La diferencia entre sonreír y reír

No se porque, pero ayer noche me desperté pensando en la diferencia entre sonreír y reír. Tengo la necesidad de explicar donde para mi reside la diferencia.

Cuando por ej, yo digo “sonrió”, es un leve movimiento en los labios donde se dibuja una sonrisa suave, que puede denota muchas cosas pero casi siempre tiene una carga de emotividad adicional al gesto en sí. Y seguro, será acompañado con un movimiento lateral de la cabeza leve, como si estuviera viendo algo que me da mucho placer o gusto, y con ese gesto es como si lo confirmara. No hay sonido de voz. Pero si lo acompaña un brillo diferente en los ojos.

En cambio cuando digo “rió”, es un gesto amplio donde seguro se verán los dientes al efectuar el gesto. En este caso seguro irá acompañado por un sonido parecido a la risa que uno conoce. Suelo reírme mucho, sonoramente.

Pero me gusta más sonreír. Me he dado cuenta que lo hago casi todo el día, aunque me este muriendo por dentro.

Os habéis dado cuenta, que la gente ni siquiera sonríe? Con lo bonito que es que te atiendan en una tienda, por ejemplo, con una sonrisa, o en un café. Hay que reivindicar más la sonrisa como fuente de buen rollo y de salud para el que la esboza y el que la recibe. 

Las cosas y el mundo es mejor, con una sonrisa.. y ya no te digo con una buena risa. Eso es Terapia emocional.

Imagen @alexanderkhoklov 
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Ser Arquitecto

Esta semana se conmemora el día del Arquitecto y de la arquitectura. Y he estado pensando porque soy arquitecto.

Primero recordaba que cuando vine a vivir a España, mi título decía “arquitecta”, en femenino. Pero aquí no existía y no sé si ahora, el título en femenino. Me divertía decir “soy un arquitecto”, como formalidad.

Como ya tengo muchos años en esto, (no diré cuantos, porque una señora no lo hace) al comenzar a trabajar en Madrid, el trabajo del arquitecto estaba pautado por baremos obligatorios, a un tipo de trabajo, un costo.

Esto llamó mucho mi atención también, porque al cliente le daba lo mismo a quien contrataba, pagaría igual por el trabajo encargado a uno u otro. El arquitecto no importaba si era bueno o malo en su profesión, solo si era un buen comercial para atraer clientes a su estudio. Esto me llevó a conocer “arquitectos malísimos“, y estaban llenos de trabajo. En algún momento eso se liberalizó, y empezó la competencia. Menos mal.

Pero estos son solo recuerdos o anécdotas.  En realidad ¿sé porque soy arquitecto?

Estudié arquitectura porque mi madre no me dejaba hacer bellas artes. Para que se callara, me decante en esta carrera. En una familia de números, la pequeña le sale arquitecto. Lo vieron bastante alocado.

Carrera, en esa época, casi en su totalidad “masculina”. A las mujeres se las conocía por ser arquitectas  pero “la mujer de…“, quizás otro arquitecto. Sino pasaban totalmente desapercibidas.

Muchos en mi familia pensaron que en mi primer año, me casaría y dejaría la carrera. “Hombres de poca fé.”

Pero ¿fue vocación o pataleta? En realidad no tengo ni idea. Qué es tener vocación, quizás debería ser esa la pregunta.

Me ha venido bien, porque me ha servido de medio de vida, pero ¿me gusta?

Más que gustarme me divierte y mucho. Aún hoy. Creo que por eso me ha resultado bastante fácil hacer la carrera en los reglamentarios seis años que duraba en mi época, y trabajar por 36 años en este campo. Porque siempre me ha divertido mucho ser arquitecto, pensar una casa, o una reforma, elegir las cosas, diseñar espacios. Trastear con papeles de calco, con el lápiz gordo. Porque como estudié con “rotring”, lo mio es el mano alzada.

Me divierte mucho, me entretiene. ¿Eso es vocación? Posiblemente es un buen motivo, no se si calificarlo vocación. Pero un excelente motivo, si.

Me gusta ver proyectos y arquitectura, pero no tengo la neura de varios colegas de mi generación que están todo el día hablando de arquitectura, leen sobre arquitectura, y se levantan,  se acuestan pensando arquitectura.

Me gusta la arquitectura, porque la disfruto y me da gusto hacerla, pensarla. Es como ir a ver una exposición de pintura. Cuando salgo de una que  me gusto, tengo ganas de volver a ponerme a pintar. Cuando hago arquitectura, o veo buena arquitectura, (porque creo que diseñar es un oficio, por eso digo “hago”), me dan ganas de hacer más.

Al final me he dedicado a un campo “multidisciplinar”, porque llevar una obra es ser arquitecto, constructor, ingeniero, y algo de psicólogo resolviendo “problemas personales de los gremios”, pues siempre te cuentan sus “dramas”. Al ser mujer, se abren más. 

Lo que sé, es que nunca es aburrido. Me divierte también, ver cómo otros colegas resuelven sus espacios, forma y colores. Los años me han desarrollado un ojo bastante crítico para ver lo bueno y lo malo de un proyecto. No le tengo que dar muchas vueltas, aparece a la primera. 

Es como las reformas o el asesoramiento técnico, de mi campo actual de trabajo. En cuanto entro a la vivienda, ya sé lo que haría, lo que cambiaría, lo que va a funcionar o no. 

Unos lo llamarán “oficio”. Yo lo llamo “experiencia”.  Aunque lo bonito sería definirme como que he desarrollado un “oficio”, el de “arquitecto”, con ganas, diversión y algo de profesionalidad. 

Eso sí, cuando salí de la facultad, siempre decía “iré a la obra en un Porsche descapotable“. Pero no, voy en un citroen C3 de la gama estándar.

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Una mano desde el corazón

El último mes y medio, he estado cuidando, ordenando y trabajando para alguien mayor, ayudándola a superar una crisis de salud. Un  familiar muy cercano y querido, mi madre. Llegados a este día, la persona que encontré no es la misma de hoy. Ya está respuestas, con su casa ordenada, con gente que ahora la ayudará a ella en exclusividad, entrenada en sus costumbres y necesidades.

Aunque creo haber hecho lo que tenía que hacer y sobre todo lo que he podido, porque he dejado todo de lado por ella, debo volver a mi vida, que abandoné por esto, de repente. Se que con el deber cumplido, como dicen algunos, pero no sé porque sigo con una sensación que no es suficiente.

Estoy agotada, vacía de estímulos y creyendo que necesito vacaciones. Todo lo que he hecho en mes y medio ha sido apuntalar la vida de ella, con 92,  porque me necesitaba. Y lo haría de nuevo sin rechistar.

Todo lo que he pasado, me ha hecho pensar en varias cosas.

En esa gente que dedican su vida al cuidado de ancianos. No creo que se pueda hacer sino es con vocación, porque es agotador. Les admiro. Si existe un nexo de amor entre ellos, aún más, porque he comprobado cómo una persona mayor, aunque sea de tu misma sangre,  se puede convertir en un tirano, déspota y egoísta en un instante, y de repente, mirarte con unos ojos de melancolía, sonreírte con el paso de sus años en su expresión, y decirte “gracias” por ayudarme y estar aquí, con amor infinito. Partiendote el alma en dos.

Emocionalmente es un tobogán que sube y baja, que termina haciéndote trizas con tu realidad.

Siento empatía por toda esa gente que está lejos de sus seres queridos por las circunstancias que sean Clic para tuitear

Ahora, cuando las cosas están de nuevo en su sitio, hasta la próxima crisis y  donde yo debo volver a mi vida, que está lejos de ella, me pregunto… “¿la volveré a ver con vida?. ¿Me esperará a que la visite de nuevo?” La distancia es tanta, que como poco necesito un par de días para volver. Es complicado.

Siento empatía por toda esa gente que está lejos de sus seres queridos por las circunstancias que sean, que envejecen y no pueden acompañarlos en sus últimos años de su vida, porque han desarrollado las suyas lejos de las de ellos. Duele en el corazón, pasar por eso. Os lo puedo asegurar.

Así que mi consejo de hoy también es para mí…

Vive, ama, y sobre todo disfruta de los ancianos en tu familia si los tienes cerca. No los olvides. No los dejes solos, que la vejez en soledad es muy dura para ellos. Tu tendrás tu vida, pero que parte de ella sea con ellos. Que los que los tenemos lejos, como en mi caso y en el de muchos, se nos hace un pliegue en el alma cuando los tenemos que dejar. Sin saber si el espacio y el tiempo nos volverá a reunir, o solo nos quedará ese recuerdo de amor que siempre tendremos con nosotros.

No desperdicies ese tiempo precioso que la vida te brinda al estar cerca de ellos, que nunca volverá, y si lo haces, lo de abandonarlos teniéndolos cerca, te aseguro que te arrepentirás.

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Mi versión de Los tres monos

Existe una escultura de tres monos, “Mizaru, Kikazaru e Iwazaru, “no ver, no oír y no decir”,donde cada uno está con un gesto. Uno se tapa la boca, otro la vista y otro los oídos. A mi padre le gustaba mucho y tenía una pequeña en su mesa de luz. No voy a profundizar sobre ella, porque en el artículo de El País, del link ya hablan de ella y lo que significa. 

Pero siempre que la veo, la asocio a algo que en la vida se nos presenta. A unos una vez, a otros muchas. El punto donde uno se tiene que detener, y decidir entre lo que “Quiere, lo que Debe y lo que Puede”, hacer con una situación. Situaciones que pueden marcar tu vida con tu decisión. Para cosas sin importancia no se plantean estos dilemas. Bueno en mi no. Siempre son profundas.

Las cosas no tiene solo un significado, sino tantos como personas la vean, oigan o hablen. Clic para tuitear

Volviendo a la similitud.

Lo que quiero hacer, lo asocio con taparme los oídos como el mono, para no oír lo que los demás me quieren decir  para que tome el camino que se me quiere imponer y que yo no quiero hacer.

El mono que se tapa la vista, lo asocio a no querer ver la realidad que tengo ante mis ojos, y se que debo atajar y resolver, aunque no quiera.

Y el último, el que se tapa la boca, lo asocio con no gritar de frustración, al ver que a veces las circunstancias deciden por ti, y solo te dejan un camino que no es el que quieres ni debes, sino el que la vida te deja.

Como todo en la vida, las cosas no tiene solo un significado, sino tantos como personas la vean, oigan o hablen. 

Como aun sigo con mi dilema personal de los tres monos,  y no he tomado una decisión, posiblemente porque no quiero cambiar mi vida, aunque se debería pero visto lo visto, la misma vida solo me esta dejando un camino, hoy mi consejo, va para mí también….

Vive, ama y sobre todo  no te vuelvas loco. No escuches tonterías, no hables sin fundamentos y sobre todo no veas idioteces. Céntrate en tu corazón y lo que la asociación de este con tu mente, te dicen hacer. Respira hondo, deja que el tiempo pase un poco e intenta tomar espacio y perspectiva de la decisión a tomar. Muchas veces, como dicen los sabios, no se puede decidir bien, sin aplacar un poco el temperamento. 

La solución al dilema, aparecerá cuando tengas un poco de paz en tu alma, y se aclare tu mente, del borbollón de información que recibes.  Y sino ya sabes, vete de vacaciones,  y deja que el tiempo pase y te pongas viejo, como dice la canción.

 

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Fisgoneando o cotilleando

Somos animales de costumbre, y una cosa que nos encanta es fisgonear o cotillear, lo digas como lo digas, las cosas de los demás. Está innato en el ADN de lo seres humanos. Nos encanta, no lo niegues. Puede que te guste en más o en  menos, pero todos caemos en la tentación de hacerlo.

Como todo en mis reflexiones, tiene un pero.

Ahora en este siglo XXI, con las redes sociales a pleno rendimiento, esta acción de fisgonear o cotillear, se eleva exponencialmente al infinito y más allá. Es increíble.

Nos vuelve locos querer enterarnos de que hace “el vecino”, por llamarlo de alguna manera a toda persona que no seamos nosotros. Porque sino, gusta tanto los programas del corazón en la tele, o las revistas tipo Hola. Ya sea para ver los detalles de una boda, un bautizo, una relación o si fulana esta más arrugada o tiene celulitis. Parece como si la sociedad de hoy en día, se divierte viendo lo malo y bueno que le pasan a otros,  y no a ellos mismos.

Porque os puedo asegurar, que el tiempo y las injurias de este, como decía el tango, les llegan a todos. Y sino lo hace, es o porque has hecho un pacto con el Diablo, o porque estas muerto.

La gente esta algo enferma, si ya tiene cierta “obsesión” a esta acción en sus vidas, porque todo tiene un límite, lo tengo que decir. Un poquito o en su justa medida, puede ser divertido o darnos tema para una charla social, pero de ahy a vivir viendo, fisgoneando o cotilleando la vida de otros, no es viable para nadie. Sobre todo, no es sano.

Genera una irrealidad, que no es buena. Si para colmo, esa irrealidad o frustración que al final se genera, por la comparación que inevitablemente sucede nuestra cabeza, la vuelcan en las redes sociales sin reparo, con crítica  no constructiva, con ensañamiento, es para ir al psicólogo en la primera de cambio y hacer terapia. Porque no estas bien.

Es más fácil ver la paja en ojo ajeno que en el propio, dice el refrán, o como se diga. Pero es así. Y yo digo “Es más fácil criticar a los demás o cotillear en realidad, que centrarnos en lo que nos pasa e intentar vivir sin llegar a estas prácticas.”

En mi caso, estoy un poco al límite de aguantar estas prácticas. Me gusta ver la vida de los otros, si la muestran, pero lo bueno. No lo voy a negar, es divertido, de todo se aprende. Pero de ahy a vivir continuamente viendo la de los demás y no la mía, es morir un poquito, porque te olvidas de vivir.

Así que ya sabes, vive tu vida, ama, disfrutad de tu tiempo, y olvídate del de los demás.  Para que perder el tiempo con eso, si la vida es muy corta.

che Pedrín: como va tu vida? Hace mucho que no la fisgoneo.

 

 

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Rúa

Esta calle o rúa, como me gusta más decir a mi, es la metáfora de lo que es nuestro camino en la vida. Una recorrido sinuoso´, con diferentes texturas o situaciones, que nos acompañan por ese andar.

La línea principal indica la dirección a seguir pero ¿no os tentaría probar lo que se siente, pisar los diferentes planos de piedras?. Yo creo que si. Porque somos seres curiosos, y que nos gusta cambiar de planes.

Aunque sea más fácil caminar por las piedras lisas, hay que pensar que las volumétricas aunque incómodas, nos dan masajes en nuestros pies. Nos mueven por dentro la energía del cuerpo. Por eso, si seguimos la metáfora, las dificultades nos movilizan y nos tiran para adelante, porque nos obliga a buscar suelos más lisos o situaciones más estables, para seguir. 

A veces es fácil entrar en el caos de las cosas, en este caso las piedras distintas, y nos tenemos que emplear a fondo para salir.  Eso nos hace crecer y aprender, para cuando encontremos en el camino otra parcela incómoda de pisar.

Muchas veces lo que vemos nos  ayuda a reflexionar sobre las cosas de la vida. Es necesario saber ver o mejor dicho mirar. Todo nos da un mensaje, si estamos dispuestos a recibirlo.

Esta rúa de piedras, me ha hablado. Un detalle, la imagen humana del fondo, donde ya ha pasado por muchas las distintas texturas, me indica que es una persona que ha sabido solventar la dificultad del camino.

Observa, piensa, siente y saca tus conclusiones. Clic para tuitear

Imagen vía @Jesús Hernández;”> ha guardado en My Interesting Things (Places & Things…) Callejón con salida…

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Cuando no te creen

Algo que me está pasando últimamente, es que en muchas cosas que digo o menciono, no se me cree.  Si tú dices que “estoy bien”, dicen que no, que no es así. Y es algo que siempre me ha sorprendido.

¿Porque la gente se empeña en buscar roña donde no la hay? Es como si necesitaran que a uno le vayan las cosas mal, o estuviera mal. Les va “su” vida en esto.

(suspiro)

En fin, por si alguien me cree, “estoy bien”, preocupada por algunas cosas como todo el mundo. Intentando ser feliz como tú, que me lees, aunque soy una convencida que la felicidad es solo momentos. Qué es fácil lograrlo? pues no, pero a todos nos pasa lo mismo. No por comentar una situación, es porque uno esté mal, o todo tiene que irme igual. No. Como buena ser racional que soy, hablo de las cosas porque necesito exteriorizarlas, pero no significa que ni me pase nada, ni me esté muriendo. 

¿Qué es preferible, callarse y guardarlas para que se enquistan en uno? pues no.

(suspiro de nuevo) y pienso… porqué tanta tirria conmigo? Por qué quieren que esté mal? quizás eso me tendría que preguntar.

ces´t la vie.

pd: Che Pedrín, tú también eres de los que quieren verme mal? no creo.

#día 20

imagen @de Celeste Giuliano. Retro futurismo.
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Tirarse a la piscina

Tirarse a la piscina es una expresión que puede significar muchas cosas. Entre las simbólicas que a mí más me gustan es “arriesgarse, no teniendo miedo”.  En la vida, él que no se arriesga, muchas veces no consigue nada. Puede que otras tantas veces salga mal lo que se proponga, pero si no se intenta, no se sabrá nunca. Soy de la costumbre de cerrar los ojos y tirarme a la piscina sin pensarlo mucho, porque si lo pienso seguro que el miedo no me dejará. La vida me ha demostrado, que siempre hay agua en el fondo de la piscina. La única diferencia es que sea limpia y nos haga vivir más, o que esté sucia y nos mate. Pero siempre hay agua, que nos hará flotar más o menos y nunca dejaremos de respirar por arriesgarnos. Eso es vivir.

#pensarenelatasco #reflexionesdeldia #reflexion #pensar #lavidaes #imagen @Katrin Korfmann

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