No es lo mismo dar las gracias que agradecer

Eso dice el artículo de psicología de la revista dominical de El País de hace un tiempo. Al leerlo me he quedado pensando en eso que dicen los budistas, que hay que amar sin apego. Cosa que los occidentales no entendemos y nos cuesta mucho, pero que mucho implementar.

Dar, sea lo que sea, desde amor, amistad, o simplemente las gracias, sin esperar recibir la contraprestación, es algo que no hace nadie. Aunque intentemos decir que nosotros estamos por encima de eso, y que lo hacemos sin esperar nada, es mentira. Es cultura en occidente.

Inconscientemente, el hombre moderno es incapaz de dar sin esperar recibir nada.

El amor en muchos casos, es posesivo. La expresión “te quiero” en una pareja denota posesión, eres mía o mío. Por eso, el amor entre dos personas se dice “te amo”, siento amor hacia ti, sin esperar nada. Esto, llevado a los amigos, es igual. Si bien a los amigos no les diremos “te amo”, aunque sí es amor lo que sentimos, se supone que no sentimos atracción, por eso es querer. Pero no deja de ser el mismo sentimiento, sin la parte de atracción física.

Las gracias son iguales. Damos las gracias a diario como muestra de educación hacia las personas que hacen algo para nosotros. Cosa que plantea el artículo, pero como ellos, pienso que ese “gracias” va vacío de contenido. Es un cliché, como decir buenos días u hola, cuando entras a un ascensor. Cosa que te da exactamente lo mismo, porque no conoces a nadie, y lo haces simplemente porque tu educación te dijo que hay que hacerlo. Y porque socialmente está bien hecho.

Cuando alguien, verdaderamente hace algo por ti, sin esperar recibir la contraprestación por ello, ese “gracias” se hace sentido y es más que nada no dar las gracias, sino sentirse agradecido con afecto hacia otro ser.

Lo que plantea el artículo, es buscar formas alternativas de dar las gracias, sin tener que usar la palabra gracias. En ser creativos con esto, para volver a dotar de sentido la palabra gracias.

Como dice el autor del artículo “Para mostrar al otro nuestra gratitud, los pequeños detalles son mucho más eficaces que las palabras, y mucho más indicados para transmitir nuestro sentimiento. El reto es: ¿Cómo podemos hacer sentir al otro que le estamos agradecidos de verdad? ¿Cómo podemos mostrarle que ocupa un pequeño espacio en nuestro corazón y en nuestro pensamiento?

Es imprescindible pensar en gestos que, conectados con aquello que hemos recibido, lleguen al otro. Recibir el agradecimiento por algo que hemos hecho es sin duda agradable, y es bueno que lo disfrutemos. Pero no debemos necesariamente contar con ello, y sobre todo no debemos depender de ello.

Si dependemos de los agradecimientos de los demás, nos exponemos a constantes frustraciones. Dijo Dale Carnegie: “Esperar gratitud de la gente es desconocer la naturaleza humana”. Yo no iría en absoluto tan lejos, pues creo que la gente, en esencia, es agradecida. Pero sí es cierto que no todos lo son, y que quienes lo son no lo son siempre.

Hay gente que hace favores a los demás para que le den las gracias. Es su alimento emocional, lo que le llena y le da energía. Y, claro, cuando no lo reciben se indignan: ¿Cómo puede ser que no me den las gracias?”

Me ha gustado eso de “alimento emocional”. Cuanta gente a nuestro alrededor, se alimentan de las emociones de los otros. Pero no solo de las positivas, sino y lamentablemente como he comprobado mucho este último tiempo, de las negativas. Como esperando que el otro tenga un bajón para alimentar sus emociones o egos, con la desgracia ajena. Pero eso para otro post.

Volviendo a lo de ser agradecido más que dar las gracias, tengo que decir que me siento agradecida a todos los que leen mi blog y me hacen comentarios, tanto de afecto, de afirmación, de complicidad, de gusto por lo que hago. Y los que no los hacen, pero se que me leen porque las estadísticas lo dicen. Por todo ello seguimos escribiendo, porque me dan fuerzas para así hacerlo, aunque no digo más gracias. Solo me siento agradecida.

Y pongo a Dios por testigo (porque algo de Scarlett O’Hara, tengo, en cuanto que a veces soy algo dramática) que no dejaré de escribir esto me lean o no, simplemente porque la acción de hacerlo me recuerda todas las visitas de estos casi 17 años.

Etiquetado: / / / / / / / /

Necesito un homenaje, again

Si.

Siento que necesito que me homenajeen.

No por mis méritos, si los tengo. No por mí buen hacer en la vida, si fuera así. No por mis metas cumplidas, si cumplí alguna.

Simplemente por mi persona.

Simplemente por mi misma, independientemente de cómo sea.

Solamente necesito que alguien me homenajee diciéndome al oído mientras me abraza, “Niña, simplemente te queremos”.

No pido nada más que ese homenaje.

Algún día de estos meses, sin esperar a mi cumpleaños, simplemente porque si. Sin motivo aparente.

Con el único efecto de hacerme ver que le importo a alguien, y que no estamos tan solos como nos sentimos.

Simplemente necesito que alguien me dé un homenaje.

Tan simple como que me diga “te quiero”.

LAC@2010

Etiquetado: / /

Si tienes hortensias, nunca te casarás

Esto escuche yo durante toda mi vida, “Si en una casa que existe una soltera, y tienen hortensias, nunca se casará”.  En realidad es una de las tantas leyendas o supersticiones que no tienes ni idea de dónde vienen, pero a mí siempre me han gustado, por eso será que nunca me he casado? Posible.

Yo me enamoré de las hortensias paseando en barco por el delta del Tigre al norte de Buenos Aires, cuando era pequeña, siempre lo recuerdo. Ver esas casas con jardines hasta la orilla del rio, y unas plantas de hortensias de todos colores en la sombra que daban los árboles del jardín en esas mañanas calurosas de verano, enamoraban a cualquiera.

Como yo tenía una madre, que como todos saben era una señora muy señorona, que le encantaban estas leyendas urbanas, nunca tuve una hortensia en mi casa. Hasta que pase de ella, viviendo tan lejos y ahora siempre en mi casa, se indica que es primavera porque yo me compro una hortensia. Aunque este año no he comprado ninguna.

Cuando veo una en el escaparate de mi florería preferida, pienso cuantas supersticiones tontas llevamos encima.

En el caso de las hortensias, en mi familia hay una historia, que dice “mi abuela Rosa, tenía en un patio interior donde solo daba el sol por las mañanas, unas plantas de hortensias impresionante”. Cosa que doy fe, porque las recuerdo como sus helechos.

En ese patio crecía cualquier cosa, un poco por el ambiente y otro por la mano de mi abuela. Sigo con la historia. Mi madre era la mayor y tenía otras dos hermanas. Ella y la siguiente se casaron, pero la pequeña no. Mi madre cada vez que iba a la casa de mi abuela por vacaciones, le decía, “mamá, tira las hortensias, sino no se casará nunca”. Evidentemente, mi abuela, sabia ella, pasaba y no le hacía caso. Así resulto que mi tía, la soltera por no llamarla solterona, como se decía en ese entonces, llego a más de los treinta y pico. En la época, que transcurre esta historia era algo impensable en una mujer, ahora es algo normal.

Pues en una de esas visitas veraniegas, mi madre y mi otra tía, se confabularon y quemaron la fantástica planta de hortensias de mi abuela, con agua caliente del mate, hasta que murió. Mi abuela nunca más tuvo esas flores, pero mi tía se casó al año siguiente. Mi madre siempre contaba esto, como dando sentido a  algo que no lo tenía, para ella y decía “creer o reventar”. Pero también contaba una historia parecida con los brillantes. Que una soltera que tiene brillantes tampoco se casa.

Evidentemente estos cuentos algo de realidad tendrían, porque mira por dónde mi mamá esa señora tan señorona, me regalo a mi cuando termine la carrera un brillante. Por eso y por las hortensias que me compro en primavera, será que no me he casado.

Vaya por Dios, y ahora me doy cuenta.!!!!  Porca miseria!!! Que se le va a hacer, el que no se quiere conformar es porque no quiere. Pero quizás la realidad sea que con brillante, hortensias o lo que sea, no me abre casado primero porque nadie me lo propuso en firme y segundo porque nunca me tope con alguien que me deslumbre por su inteligencia. O porque sepa cocinar? O porque sepa reír? O porque se sienta un tío normal, sin comeduras de coco?

(risas)

No, no. No me he casado porque tengo un brillante de soltera y porque me gustan las hortensias, faltaría más.

Etiquetado: / /

Reflexiones sobre la verdad de la milanesa o las excusas

Tú qué prefieres una excusa o que te diga la verdad? Con todos los años que llevo trabajados, aún hoy, no termino de explicar porque en vez de decirte las cosas claras la gente utiliza excusas para no decirte, que esta vez no.

Porque cuando le das a un cliente un presupuestos para un trabajo, en vez de decirte algo a los días, como por ej, se me va de presupuesto, o lo que sea, ya sea sí o no, te ponen excusas tontas como “ahora no estoy en la oficina te llamo en otro momento y te pregunto unas cosas” o “no he tenido tiempo, tengo una semana complicada, ya lo veré”. Etc.

Excusas, nunca más te llaman para nada y pensas, la que no estaba en la oficina la echaron y por eso no te ha llamado nunca más, o la de la semana complicada se fue a África a cambiar de vida porque tanta complicación la puso de los nervios.

La gente no sabe enfrentar las situaciones y da excusas imbéciles, en vez de decir no, me he decantado por otro, y todos siguen su camino. Puede que alguna sea verdad, pero la experiencia me dice que si alguien que fue algo pesado insistiendo en que le pases un presupuesto por algo, y cuando se lo das demuestra que el interés se paró en seco, es porque tiene uno más barato y el trabajo no te lo dará a ti.

La gente se olvida que los presupuestos son eso, números y todo se negocia. Se quedan con el más barato que nunca es síntoma de ser el mejor para lo que quieren. No es preferible, decidirse por el intermedio, ni el caro ni el barato, y negociar lo que considere que es caro?

Cuando uno hace un presupuesto, tiene sus tácticas comerciales, o pones lo más barato como base o punto de partida, y en pleno trabajo el real. Lo que conlleva la sorpresa del cliente.

Muchas veces, cuando veo trabajos terminados en los cuales yo también oferté, me apetece llamar para ver en cuanto se les quedo al final, y los problemas que tuvieron. Porque ese dicho, lo barato sale caro ahora se da más.

Ayer estaba con un comercial hablando de esto, y llegamos a la conclusión, que mucho las cosas tienen que cambiar, pero sobre todo muchas mentalidades. La gente primero no se queda con un solo presupuesto. Con internet, como mínimo tienen 5.

Por todo esto, y mi experiencia, te ofrezco 5 puntos a tener en cuenta, si quieres hacer reformas en casa, de lo que se debería hacer para sacar el mejor partido a un trabajo y por tu dinero. Si lo piensas, se pueden aplicar también a la vida diaria.

1-Ten las cosas claras de lo que quieres hacer, es ganar dinero y tiempo. No dejes que cada empresa te presupuesten lo que interpreta de haber hablado contigo. Por eso, aunque cueste dinero es preferible contratar a un profesional que te haga una memoria o un plano. Así los presupuestos son comparativos, sino es una pérdida de tiempo. Es como comparar peras con manzanas.

2-Una vez que tengas como mínimo 5 presupuestos, con las mismas cosas para comparar, descarta el más barato y por supuesto el más caro. El barato, porque si hay mucha diferencia con los otros, es o porque están tirando los precios o están desesperados por pillar un trabajo. A la larga te dejaran tirado. Una cosa que tienes que tener claro es que nunca se puede tener un reloj de marca a precio de los chinos. Por algún lado saldrá.

3-De los tres presupuestos intermedios, ya mira otras cosas. Las referencias, otros trabajos, realizados, el feeling contigo o lo extra que te ofrezcan, ya sea, asesoramiento, o compartir los descuentos de los fabricantes contigo y esas cosas. Porque, si no lo sabías, muchos fabricantes a los profesionales les hacen descuentos, que si tú eres un cliente de calle, no te harán. Una buena solución es compartir por ej, si una tienda de sanitarios al profesional le hace un 20%, que a ti te repercuta el 10% y el profesional el otro por los gastos generados de la compra del material. Esto no lo hacen todos los profesionales, pero lo puedes plantear. En los tiempos que corren es muy sabio, el compartir.

También el feeling es muy importante aunque parezca una tontería. Piensa que tiene que ser gente que te de confianza, que te den soluciones, que no sea alguien recién aparecido que dice hacer reformas. No olvides que las reformas salen dinero y son por mucho tiempo y agobio. Un abrigo si te sale malo, te puedes comprar otro, reformar una casa no es tan fácil.

4- Si no sabes por cual decidirte, o por ej uno tiene una partida alta pero otra baja o viceversa, negocia. En esta vida todo es negociable, la vida es negociación. Utilízalo. Llegará un punto que la otra parte te diga, más no se puede, este es el límite. A veces los criterios necesitan un punto de negociación para encontrarse.

5- una vez que te decidas, por alguien, no dejes de decirle a los otros que gracias por los presupuestos y su trabajo. Reconforta saber que aunque esta vez no ha podido ser, la próxima lo será. SI tú no dices nada, el profesional se queda con la sensación de un tema no cerrado. Y a quien le gusta esto no? A ti te gustaría sentir esa sensación? Además, uno nunca sabe si por lo que sea no lo vas a volver a llamar, como hiciste la primera vez.

Básicamente no hay más que tener en cuenta. Como verás no todo es dinero. Basar nuestras decisiones en lo que sea, solo por dinero, no es un buen camino para que logremos lo que queremos. Ya lo dicen las abuelas “solo es dinero, y ese va y viene, hay otras cosas importantes.”

Etiquetado: / / / /

Decepcionar

Hace unos años,  tuve que suplantar a alguien de mi trabajo en sus obras en visita con la propiedad y el arquitecto. Evidentemente todo lo que se comentó no iba conmigo, ni era nada personal, y lo tenía claro. Pero el arquitecto o mejor dicho la arquitecta, cabreada, cogió un tono “maternalista” como si le hubiera estado hablando a un niño, regañándolo.

Esto a mi particularmente, me pareció bastante poco profesional. Una cosa que he aprendido trabajando  o he hecho un esfuerzo por aprender, es que es trabajo, que no hay amigos y sobre todo que los clientes no tienen una relación afectiva con nosotros, solo es el trabajo una prestación, un contrato por hacer algo que como contraprestación tiene un pago. Nada más.

Si en vez de decirte, “estas pasando de la obra, no me gusta como habéis hecho esto, que no se cumplen los plazos, o lo que sea que no te guste”, dices “me siento decepcionada”, estas poniendo sentimientos en una relación laboral.

Yo particularmente creo que “decepcionar” solo se puede a un ser querido cercano, lo demás no es decepción, es otra cosa. Pero a los clientes, les puede gustar o no lo que yo haga, pero “decepcionar”? no creo.

Leyendo por ahí encontré una reflexión de Mariano Arnal, que es profesor de latín, y se dedica a explicar el castellano y dice…

“Me has decepcionado”, “me siento decepcionado”, esto es decepcionante”, son las expresiones en que solemos usar este lexema tan culto, tan elegante, que apenas se entiende, o no se entiende como debiera. Y solemos añadir algo así como: “Has frustrado las esperanzas que tenía puestas en ti”. En efecto, al usar el verbo decepcionar solemos cargar el peso de la culpa en el decepcionado, no en el decepcionador. Pero si hay un decepcionado, tiene que haber un decepcionador. Si hablásemos en lenguaje transparente, hablaríamos de engañar, que se entiende más claro; aunque probablemente volveríamos a suavizar la expresión diciendo “me siento engañado” en vez de “me has engañado”; en efecto, usamos el término decepción cuando se trata de expectativas, de promesas insinuadas, no de promesas hechas.”

Sobran más palabras. Que rico es nuestro idioma. En un trabajo se puede “engañar” o lo que sea, pero no decepcionar, que no te toquen la fibra sensibles solo es trabajo.

Cuando se mezclan los afectos en un trabajo con el cliente, es un error. Es como decir que un compañero de trabajo es tu amigo. Puede que con el tiempo alguna relación nacida en el trabajo sea amistad, pero mucho tiene que pasar. Sino mira para atrás y reconoce cuantos amigos tienes de trabajos que ya no los tienes?

Mi padre tenia un amigo cuando yo era pequeña que decía “los amigo y familia no se mezclan con el negocio” o algo por el estilo. Tenia razón. Una cosa son los afectos y otra es el trabajo. Trabajo es trabajo.

Si fuéramos consientes cien por cien de esto, nos evitaríamos muchos problemas. Os lo aseguro.

Imagen “©Rodney Smith”
Etiquetado: / /

Constancia

El ser humano tiene muchos valores morales, y uno es la constancia. Aunque como todo en este mundo raro que nos ha tocado vivir, se va perdiendo. Una de las causas es que vivimos tan rápido, que nos olvidamos de aplicarlos.

Ser constante, hoy es un reto. Nos llenamos de cosas que ocupan nuestro día a día sin darnos cuenta. Para toda persona que tiene una afición o realiza una actividad concreta creativa, tener constancia es una necesidad. La creatividad está ligada totalmente  la constancia.

Cuando lees alguna entrevista o biografía de algún creativo, independientemente de su campo, siempre comentan que tienen una rutina de vida que aplican sin parangón. Eso es en parte ser constante. 

Hay que luchar con el ruido que se nos presenta alrededor para hacer algo creativo. Tener un horario para trabajar o unas normas a cumplir. Sin constancia no se puede hacer nada. Ese golpe de suerte que puede tener un artista en un campo, es uno entre miles. No se puede solo esperar eso. 

Como decía alguien “hay que besar muchos sapos para que aparezca el príncipe“. Pues eso, mucho trabajo para lograr un objetivo.

No es solo en trabajos creativos. Pasa en muchos ámbitos de la vida. Se necesita constancia para ser emprendedor, para estudiar una carrera, para llevar un proyecto adelante.

¿Por qué todo esto? Porque sigo en el reto de escribir algo 30 días seguidos, y os aseguro que aunque piensen que sea una chorrada, el rito de hacerlo a diario es agotador. De repente te das cuenta, como ayer que ya se acababa el día, que no has cumplido, y por no volver a empezar, porque si me olvido tengo que volver a empezar, pones tres líneas y listo.

Así no vale  Es sobre todo aprender a ser constante con algo. Yo, que en muchos aspectos no lo soy. Aun teniendo mi edad, lo intento. Escribir por escribir, no debería ser una opción. Cumplir con lo que me he propuesto, si que vale.

Pero eso con todo. Llevo años planificando que voy a hacer algo, lo monto pero no lo hago. Como los cursos de Domestika. Los compro y no los termino. Tengo varios aun por hacer. El consuelo, si lo puedo tener, es que  cuando se lo comenté a varios en una charla de café, me reconocieron que a ellos les pasa lo mismo, menos mal.

Soy un desastre. Menos mal que con el trabajo no me pasa esto, sino viviría en la calle. Cuando se cruza mi obligación con la inconstancia, gana la obligación. Pero solo se da en un tema en mi vida, que es el laboral. En todos los demás soy lo que soy, inconstante.

Mejor reconocer o ser consciente de como somos. Así no nos engañamos mucho.

En síntesis, ser constante en mi vida, cuando no lo soy, cuando me aburro rápido de las cosas, etc, etc, es verdaderamente un reto para mi, aunque parezca una chorrada. Qué no lo es. Os lo puedo asegurar.

 

Imagen @Blog: Milk Does A Sketchbook Good - Doodlers Anonymous

 

Etiquetado: / / /

La felicidad es un asunto del espíritu…

debido a la plasticidad de la mente.

¿Qué es la plasticidad de la mente?

Es la capacidad humana de modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que elegimos tener.” Resulta que al igual que los músculos del cuerpo, el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que más utilizamos.

A más pensamientos negativos, mayor actividad en el córtex derecho del cerebro y en consecuencia, mayor ansiedad, depresión, envidia y hostilidad hacia los demás. En otras palabras: más infelicidad autogenerada.
Por el contrario, quien trabaja en pensar bien de los demás y ver el lado amable de la vida, ejercita el córtex izquierdo, elevando las emociones placenteras y la felicidad.

Se debe trabajar sistemáticamente en debilitar esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno, y paralelamente, comenzar a ejercitar los músculos mentales que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra propia felicidad.

Esto lo leí el otro día, que confirma lo que yo digo siempre… Nosotros somos nuestro peores enemigos.

Pero como yo no puedo ni quiero irme al Tibet como hizo la persona que dijo estas palabras, intento hacerlo a diario. Algunas veces lo consigo pero la mayoría no. Pero por intentarlo que no quede.

Una buena manera de intentarlo, es pillar el petate e irse unos días a descansar. Cosa que he hecho estos días, y debo reconocer, que luego de casi dos años de no salir por la pandemia, esta vez me he atrevido.

No se si con el cambio de sitio, de la ciudad al mar, el cambio de horarios y hábitos, mi cerebro plástico que no blandito, cambio algo pero hoy, luego de volver ayer, me siento descolocada, y vaya como.

Puede ser por eso, o como se dice, verdaderamente esos días de descanso fuera de mi entorno habitual ha sido tan intenso que he verdaderamente desconectado de todo.

Hacía mucho pero que mucho tiempo que al volver de un viaje no me sentia asi, que me ha llamado la atención. Todo me parece nuevo, hasta la casa. Es una sensación rara, os lo aseguro. Será que verdaderamente he descansado y sobre todo mi cerebro ha hecho click y se ha desconectado.

Hermosa sensación. La necesitaba luego de tanto encierro y crispación.

Pero bueno, ya estamos de nuevo por aqui, afrontando el verano de calor y ciudad, sin nuevos planes a futuro, salvo cumplir con las obligaciones, e intentando hacer que esa “plasticidad mental” me autoconvenza que la vida que tenemos es la que verdaderamente queremos tener. 

Porque pueda que sea más feliz con los pensamientos positivos, pero estos mismos no me conformarán en pensar o sentir, que muchas cosas deberían cambiar. Pero eso para otro post.

Etiquetado: / / / / /

No es lo mismo levantarse para sobrevivir que levantarse para vivir

Esta frase “No es lo mismo levantarse para sobrevivir que levantarse para vivir” se la escuchaba a Antonio Orozco en un programa hablando de un tema musical de él, que habla de las personas con enfermedades graves. Y como con su lucha, son su héroes.

Pero si lo piensas, es una frase que dice tanto en un puñado de palabras, que se puede aplicar a muchos. Hay tanta gente que se levanta de la cama solo para “sobrevivir” al día a día que tiene que enfrentar. Mucha que solo “sobrevive”.

Cual es la diferencia entre “vivir” y “sobrevivir“? te lo has planteado alguna vez?. Y no hablo de la gente que está pasando por una situación extrema, como se refirió Orozco, sino cualquiera de nosotros con una vida estándar por decir algo.

Para mi, que me considero más que estándar, o sea del montón como la mayoría de seres humanos según la teoría generacional de los mil, que no viene al caso ahora. Posiblemente la mayor diferencia en estos dos conceptos extremos se centra en que “vivires aprovechar la vida y las oportunidades que nos da, y “sobrevivires hacer lo que se puede con lo que se tiene o lo que la vida te ofrece en un determinado momento, sea lo que sea.

Es una fina línea la que separa los dos extremos, y muchas veces la saltamos sin darnos cuentas si estamos en un lado u otro. Porque no nos detenemos a ver si aprovechamos lo que tenemos alrededor, o hacemos lo que podemos.

Lamentablemente, la mayoría del tiempo y las circunstancias, el ser humano hace “lo que puede”, porque la vida es lo suficientemente  compleja y exigente, que por más que se quiera aprovechar lo que nos da, casi siempre es imposible llegar a ello.

Yo lo he comprobado.

Cada vez que he intentado organizar algo para conseguir eso que la “vida” me está brindando o yo creo, ella misma se ocupa de retirarme la idea a fuerza de shock. Lo mejor es dejarse llevar como diría alguien. La planificación para ese “vivir“, con el mundo actual es muy pero que muy difícil de llevar a cabo.

Me pregunto entonces… el dejarse llevar essobrevivir” o “vivir”?

Etiquetado: / / /

El sentido común es revolucionario

La frase del título la escuche hace unos años, en una tertulia política cuando las veía, porque ahora es imposible. Nunca lo he olvidado. No recuerdo de qué iba la tertulia ni quien la dijo, pero al día de hoy no es solo “revolucionario” solo porque cuando se usa es una revolución, sino porque verlo usar es una excepción. 

Estamos inmersos en miles de problemas de todas las índoles, y he optado por hacer como hacen los perros, sino te lo puedes comer o follar, meate en ellos y pasa. No los puedo solucionar, es más de lo que hago actualmente que ya bastante me saca el sueño. Si para colmo los problemas son generados por personas que han perdido el sentido común, estamos fritos. ¿Así que para que me voy a preocupar?

[bctt tweet=”Como hacen los perros, sino te lo puedes comer o follar, meate en ellos y pasa.” username=”lucreziarrias”]

Dicen los psicólogos que el sentido común es lo que “describe las creencias o proposiciones que parecen, para la mayoría de la gente, como prudentes, siendo esta prudencia dependiente de unos valores de conciencia compartidos que, permiten dar forma a una familia, clan, pueblo y/o nación.

¿Dónde ha quedado esa prudencia? Esos valores de conciencia que definen el sentido común? En ninguna parte. Tenerlos ahora en los tiempos que corren es verdaderamente ser revolucionario. Donde ha quedado la ética, las buenas costumbres, la amabilidad, el “sovoir faire” que dicen los franceses, o decían, porque ellos también han perdido ese sentido común.

Bueno en realidad la sociedad actual lo ha perdido. Por ej, apliquemos el sentido común a la amabilidad. Otra cualidad perdida en esta sociedad.

Ya todos sabemos lo que es ser una persona amable, empática. ¿Cuál aplicas tú? Dicen los psicólogos que la verdadera amabilidad o empatía, no es compatible con la falta de confianza en uno mismo o el miedo a los otros, estos dos aspectos engendran una forma de defensa que puede manifestarse en forma de egocentrismo o frialdad.

Pongo como ejemplo la actitud de la joven Luna Reyes, voluntaria de la Cruz Roja esta semana abrazando a un Senegalés, exhausto por haber llegado a España. Un ejemplo de empatía, amabilidad y sobre todo sentido común hacia el trato a una persona desesperada sin importar porque estaba donde estaba, sino solo la persona y las circunstancias.

A esta joven se la ha acosado en Twitter hasta que borró su cuenta, gratuitamente y sin sentido alguno desde mi perspectiva. Solo por su gesto hacia un desfavorecido.

En nuestro día a día, se nos quiere hacer enseñar que ser amable o tener sentido común, y mostrarlo es ser débil. O que estamos equivocados ante nuestra actitud hacia la vida y la gente. Se quiere hacer creer, a través de la crítica feroz en este caso,  que los fuertes son los que más alzan la voz o los que se comportan con más agresividad. No es así, estos comportamientos ahora se sabe que encierran inseguridad y sobre todo baja autoestima.

Un jefe que grita a su personal o tiene malos modos, no tiene sentido común sobre todo porque se quiere imponer con el grito o los malos modos. Las buenas palabras, amabilidad y trato cordial, logra más que todo lo que no han querido meter en la cabeza que tiene que ser una persona para lograr el éxito. Por eso estamos donde estamos con la bendita crisis, corrupción política, inmoralidad, etc. Porque han perdido el sentido común, la amabilidad y sobre todo los buenos modales. Hemos perdido la empatía hacia otros.

¿Porque no iniciamos otra revolución? Retomando el uso del sentido común para tomar decisiones en la vida. Y si mandamos a nuestros políticos y dirigentes, a un máster en sentido común, no estaríamos todos mejor? Como esto es utópico, porque no empezamos por casa? Por nosotros mismos?

Ya lo decía mi abuelo, “la caridad empieza por casa” yo agregaría “y si el sentido común, la amabilidad empiezas a imponer contigo mismo, verás como por empatía la trasmites a los demás, seguro te sientes mejor. Se moderno, ser revolucionario, usa el sentido común.

Le doy las gracias a Luna, porque a sus 20 años le ha dado a muchos una lección de humanidad impresionante con un simple abrazo. Y espero que no se deje amedrentar por esos “inadaptados” de la vida que la quieren convencer que estaba equivocada. Para nada.

Lamentablemente en la vida se encontrará con ese tipo de gente muchas veces, pero que no pierda esa capacidad de usar su “sentido común como revolución”. Así se empieza a cambiar el mundo, con gestos como el suyo.

Etiquetado: / /

Decepción

La decepción para mi es uno de los peores sentimientos que se puede tener. Tengo que decir, lamentablemente, que estos años lo he sentido muchas veces. Más de las que me hubiera gustado.

Las cosas o situaciones nos decepcionan, las personas también. No sé qué es peor, si la decepción de una situación en la cual has puesto todo tu empeño y ganas, o de la de una persona que vos queres y es importante para tu vida.

Ambas situaciones, yo las he sufrido estos últimos años. En mayor o menor medida, me han marcado y he visto cómo las cosas, situaciones o personas desaparecían de mi espacio  vital.

Uno nunca se inmuniza de esto. Cuando vuelve a suceder, así de repente, como quien no quiere la cosa, te quedas con una cara de gil que para qué. Es como si nunca te pasó antes, porque duele tanto como la primera vez.

Cuando te recompones y lo aceptas, te das cuenta que posiblemente no tienes la culpa o no lo has motivado, simplemente ha sucedido por las propias limitaciones de lo que lo ocasionó, ya sea una situación o persona.

Pero no por ello hace menos daño. (Suspiro)

Llegados a este punto, tengo que decir, que nuevamente me ha pasado y de quien menos lo esperaba o no? Si bien, es lo que hay y sabia en el fondo que sería así, me lo olía venir, duele y mucho.

Yo no puedo influir en las situaciones que no solo dependen de mí, ni en la forma actuar o sentir de las personas que me rodean. Puedo solo ver como afronto yo esas situaciones y el empeño que pongo en ellas, y mi propio comportamiento como persona.

Puede que muchas veces me equivoque, que no cubra las expectativas de lo que se espera de mí, pero si yo acepto a los demás como son, tanto cuesta aceptarme a mí, con mis claros y oscuros? Sinceramente llegados a los años que voy a cumplir, ya es hora no?

Ni soy la más linda, ni la más encantadora, ni la mujer perfecta, ni me siento menos o más que nadie. Solamente soy como soy, unos días así y otros no. Como la media. Pero lo que tengo muy claro es que para lo bueno y para lo malo siempre he estado y estoy ahí. El que no quiera verlo es su problema, no el mío.

Me encantaría que se me acepta asi, “tal como soy” como decía Briget Jones en sus pelis. Pero lamentablemente no me he sentido así muchas veces, y posiblemente por eso soy un poco “ermitaña” como soy ahora.

Que alguien que quieres te “decepcione” no se borra. Yo llevo un tiempo largo, quizás más de lo que me gustaría,  con esto y aun hoy me sigo acordando de los que lo han hecho. Me gustaría borrarlos de mi vida, pero me han hecho una marca intangible pero sensible que creo que llevaré siempre.

Como dicen “perdono pero no olvido”. Lamentablemente para mi, siempre me acuerdo de ello. No lo he podido borrar de mi existencia. Me despierta resquemor hacia las cosas, situaciones o personas que lo han provocado. Mucho.

Me he dado cuenta con el pasar de los años, muchas veces he sido “juzgada” libremente y sin motivo aparente, salvo el resentimiento hacia mi. Sentimientos que no son míos, sino de cierta gente cercana. Se me ha juzgado, sentenciado y lapidado, se podría decir. En cuanto a mí, en esas situaciones, me he topado con “decepciones” mayúsculas.

Algunos me dirán en esta reflexión... “tienes la autoestima por lo suelos”. Y no es así. Se mis logros, mis triunfos pero también mis derrotas. Todo lo acepto con la realidad pasmosa que nos muestra el vivir.

Sentirse decepcionado por algo o por alguien, no tiene nada que ver con la autoestima. Es algo que nos pasa a todos, en mayor o menor medida. Y el que diga lo contrario miente. En este mundo actual que se critica y juzga tanto al prójimo, es muy común sentirlo.

Porque el que no lo hace, el aceptar los bueno y lo malo, vive en una irrealidad. Lo que sí estoy segura, que por voluntad propia no intento “decepcionar” como si lo han hecho muchos que quiero.

Lo importante es darse cuenta de ello, y evitar provocar decepción. El tiempo y el transcurso de la vida nos mostrará quién tenía razón, y seguir nuestro camino mirando para adelante… sin darnos vuelta.

Etiquetado: / /