La vida que tengo o la que necesito

Hoy miraba un vídeo de esos que no dicen nada de Hola, pero que me ha hecho pensar. Era la reina Isabel II de Inglaterra a los 95 años, conduciendo su Land Rover para ir un evento de caballos que va siempre.

Era curioso, porque uno asocia edad a poder hacer o no hacer. Bueno, la sociedad que vivimos. Pero parece que la señora no tiene problemas en hacer lo que le apetece. Evidentemente no creo que lo haga todos los días, pero se ha dado el capricho de volver a conducir.

La explicación al hecho de la revista, como siempre manida y tonta, porque se han  quedado desfasados, aunque uno siempre termina cayendo en verla, les maravillaba que “a su edad” siguiera conduciendo. Y resaltaba “la edad que se aparenta no es a veces la que se tiene”, o algo por el estilo.

Tengo que decir que también en el día a día del vivir es similar. La vida es la que se tiene y muchas veces no la que se quiere o puede tener. Extrapolando la idea de la edad que se aparenta y la que se tiene. Porque la vida no se aparenta, se tiene.

Cuántas veces escuchamos “quiero cambiar de vida”. Pero qué significa verdaderamente. Porque no lo hacemos. Diran los gurus del buen rollito, “no puedes cambiar de vida, sino alígeras la mochila emocional”. Puede que tengan razón, pero muchas veces es que tenemos una vida porque es la que hay y nos tocó, y otra la que de corazón necesitamos. Y no importa la llamada “mochila emocional”, porque es lo que hay.

Esto me hace pensar en la vida que tengo y la que verdaderamente necesito.

La que tengo ha evolucionado en el tiempo, y me he ido montando tiempos y situaciones que me han ayudado a tener una rutina más o menos acorde a lo que me apetece, sin muchos floripondios, pero que está bien. Como dato aportaré que he tenido suerte y me he montado el trabajo que me permite tener mucha libertad de horario.

Pero es verdaderamente la vida que necesito? O podría preguntarme “la vida que quiero” mejor? Qué cambiaría para lograrla?

Evidentemente si me sobrara el dinero sería más fácil cambiarla o no. Pero no todo es dinero tampoco. Escribiendo este post, me doy cuenta, que quizás con pequeños gestos que mejoren algunos aspectos, podría tenerla.  Porque no?

La que tengo me ha costado muchos años poder vivirla, mucho trabajo y esfuerzo, con una pizca de estar en el lugar que debía cuando debía y suerte. Algo de riesgo, tambíen, porque reconozco que he sido valiente o inconsciente, y me he metido en fregados que la han mejorado pero que eran un riesgo. Diría que no he tenido hasta ahora una vida conservadora.

Es la que verdaderamente necesito? Lo más probable que si. Porque uno ya tiene unas edades que piensa más en la jubilación que en otra cosa. Como la reina, si pudiera de vez en cuando hacer lo que me apetece aunque no sea convencional por la edad, me daría como satisfecha.

No pretendo hacer carrera, ya la hice y la tengo. No pretendo “logros”, porque los que necesitaba ya los logre, y nuevos ni me los planteo. No pretendo hacerme rica, porque a no ser que tenga un golpe de suerte con la lotería, no tengo medios ni herencias familiares para lograrlo. No pretendo ni ser más guapa, ni más alta, ni más hermosa, porque a la edad que tengo es lo que hay y me acepto tal cual. (Como nota a esto, podría pretender bajar unos kilos pero no para que me vean mejor sino para sentirme mejor.) No pretendo ser lo que no soy, porque como se dice “soy lo que soy”, en lo bueno y en lo malo, le guste a quien le guste.  Más claro agua.

Entonces, llegados a este punto, tengo la vida que necesito o no? Yo creo que si.

Aunque para no dejar de lado mi búsqueda constante en la vida, que cuando me aburro empiezo a ver posibilidades de cambio de trabajo, o de casa, o de lo que sea. Siempre he tenido esta costumbre. Soy de los que piensan “siempre se puede estar mejor”. Seguiré pensando en cambios en aplicar a mi vida. 

Sino como me divierto y supero la rutina impuesta por las obligaciones. Doy gracias por poder hacerlo y no tener impedimentos físicos o emocionales. Los otros se superan con trabajo, esfuerzo, ganas y un toque de buena suerte. Aunque ésta muchas veces es esquiva. Pero que la esperanza en lograr cambios no quede.

Espero como la reina que si llego a los 95 tenga la vida que quiero.

 

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Sentimiento de pertenencia

Cuando uno vive lejos de donde nació, si la mayoría de sus recuerdos, familia y vida es lejana, sufre soledad o mejor dicho desafección provocada por la lejanía. Le falta ese sentimiento de pertenecía, siempre.

Uno siente a todos cercanos, pero a la vez muy lejanos. Te da cuenta de lo lejos que esta de su vida original, realmente,  cuando alguien querido muere. Y si no puede volver para vivir el duelo con tus afectos, aun peor. El cerebro desconecta lo que siente de la distancia, y todo se hace, en algún punto, irreal, como si no hubiera sucedido. Acrecentando lo que muchos llaman “morriña”.

En mi caso, luego de 30 años de vivir lejos de donde nací, he sentido estas faltas o desconexiones, pero sobre todo no me sentía ni perteneciente allí, ni a donde vivo ahora.

Pero es solo un sentimiento.

Porque la realidad me ha demostrado esta semana que si tengo “pertenencia”. Que he echado raíces. Que me puedo sentir que son una “adoptada” de la ciudad y la gente que me acogió.

Teniendo en cuenta que luego de vivir casi 20 años en un barrio, hace cuatro me mude. Aunque nunca he dejado el contacto con el anterior, porque nos separa solo una cuesta. Aunque parece otra ciudad, pero eso para otro post.

De repente me encontré con alguien que hace tres años se fue a vivir a Alcalá, y ahora a vuelto a Madrid y vive en la misma zona que yo ahora. Alguien que hace mucho conocía del otro barrio y los perros. Una alegría.

Y unos días posteriores, tuve que subir a hacer un trámite donde vivía antes, y me encontré con otras dos personas que estaban de café y hace mucho no veía. Una era Elisa, la señora que me acogió cuando llegue al barrio anterior allí por 94.

Si fueras un lector habitual del blog, recordarías porque lo he comentado un montón de veces, esa frase “los amigos de verdad son los que se han comido un saco de sal contigo”. Pues esto me lo enseño, ella, Elisa. Me dio un salto el corazón cuando la vi, y me acerque a ella con los brazos abiertos para darle un abrazo de oso, cosa que hice.

En un principio la vi, viejita  pero como siempre atenta y cariñosa conmigo. No recordaba que me había mudado, y parece que pensaba que yo había vuelto a la Argentina. Le prometí que esta semana la llamaría, y me volvería a subir con más tiempo a tomar un café y charlar como antes. Cosa que haré. Muchas cosas me tiene ella que contar y yo.

Estos encuentros me hacen ver que uno si “pertenece” a algún lugar. Y cuando piense que no, lo recordaré. Aunque lamentablemente el sentimiento de No pertenecer a ningún lado, es recurrente en la gente que no vive donde se crio.  Hay otras carencias, pero vencer esa falta de pertenencia, es lo que diferencia que uno haga arraigo donde vive,  y se quede, o tire la toalla y se vuelva.

Yo se que tengo “pertenencia”, aqui y allí. Allí porque siempre la tuve, parte de amigos y familia siguen ahí, y aquí porque encuentros como los de esta semana me lo demuestran.

Así que  contundentemente puedo decir que seré siempre argentina, pero soy madrileña de adopción.

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Reciclarse, el antes y el después del vivir

Cuando uno va sumando años, las cosas el día a día, ya sea trabajo, aficiones, hasta el amor, entra en una rutina que produce hartazgo. No es raro encontrar gente que te comenta que su relación ya no funciona, o su trabajo le aburre, o que no le motiva su afición.

Es más común de lo que uno imagina, y con la pandemia aún más.

Llegados a este punto de nuestras vidas, que pasamos todos, y digo todos, porque es algo natural, y siempre hay un punto de inflexión en la existencia de cada uno que esto se plantea, hay dos caminos.

Uno, aceptar lo que pasa, conformarse, bajar la cabeza, y seguir con el aburrimiento diario, lo que hace la mayoría de la gente. Dos, decir hasta aquí hemos llegado, sacudirse y reciclarse, lo que hacen los valientes.

Porque para reciclarse de la vida, hay que ser  muy pero que muy valiente. No será fácil, llevará mucho tiempo y dedicación, pero se puede lograr.

Que no te gusta tu aspecto? recíclalo. Que no te gusta tu trabajo? pues cámbialo, aunque esto puede ser difícil en la situación actual, pero no imposible. Que no te gusta tu pareja? pues déjala.

La vida no es solo plan A, siempre hay que tener un plan B. Un plan para poder reciclarla y adaptarla a el nosotros que somos en ese momento.

Porque conformarse, nunca es un plan de vida. Es hundirla.

Si algo he aprendido con los años, es que lo rutinario enferma el alma y el cuerpo. Y de eso con la pandemia este último año hemos tenido mucho.

Yo lo estoy intentando y por eso lo digo. Muchas veces pienso “menudo fregado me he metido” o “esto no es para mí”. Y a la vez me digo “porque no”. La vida es muy corta y tiene los límites que vos quieras ponerle.

Así que, si el otro día el psicólogo de enfrente, nos aconsejaba que nos buscáramos un amante, yo que soy una simple mortal del montón, os aconsejo poneros manos a la obra, y hacer pequeños gestos que nos vayan reciclando la vida.

Siempre lo más sencillo es empezar por uno mismo. Como dejar de fumar, si fumas, o bajar esos kilos del invierno o cambiarnos a un look que nos sintamos bien, o comenzar a leer ese libro que nos espera, o lo que sea. Pequeños gestos, que hagan que nos sintamos bien y que comencemos el gran cambio del antes y después del vivir.

Quizás no logremos reciclarnos en un cien por cien, pero por intentarlo que no quede. Sino lo intentas nunca sabrás lo que es sentirte pleno o casi.

Lo intentamos?

Foto by @desingcollector on Twitter

 

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Si la vida te da limones, pues haz limonada

La frase del título de este post, es algo que últimamente se dice mucho. No tengo ni idea de donde salio, pero tiene cierta connotación conformista de la vida. Y si te dá piedras?? que harás, una lápida? Menuda chorrada.

Todas esas cosas que se dicen por querer “ser profundos”, denotan que al final, no tenemos ni idea, y me incluyo, de que es verdaderamente la vida y sus circunstancias. La tenemos, la disfrutamos como se puede, la sufrimos también, pero sabemos verdaderamente la parte filosófica de ella? Creo que no, sino no la definimos con frases relamidas y que solo tienen  sentido como texto para un cartel de impacto.

Esta moda, por llamarlo de alguna manera, del hombre moderno de frases bonitas, que se dicen posiblemente para hacernos pensar, no se de donde vienen. Yo también a veces las digo y las plasmó en un cartel. Me pregunto, pero son necesarias para abrirnos los ojos, y hacernos pensar en las cosas o no tienen ningún sentido.?

Si nos hacen pensar, vale me parece bien. Pueden ser un punto para que alguien se pare, y reflexione sobre una situación. Porque el verdadero problema es que con la vida que llevamos, muy pocos se ponen a reflexionar sobre las cosas.

Vivir no es solo eso, vivir y aceptar lo que viene con resignación. Sino también reflexionar porque aparecen las cosas y cómo las podemos llevar lo mejor posible. Pero nunca se tiene tiempo para eso, si tenemos que centrarnos en frases hechas para entender lo que nos pasa.

Si ocuparamos parte de nuestro tiempo, a parar y pensar en las cosas, no repetiriamos siempre los mismo errores, o no aceptamos lo que nos pasa solo porque si vienen, es porque debe ser así, y hay que adaptarse. No.

Evidentemente, si las cosas que vienen en nuestra vida son malas, habrá que apechugar, adaptarse y superarlo. Y si son buenas, igual agregando el disfrute de lo bueno que nos llegó. Porque como todo, desde que nacemos, llevamos subiendo y bajando, por el camino. Ni todo siempre es malo, ni todo siempre es bueno, nada es lineal.

Ayer leía a alguien que decía “si todo depende de la actitud”, ¿la actitud de qué depende?”. me hizo acordar cuando se dice “que es antes  el huevo o la gallina”.

Evidentemente la actitud no va a depender de una frase hecha. Dependerá de nosotros, de los factores que influyen en esa actitud, de cómo vemos o sentimos la vida o las situaciones. De tantas cosas depende, que me suena a la letra de una canción.

Pero si, algo tiene razón, todo depende de la actitud. La actitud que tengamos o que podamos tener según nos dejen, en afrontar lo bueno o lo malo de la vida. Y de las cosas que tengamos a mano para poder poner en práctica esa actitud, en este caso según parece serán los limones que nos de la vida para hacer limonada

Intenta que la vida no te de piedras, porque vaya a saber lo que puedas hacer con ellas. Tienes más variedad, si te da limones, que no solo hacen limonada sino unos fantásticos lemon pie, Y como todo, dependerá de la actitud que pongas en aprender a hacerlos, como todo en la vida.

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Crónica dominguera: La vie en rose, ou pas?

Hola a todos. Menuda semana, y como yo siempre digo “y yo me la quería perder“. No voy a contar penurias porque no es mi intención en esta crónica, pero ha sido movidita en todos los aspectos, externos e internos. Lo que confirma empíricamente que “la gente está de los nervios y perdida, en general”. Lo más probable que yo también, no dejo de estar en el mundo. Pero intento no estarlo. Como será que la mañana del sábado, me sentía como si me hubiera pasado un tren por encima, agotada. Hacía mucho que no tenía esa sensación. No era solo físico que también, era todo. Y me daba cuenta que difícil se hacía todo cuando las cosas que son importantes para ti, y prioritarias,  no dependen de ti sino de los que están junto a ti. Es la vida que yo he elegido o he sustentado, no me arrepiento, pero me da mucha desesperanza darme cuenta que no depende de mi.

Esta semana he vuelto a escuchar “los sueños se hacen realidad, siempre”. Mentira. Otros te dicen “esfuérzate, y lo conseguirás”. Mentira también. Por más que pongas empeño, esfuerzo, trabajo, dedicación, cuánto hay otra gente que no lo hace, y debería, es imposible. Por eso siempre digo “las cosas se consiguen si te dejan que lo hagas”, la gente, las circunstancias, el tiempo. Nada, o casi nada depende solo de nosotros. En mi caso, mucho no depende de mí. Y eso me enferma. Ojalá fuera de otra manera, así no me sentiría tan frustrada como me siento. Pero es lo que hay, o lo cambio, cosa casi imposible en estos tiempos y por mi edad, o lo sigo aguantando por necesidad. Creo que no tengo otra opción que lo segundo.

En otro orden de cosas, os cuento que la acuarela de la Gran Vía que hice para un regalo, ha gustado y mucho. Se emocionó cuando la vio. Luego de los agradecimientos, halagos, etc, etc. Me quedé pensando, qué raros que somos. Si todos te dicen “Lu, me encantan tus dibujos” ¿porque tu no los valoras? en igual medida, y los ves como unos del montón. Esto tiene un trasfondo que viene de lejos. Quizás porque a la persona que si me hubiera gustado que me dijera “me encanta”, nunca lo hizo. Nunca valoró mi vena artística. Siempre eran otras cosas pero no esa que era importante para mí. Posiblemente por eso no lo valoro yo. “Carne de diván”, dirían en Argentina. (suspiro) Posiblemente.

Hoy parezco triste, puede, pero estoy cansada, más de lo habitual. Nada más.

Esta semana he empezado a restablecer mi “jardín privado”, que luego de los -20 de enero por más que estaban protegidas, casi no ha sobrevivido ninguna planta. He tenido que tirar casi el 90% de lo que tenía en el balcón, quemado por el frío. Ya tengo una azalea florecida y dos malvones con flores. Me causa gracias porque aquí a los malvones, los llamas geranios, aunque yo los seguiré llamando “malvones”. Estos giros idiomáticos siempre me han sorprendido. Por ejemplo los “jazmines”, esos que en primavera en Buenos Aires, los compramos en ramitos en la calle, y que a mamá y a mí, siempre nos gustaba tener en la mesita de luz.  Aquí los llaman “gardenias”. Posiblemente porque su nombre botánico es “gardenia jazminoide”. En este caso, me gusta el nombre y los llamo así, gardenias. Aunque ahora no tengo ninguno. Porque el clima de Madrid es complicado para ellos. Creo que como aquí empieza el buen tiempo, ya se huele a primavera, me pasare por un vivero esta semana a ver si me hago con más plantas. Verlas me alegra el corazón. Tengo que replantar algunos esquejes que salve del frío de la planta del dinero, y los he tenido en agua largando raíces. Y vaya si lo han hecho. Veremos si crecen, como el dinero o no

Bueno os dejo. Espero que todos estén bien. Y sigan cuidándose. Aquí lo intentamos, esta semana fui a la piscina dos veces. Qué gusto. Iba aterrada, lo reconozco, pero he superado el miedo. Ya me lo decía mi carta astral para este año, que el contacto con el agua era importante en mi vida. Me hace fenomenal. La semana que empieza intentaré ir tres veces. Ya que no puedo aun ir al mar, me conformaré con la piscina.

Y recuerden que esto también pasará.

nota: la imagen que acompaña este texto hoy es una que vi en Pinterest y simboliza mi semana. ( by Yaritza Ellison) Mi semana que no es una tipo “la vie en rose, ou pas?”. Que se acaba hoy febrero.

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Crónica dominguera: Viva el jamón y el aceite de oliva

Hola a todos. Aquí estamos otra mañana dominguera, aun riéndome del algoritmo que ha dicho que el jamón de jabugo y el aceite de oliva virgen es perjudicial para la salud, en un grado 2 siendo 5 el más favorable y 1 el menos,  para el ser humano. Esto pasa cuando se dejan esas variables a un algoritmo. Mi Dios a qué niveles de estupidez hemos llegado. Lo bueno, es que algún despistado o de los que viven su vida a través de estadísticas y no de experiencias contrastables lo dejarán de comer y así los demás que disfrutamos con un buen aceite de primera prensa, virgen como el de Jaén en un buen pan de pueblo y unas lonchas de jamón del bueno, tendremos más.

Otra tontería más para la vida complicada que vivimos. Porque miren que es complicada. Ayer hablando de las musarañas, al solecito de la mañana, mi interlocutora me hacía una reflexión en contestación a la mía sobre lo sombrío del futuro. Diciéndome “que vida se puede tener detrás de esto“, señalándome la mascarilla que llevábamos. Y tiene razón. Como anécdota tengo que contar, que el otro día invité a la paseadora del Sr. Spock a un vino, para charlar y conocerla más, luego de tantos meses de verla en la puerta cuando viene a buscar al gordito. De repente cuando la veo en la mesa de la terraza que quedamos, no la reconocí. La primera vez que la veía sin mascarilla en un año. Lo que me llevo a pensar… “vaya si me la cruzo por la calle sin mascarilla no la saludo  porque no sabría quién era”. Un año, charlando, viniendo casi a diario por el perrito y no la reconocería.

Wow, menudo shock. Darme cuenta como nos ocultan las mascarillas. Que hace que no se sepa o reconozcan las emociones, si sonreímos, o nos reímos. Salvo el sonido que emitimos. No porque no me diera cuenta, sino que esta vez me sorprendió un montón, fue como dicen “tuve una revelación”. Otros tienen revelaciones místicas, yo de darme cuenta la falta de identidad emocional y física que nos ocultan las mascarillas.  (suspiro) Para todos los gustos.

En otro orden de cosas he tenido que sopesar pro y contra de, “perjudicar mi salud física y mental no haciendo actividad física, o el riesgo de contagiarme de Covid.·” La conclusión ha sido que vuelvo el lunes a la piscina. Tuve que superar el miedo a contagiarme sobre mi salud. Seguiré con mis medidas de seguridad propias, usando lo mínimo posible el gimnasio, sin sacarme la mascarilla salvo en la piscina. Pero mi salud física me lo agradecerá. No iré todos los días, quizás dos seguros, máximo 3 a la semana. Pero tengo que hacer algo. Necesito el contacto con el agua. No tener esa actividad me está pasando factura en mi estado emocional, en dormir y en mi movilidad. No puedo permitir que una “posibilidad” de que pueda pasar algo, me inmovilice. Se que tengo miedo de contagiarme. Pero la pregunta del millón es “qué es peor para mí”. Debo salir de mi zona de confort como dicen los psicólogos. Yo diría “a tirarme a la piscina”.

El miedo ya nos inmoviliza demasiado por si pasa… En la vida pueden pasar muchas cosas, no podemos controlarlas todas. Pero tampoco podemos seguir viviendo siempre en esta vida encapsulada que tenemos todos. Tenemos que poner medidas para cambiar ciertas situaciones que nos atenazan porque a largo plazo nos dañaran definitivamente. Habrá que correr el riesgo.

Recuerdo hace más de un año, sin pandemia, con la vida normal, no como ahora y que casi sin darnos cuenta corríamos riesgos desde el momento de salir a la calle. Como si nada. Ni nos dábamos cuenta, ni siquiera lo pensábamos. Y ahora uno tiene que ir en todo momento con pie de plomo, cuidándose, alejándose de los lugares cerrados, de la gente, de la vida. Hemos perdido espontaneidad, afecto, contacto físico, sonrisas, etc etc, en definitiva hemos perdido calidad de vida. Solo ha pasado un año. Y como poco nos queda otro. Esto ya es inaguantable. Así que mejor nos sacudimos un poco el miedo y vivimos un poquito más, sin locuras evidentemente. Pero sin tantas restricciones. Se necesita desmelenarse algo.

Mientras escribo esto, me río sola por no llorar, porque en otra época el desmelenarse en mi caso era por ejemplo, pillar el coche e irme a la playa unos días a tomar el sol o un billete e ir a París a pasar el finde. Ahora no puedo o no me dejan, ni siquiera salir de mi provincia. O ir a Francia porque tengo que hacer cuarentena y todo allí cierra a las 6 de la tarde. Una locura. Como para pensar siquiera en un viaje a la Argentina.

En fin, espero que lleguen mejores días y que sobre todo yo los vea.

Bueno, llegados a este punto, os dejo. Deseando que todos estén bien de salud. Pidiéndoles que se cuiden mucho, pero que se planteen “desmelenarse un poco” con algo, para empezar a romper esa cápsula que nos contiene la vida. Porque no hacerlo con una buena ración de jamón, un buen aceite de oliva virgen extra, una buena copa de vino, y si es en compañía mejor. Eso si es desmelenarse, vaya sino. Dejémonos de tantos algoritmos que nos quieren controlar la vida, aún más, como si no tuviéramos bastante con la mierda de pandemia que estamos pasando.

Recordando que aunque no se sepa cuando… esto también pasará.

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Me lo merezco

Llevo una temporada escuchando o leyendo, como todo el mundo o casi, para convencerse de las cosas dice “porque yo me lo merezco“.  Y es verdad, se merecen las cosas.

Pero has pensado, no te lo mereces solo tú, se lo merece todo el mundo. 

Pues ahí está el punto.

Todos nos merecemos ser felices, tener trabajo, tener salud, tener amor, tener una casa digna donde vivir, tener para comer o mantenernos, etc, etc.

A todo el mundo me refiero a todo el mundo. Los de aquí, los de allá y los de todas partes. Tengo la sensación que mucho de los que dicen “me lo merezco”, o dicen para ellos solos, sin importarles los vecinos o los que vienen de otro lado, etc.

La psicología general, emplea el estímulo  a la autoestima haciendo incapie en el pensamiento positivo “me lo merezco”, porque soy buena persona, o por lo que sea. Si bien, es verdad, vuelvo a reiterarme, creo que nos crea un “sentimiento de superioridad” sobre otros. Y no es así.

Todo ser humano viviente “se lo merece”. Todas las cosas buenas de esta vida, sin importar género, lugar de procedencia, nivel económico o condición social. Todos somos iguales. En derechos y obligaciones. Pero parece que esto no es así, en “merecer algo”. 

Porque muchos creen que “se merecen” ser más que una mujer, por ejemplo, porque son hombres. O se merecen más de la vida, por haber nacido en tal o cual sitio. Etc, etc. 

Podría pasarme horas poniendo ejemplos de las cosas que en este mundo se cree que algunos “merecen” más que otros. Y no tengo ganas.

Esto es solo una reflexión. Nadie tiene el monopolio de “merecer” más que otros. Todos “merecemos” lo mismo, en lo bueno y en lo malo si cabe. Porque el mismo concepto de “merecer” cosas buenas, se aplica en “merecer” cosas malas. Porque la vida es bueno y malo. Tenemos de las dos vertientes y en ambas, todos nos “merecemos” en igual medida todo. Las cosas no suceden sin motivo o sin ton ni son. Suceden porque tienen que suceder.

Así que de todo este lío de merecer o no… 

Vive, ama y sobre todo, disfruta de las cosas buenas que la vida te regala “porque te lo mereces” simplemente por vivir, y de la suerte que tienes de poder hacerlo. Porque el meollo de toda esta reflexión, es darse cuenta y dar las “gracias” por lo bueno, y “apechugar” por lo malo que nos pone a prueba. Y sobre todo, tener claridad en ver que hay muchos que también “se lo merecen ” y no lo pueden disfrutar por sus circunstancias.

Así que la próxima vez que digas “porque me lo merezco”, dilo pensando… “me lo merezco yo y todo el mundo”. 

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Si te enfadas, déjalo

Ayer escuche, tengo que reconocer que no recuerdo donde, el mejor consejo que alguien me podía dar en mucho tiempo….


“Si haciendo algo, te enfadas todos los días, es hora de dejarlo” 

Pues si, un consejo sabio y sobre todo que llevo desde ayer pensando en que más claro agua. Llevo mucho tiempo haciendo un trabajo que me enfada a diario. Llevo mucho tiempo con una vida que hace que salte a la mínima, enfadandome con todo. Llevo mucho tiempo irascible a diario, y enfadada con la vida. Con todo.

Creo que ha llegado el momento de dejarlo para poder ver adelante y hacer otra cosa. No solo con el trabajo, sino con muchos aspectos de mi vida.

¿Qué voy a hacer? pues no tengo ni idea.

Pero como muchas veces he dicho en este blog en todos estos años, los problemas se solucionan, como primer paso, reconociéndolos.

Y yo tengo un problemas, ese que me enfada a diario. (suspiro)

Los motivos no los se, si los supiera no estaría en este dilema. ¿Los puedo intuir?. Quizás que ya he perdido la paciencia para soportar la tontería general. Quizás he pasado la linea de vida que hace que vea para atrás y que ansíe algo nuevo en mi vida. Quizás… quizás…quizás.

He cambiado de década hace dos semanas, y ahora tengo que cambiar de vida, ya. No se puede vivir siempre enfadado. @lucreziarrias Clic para tuitear

Lo que le digo siempre a todos, me lo diré a mi misma y al que lo quiera escuchar.. Vive, ama y sobre todo si algo de tu rutina de vida, sea lo que sea, te enfada a diario, déjalo y cambia por otra cosa. Que esta vida es muy corta para estar enfadado siempre.

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Aun no se que contestar

Aún no se que contestar de mi pregunta de las 3 cosas que hacen qué vivir valga la pena.
A mi me pasa como a Kotinusa, que como no tengo hijos, ni pareja, no se que decir, aunque ella lo tiene más claro.

En ningún momento pensé que las respuestas serían distintas a las que han sido. Soy una convencida que el “amor” nos mueve.
Ya sea el amor a los hijos, a una pareja o una familia.
Pero y cuando no las tienes como yo? Qué es lo que me mueve.
Esto es algo que de vez en cuando pienso, y nunca lo tengo claro. Por eso, creo que es tan fácil bajonearse.
Tampoco creo que lo que haga que valga la pena vivir, seamos solo nosotros como me dice Aguardentero. Tiene que haber otra cosa.

Quizás esa búsqueda de algo que justifique el esfuerzo por seguir, el esfuerzo por levantarse todos los días, por no perder la sonrisa, por pensar que el mañana será mejor que hoy seguro, es lo que me mueve. Y no es un comentario, ni depre ni nada ein, aunque lo parezca.
Es algo que pienso bastante. ¿El porqué?
Porque me tengo que matar trabajando 12 hs por día todos los días.
Porque me esfuerzo por tener una casa, si me daría lo mismo vivir de alquiler.
Porque nunca tengo tiempo, o mejor dicho, me hago tiempo para perderme por el mundo porque el trabajo me absorbe.

Tema peliagudo este.

En realidad, creo que la pregunta no seria en mi caso, “qué cosas hacen que valga la pena vivir”, porque yo amo la vida, y las disfruto al máximo siempre o casi dentro de lo que mis medios me dejan, sino “que cosas hacen que se justifique que te sigas esforzando tanto por mantener la vida que tienes”.

Será la edad o soy la única que tiene esta inquietud?

imagen vía@vestidoslindosatelier.tumblr.com

 

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