos grupos los que más van a los consultorios para decir que están tristes o que tienen distintos síntomas: insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.

Cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre.

En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas. Antes de contar esto ya han visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: Depresión y la infaltable receta del antidepresivo de turno.

Yo después de escucharlas atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan… ES UN AMANTE.

Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto.

Están los que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica!. Hacen un decoroso silencio, miran el reloj esperando el final de la consulta y se retiran para siempre.
También están los que escandalizados se despiden en ese mismo momento y muchas veces tampoco vuelven nunca más.

Lamentablemente, lo primero que piensan en mi consejo, es “como le voy a ser infiel a mi pareja? Y ahí está la cuestión, nadie habla de infidelidad, con nadie, sino contigo mismo. Con la vida gris, con la rutina. Se infiel con lo que te paraliza, y te hace un ser uno más del montón. Cruza la línea.

A los que deciden quedarse les doy la siguiente definición: Un Amante es: “Cualquier cosa que nos apasione”.

Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y también aquello que a veces, no nos deja dormir. “Nuestro amante” es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.

Un “amante” puede ser algo o alguien que nos haga ver que la vida es pasión, estímulo, que nos motiva a seguir.

También podemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby que nos monopoliza cada instante “suelto”..

En fin, es “alguien” o “algo” que nos perturba la conciencia al punto de dibujarnos una sonrisa al solo pensarlo apartándonos aunque sea un momento del triste destino de solo vivir para sobrevivir.

Sobrevivir es durar y en el fondo está gobernado por el miedo a vivir de verdad. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol, de la lluvia y de las emociones fuertes.

Seguir en la rutina, donde los días son iguales unos a otros,  es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana

Por favor no te empeñes en sobrevivir, búscate un amante.

Se vos mismo el amante de alguien o de algo. Se un protagonista… de tu vida.

La muerte llegará, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. Mientras tanto y sin dudar, búscate un amante.

Lo trágico no es morir, Lo trágico, es no animarse a vivir.

La psicología después de estudiar mucho descubrió algo trascendental. Para vivir feliz, activo, o satisfecho hay que tener un motivo, al que llamaremos “amante”.

Hay que ponerse de novio con la vida y hay que amarla con la pasión de los que auténticamente están enamorados.

Búscate pues HOY…. un amante.

Fdo: el psicólogo de la otra acera.

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Encerrando la vida

Llevamos un año en pandemia, y no se ustedes pero a mi me parece una eternidad. Lo que me demuestra que el tiempo es relativo. Muchas cosas han pasado y pasan día a día sobre este tema, la pandemia. Desde encierros, aislamientos impuestos o forzados, falta de contacto físico, uso de mascarillas, restricciones, ordenanzas, formas de relacionarnos, y etc. etc. Infinidad de cosas que llega a agotarnos emocionalmente.

Ahora ha aparecido un nuevo término “fatiga pandémica”. Yo lo llamaría “león enjaulado”. Porque así me siento, como una fiera en la jaula del zoo. Una jaula ficticia con barrotes que siempre he odiado. Dándome cuenta de todo lo que hemos dejado de hacer o de compartir.

En mi caso, añoro poder escaparme al mar unos días, o alguna ciudad de esas que me gustan a dibujarla. LLevo desde noviembre del 2019 sin viajar a casi ningún lado. Salvo tres días a Galicia el verano pasado que se vieron interrumpidos por un cierre por un brote de Covid, lo que hizo que mis esperadas vacaciones se fueran al traste, y tuviera que volver a mi casa a encerrar la vida. Con lo que me gusta viajar.

Porque eso hemos tenido que hacer este último año, encerrar la vida. 

Siento nostalgia de muchas cosas, pero sobre todo el tener la libertad de irme donde me apeteciera sin tener que pensar si me dejan o no. En esta vida encerrada que tenemos, ya no cuenta el querer, sino el poder por obligación. Y eso agota demasiado ya.

Tenía la esperanza que en 2021 las cosas cambiarian, pero ya la perdi. Ahora espero que en el 2022 algo sea normal.

No me molesta la mascarilla, o la distancia social, lo entiendo, siempre que pueda tener contacto social. Eso sí se echa en falta. La parte social de la vidas. Podemos tener casas que nos hagan sentir bien, pero vivir en soledad en ellas, continuamente es lo que machaca.

Este texto puede parecer una queja, pero a que vosotros os sentís igual? Y me pregunto.. ¿El sentir general de los mismo síntomas, mitiga la queja en sí? Yo creo que si. Así que no me estoy quejando, sino reflexionando sobre un sentir general. O como se dice… “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Puede que me quiera consolar pensando que lo que me pasa a mi también pasa a todo el mundo. Pero no es eso. Sino que es la cruda realidad. Esa llamada “fatiga pandémica” que dicen los psicólogos, está haciendo mella en nuestros ánimos, cada uno a su manera.

Con los cercanos que hablo, les pasa lo mismo. Lo dirán con las mismas palabras o con otras, pero estamos metidos todos en el mismo barco. Se que “esto también pasará”, pero ¿cómo llegaremos al final? Hartos, desilusionados, esperanzados, cansados, ¿cómo? (suspiro) No tengo ni idea.

Quiero creer, porque soy una persona positiva, que bien, que superaremos todo esto sin secuelas, valorando aún si cabe más la vida y las relaciones sociales que tenemos. Valorando o aprendiendo que la vida puede cambiar en un instante, como cambio la de todos ese sábado de marzo de 2020 cuando empezó el confinamiento obligatorio.

Deseo de todo corazón, que nos quede marcado a fuego, y así disfrutemos de los tiempos venideros más intensamente, con más amistad, diciendo más “te quiero”, compartiendo aún más las risas, y valorando la vida en todas sus facetas. 

Porque esta vida encerrada que tenemos ahora, no es vida. 

Foto: The girl in a ball :: Didier 82
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