Crónica dominguera: Viva el jamón y el aceite de oliva

Hola a todos. Aquí estamos otra mañana dominguera, aun riéndome del algoritmo que ha dicho que el jamón de jabugo y el aceite de oliva virgen es perjudicial para la salud, en un grado 2 siendo 5 el más favorable y 1 el menos,  para el ser humano. Esto pasa cuando se dejan esas variables a un algoritmo. Mi Dios a qué niveles de estupidez hemos llegado. Lo bueno, es que algún despistado o de los que viven su vida a través de estadísticas y no de experiencias contrastables lo dejarán de comer y así los demás que disfrutamos con un buen aceite de primera prensa, virgen como el de Jaén en un buen pan de pueblo y unas lonchas de jamón del bueno, tendremos más.

Otra tontería más para la vida complicada que vivimos. Porque miren que es complicada. Ayer hablando de las musarañas, al solecito de la mañana, mi interlocutora me hacía una reflexión en contestación a la mía sobre lo sombrío del futuro. Diciéndome “que vida se puede tener detrás de esto“, señalándome la mascarilla que llevábamos. Y tiene razón. Como anécdota tengo que contar, que el otro día invité a la paseadora del Sr. Spock a un vino, para charlar y conocerla más, luego de tantos meses de verla en la puerta cuando viene a buscar al gordito. De repente cuando la veo en la mesa de la terraza que quedamos, no la reconocí. La primera vez que la veía sin mascarilla en un año. Lo que me llevo a pensar… “vaya si me la cruzo por la calle sin mascarilla no la saludo  porque no sabría quién era”. Un año, charlando, viniendo casi a diario por el perrito y no la reconocería.

Wow, menudo shock. Darme cuenta como nos ocultan las mascarillas. Que hace que no se sepa o reconozcan las emociones, si sonreímos, o nos reímos. Salvo el sonido que emitimos. No porque no me diera cuenta, sino que esta vez me sorprendió un montón, fue como dicen “tuve una revelación”. Otros tienen revelaciones místicas, yo de darme cuenta la falta de identidad emocional y física que nos ocultan las mascarillas.  (suspiro) Para todos los gustos.

En otro orden de cosas he tenido que sopesar pro y contra de, “perjudicar mi salud física y mental no haciendo actividad física, o el riesgo de contagiarme de Covid.·” La conclusión ha sido que vuelvo el lunes a la piscina. Tuve que superar el miedo a contagiarme sobre mi salud. Seguiré con mis medidas de seguridad propias, usando lo mínimo posible el gimnasio, sin sacarme la mascarilla salvo en la piscina. Pero mi salud física me lo agradecerá. No iré todos los días, quizás dos seguros, máximo 3 a la semana. Pero tengo que hacer algo. Necesito el contacto con el agua. No tener esa actividad me está pasando factura en mi estado emocional, en dormir y en mi movilidad. No puedo permitir que una “posibilidad” de que pueda pasar algo, me inmovilice. Se que tengo miedo de contagiarme. Pero la pregunta del millón es “qué es peor para mí”. Debo salir de mi zona de confort como dicen los psicólogos. Yo diría “a tirarme a la piscina”.

El miedo ya nos inmoviliza demasiado por si pasa… En la vida pueden pasar muchas cosas, no podemos controlarlas todas. Pero tampoco podemos seguir viviendo siempre en esta vida encapsulada que tenemos todos. Tenemos que poner medidas para cambiar ciertas situaciones que nos atenazan porque a largo plazo nos dañaran definitivamente. Habrá que correr el riesgo.

Recuerdo hace más de un año, sin pandemia, con la vida normal, no como ahora y que casi sin darnos cuenta corríamos riesgos desde el momento de salir a la calle. Como si nada. Ni nos dábamos cuenta, ni siquiera lo pensábamos. Y ahora uno tiene que ir en todo momento con pie de plomo, cuidándose, alejándose de los lugares cerrados, de la gente, de la vida. Hemos perdido espontaneidad, afecto, contacto físico, sonrisas, etc etc, en definitiva hemos perdido calidad de vida. Solo ha pasado un año. Y como poco nos queda otro. Esto ya es inaguantable. Así que mejor nos sacudimos un poco el miedo y vivimos un poquito más, sin locuras evidentemente. Pero sin tantas restricciones. Se necesita desmelenarse algo.

Mientras escribo esto, me río sola por no llorar, porque en otra época el desmelenarse en mi caso era por ejemplo, pillar el coche e irme a la playa unos días a tomar el sol o un billete e ir a París a pasar el finde. Ahora no puedo o no me dejan, ni siquiera salir de mi provincia. O ir a Francia porque tengo que hacer cuarentena y todo allí cierra a las 6 de la tarde. Una locura. Como para pensar siquiera en un viaje a la Argentina.

En fin, espero que lleguen mejores días y que sobre todo yo los vea.

Bueno, llegados a este punto, os dejo. Deseando que todos estén bien de salud. Pidiéndoles que se cuiden mucho, pero que se planteen “desmelenarse un poco” con algo, para empezar a romper esa cápsula que nos contiene la vida. Porque no hacerlo con una buena ración de jamón, un buen aceite de oliva virgen extra, una buena copa de vino, y si es en compañía mejor. Eso si es desmelenarse, vaya sino. Dejémonos de tantos algoritmos que nos quieren controlar la vida, aún más, como si no tuviéramos bastante con la mierda de pandemia que estamos pasando.

Recordando que aunque no se sepa cuando… esto también pasará.

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Encerrando la vida

Llevamos un año en pandemia, y no se ustedes pero a mi me parece una eternidad. Lo que me demuestra que el tiempo es relativo. Muchas cosas han pasado y pasan día a día sobre este tema, la pandemia. Desde encierros, aislamientos impuestos o forzados, falta de contacto físico, uso de mascarillas, restricciones, ordenanzas, formas de relacionarnos, y etc. etc. Infinidad de cosas que llega a agotarnos emocionalmente.

Ahora ha aparecido un nuevo término “fatiga pandémica”. Yo lo llamaría “león enjaulado”. Porque así me siento, como una fiera en la jaula del zoo. Una jaula ficticia con barrotes que siempre he odiado. Dándome cuenta de todo lo que hemos dejado de hacer o de compartir.

En mi caso, añoro poder escaparme al mar unos días, o alguna ciudad de esas que me gustan a dibujarla. LLevo desde noviembre del 2019 sin viajar a casi ningún lado. Salvo tres días a Galicia el verano pasado que se vieron interrumpidos por un cierre por un brote de Covid, lo que hizo que mis esperadas vacaciones se fueran al traste, y tuviera que volver a mi casa a encerrar la vida. Con lo que me gusta viajar.

Porque eso hemos tenido que hacer este último año, encerrar la vida. 

Siento nostalgia de muchas cosas, pero sobre todo el tener la libertad de irme donde me apeteciera sin tener que pensar si me dejan o no. En esta vida encerrada que tenemos, ya no cuenta el querer, sino el poder por obligación. Y eso agota demasiado ya.

Tenía la esperanza que en 2021 las cosas cambiarian, pero ya la perdi. Ahora espero que en el 2022 algo sea normal.

No me molesta la mascarilla, o la distancia social, lo entiendo, siempre que pueda tener contacto social. Eso sí se echa en falta. La parte social de la vidas. Podemos tener casas que nos hagan sentir bien, pero vivir en soledad en ellas, continuamente es lo que machaca.

Este texto puede parecer una queja, pero a que vosotros os sentís igual? Y me pregunto.. ¿El sentir general de los mismo síntomas, mitiga la queja en sí? Yo creo que si. Así que no me estoy quejando, sino reflexionando sobre un sentir general. O como se dice… “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Puede que me quiera consolar pensando que lo que me pasa a mi también pasa a todo el mundo. Pero no es eso. Sino que es la cruda realidad. Esa llamada “fatiga pandémica” que dicen los psicólogos, está haciendo mella en nuestros ánimos, cada uno a su manera.

Con los cercanos que hablo, les pasa lo mismo. Lo dirán con las mismas palabras o con otras, pero estamos metidos todos en el mismo barco. Se que “esto también pasará”, pero ¿cómo llegaremos al final? Hartos, desilusionados, esperanzados, cansados, ¿cómo? (suspiro) No tengo ni idea.

Quiero creer, porque soy una persona positiva, que bien, que superaremos todo esto sin secuelas, valorando aún si cabe más la vida y las relaciones sociales que tenemos. Valorando o aprendiendo que la vida puede cambiar en un instante, como cambio la de todos ese sábado de marzo de 2020 cuando empezó el confinamiento obligatorio.

Deseo de todo corazón, que nos quede marcado a fuego, y así disfrutemos de los tiempos venideros más intensamente, con más amistad, diciendo más “te quiero”, compartiendo aún más las risas, y valorando la vida en todas sus facetas. 

Porque esta vida encerrada que tenemos ahora, no es vida. 

Foto: The girl in a ball :: Didier 82
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Crónicas domingueras: Be my Valentine

Aquí estamos, otra semana más. Para los que festejan San Valentín, mi enhorabuena, para los que no… pos que se le va a hacer no?. Se que muchos reniegan porque dicen que es un día solo comercial, puede ser. Pero en EEUU, es algo que se festeja hace muchos años, pero no es solo para los enamorados. Sino para decirles que les quieren a los amigos, a las familias y a esas personas que están a nuestro lado y no se lo decimos nunca. Si hay un día para cada cosa, como ayer que fue el de la radio, porque no uno para el amor? Cuando dicen que es la fuerza más potente de todas. La frase “be my Valentine”, es eso, para los amigos que no son una pareja. Así que, a llenar el día de amorrrr, por favor, que de lo demás sobra.

Sobran las peleas, las discusiones, las elecciones catalanas, las amenazas, los virus, las reglas, las órdenes, las quejas, porque mira que se quejan, etc. Etc.

Y hablando de quejas, una que ya también supera lo aguantable es la de la hostelería. Se que me pondrán el grito en el cielo, pero es así. Si les cierran porque les cierran. Si les abren, porque solo pueden trabajar el 50% de ocupación. Que papá estado les indemnice por no ganar lo que deberían haber ganado abiertos, y siguen y sigue. Parecen como esa personas que no hacen nada más que exigir y pedir. Y los demás qué? Hemos estado de jauja? Y los que han perdido el trabajo? Y los que no tiene para comer en serio? A ellos que??? Yo comprendo que el que no trabaja no vive, es mi caso. Los meses que no tuve trabajo por la pandemia, y el 2020 no fue muy productivo que digamos, no entro absolutamente nada, porque papá estado, consideró que no tenía derecho a nada de subvención (al final no sé a quién se lo dieron) , o como mi banco, al que pedí ayuda, y aunque no tengo deudas ni hipoteca, dice que soy “insolvente” o algo parecido. Yo creía que el concepto “insolvente”, era el que no tenía para pagar sus deudas, pero parece que es más amplio, como no tener una empresa que te pague todos los mese un sueldo, o una subvención del estado. El riesgo parece que no es atractivo, para un banco. Aunque existan otros medios, no se muy bien cómo evalúan. Así que yo no  entro en los parámetros de una persona “solvente” según el banco, posiblemente porque no tengo ahorros por miles para que me cobren comisiones por tener el dinero en el banco, será eso. Es demencial. Siempre me queda la pregunta… cual es la función de un banco…. ayudar a sus clientes o desangrarlos?

Comprendo que el sector de la hostelería se queje, pero siempre?? O es que solo nos enteramos de las quejas de ellos? Puede ser. Al final la información que nos llega está tan sesgada por intereses, que uno ya no sabe que escuchar. Como decían, corramos un tupido velo. Eso me gustaría hacer en muchos temas, correr un tupido velo, para ver las cosas de lejos o entre penumbras. Para que verlas tal cual son, asustan o mejor dicho aterran.

Esta semana he retomado con mucho esfuerzo, porque cada cosa que hago me cuesta un montón,  el tema del arte en mi vida. Un día de paseo por un museo a ver pintura, aunque lo que vi no me impresionó mucho, salvo un cuadro de la primera época de Mondrian, que ilustran esta crónica hoy. Me quedé un buen rato viéndolo, me recordó, sin comparar por supuesto,  a mis cielos de cuando comencé  a pintar. Siempre me ha gustado mucho pintar cielos. Sinceramente me enamoró, no así lo otro que vi. Eso sí, disfrute del sol y uno de los patios de museos que más me gusta, el Reina Sofía, con una tranquilidad pasmosa y viendo como se movía el móvil de Calder del centro, con la brisa que había. Momento mágico. Me faltó fumarme un cigarrillo pero está prohibido. Hubiera sido el clímax. Y al día siguiente, fui a dibujar con los uskmadrid, al paseo del prado. Y pinté. Si pinté de nuevo al aire libre. Un gusto. Aunque cuando volví a casa, me sentía cansado como si hubiera corrido una maratón. Será por lo que estoy pasando, pero lo hice, no me encerré en casa.

Como curiosidad os cuento que la serie que os recomendé la semana pasada, la recomendaba hoy en el HOLA, Sara Carbonero, para distraerse luego de salir del hospital (La extraordinaria playlist de Zoey). Así que mi recomendación temprana no ha estado mal. No? Os recomiendo otra, totalmente distinta, en HBO, The Undoing, con Nicole Kidman y Hugh Grand, 6 capítulos para ver de corrido. Muy buena. Hasta el minuto final, no sabes quien es el asesino, y yo no haré spoiler.

Bueno, os dejo. Que tengan una buena semana. Aquí como siempre seguimos cuidándonos, cumpliendo con las obligaciones aunque nos cueste mucho hacerlo, pero lo hacemos. He intentado superar el inmovilismo que nos ocasiona el ánimo. Qué es lo que hay.. ya habrá tiempo de estar como antes.

Y recuerden…. Esto también pasará.

Nota: el cuadro que ilustra esta crónica es de Mondrian. A que no parece de él. Y la foto no le hace justicia, los colores son más bonitos al natural. Me recordaba a los cielos de Turner, que también me encantan.

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Esperanza o pensamiento mágico

Unos lo llaman “tener esperanzas”, yo lo llamo “hacer uso de nuestro pensamiento mágico”. Tener esperanzas, sabes que es… ser esperanzador, esperar que las cosas mejoren, o que algo suceda por nuestro esfuerzo y trabajo en la solución de algo.

Y sabes que es el “pensamiento mágico”?. Pues es simple, lo mismo pero también cuando las personas viven o creen vivir bajo unos parámetros, que tienen algo de irrealidad, que tienen algo de esperanza mezclada con inocencia. Algo de la definición dice “Básicamente consiste en atribuir un efecto a un suceso determinado, sin existir una relación de causa-efecto comprobable entre ellos.”

Pues así estoy yo, aplicando “pensamiento mágico” a todo tren, teniendo la sensación o la esperanza que algo sucederá, venido de arriba o de donde sea, pero que me solucionará todo. Que ilusa. Pero que lindo es tener esa sensación que aparecerá la solución sin tener mucho que ver nuestras acciones. Sería como sacarse la lotería, sin esfuerzo y sin jugar, más o menos.

Cuando todos los caminos o posibilidades de solucionar algo racionalmente desaparecen, nos queda eso, aplicar nuestro pensamiento mágico de la vida. Todos lo tenemos implícito de fábrica. Porque ya las cosas no dependen de nosotros sino de las circunstancias, del universo o de quien sea. Pero qué difícil es ¿no?

Tener la sensación que no controlamos la circunstancias que pueden dar un vuelco a tu vida, crea bastante inseguridad. Pero hay que pensar… es lo que hay. Ya hemos intentado todo, pero nada a cambiado. Todo nos lleva a la misma puerta, que es la que no queremos abrir, pero visto lo visto, se abrirá ella solita para nosotros.

Llegados a este punto, suspiramos. Respiramos hondo, y nos tiramos al vacío sin saber muy bien que nos vamos a encontrar al final.

Así que mi consejo de hoy es…

Vive, ama y no te preocupes. Porque si tienes que solucionar algo, y tú quieres hacerlo de una manera, aunque las circunstancias te harán ver cuál es el único camino. Puede que no te guste a ti, pero deberás transitar por ello. Y hasta que no llegues al final, no sabrás quién tenía razón, si tú o el universo.

No intentes ir para un lado cuando tus zapatos te llevan para el otro. Clic para tuitear

Muchas veces nos obcecamos con una solución a un problema, y no queremos ver que la tenemos delante de nosotros, aunque no sea la que queremos. Si es así, que no la queremos, piensa… y ¿si lo intento por ese camino? Quizás no tengas tú “esperanzas” que por ahí va la solución, pero la vida te la está indicando. Y por algo será.

Amplia tu mente e intenta ver todo globalmente. Ahí están las soluciones siempre, aunque para llegar a ella pongas algo de pensamiento mágico.

Un poco de pensamiento mágico con esperanza puede ser una buena mezcla para encontrar la solución a un problema. No intentes ir para un lado cuando tus zapatos te llevan para el otro.

Imagen @choisart.com
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La vida sigue

Por suerte vemos que la vida sigue adelante. El año 2020 ha sido muy duro para todos, el 2021 no ha empezado con buen pie, pero la vida sigue. Menos mal.

Los pequeños detalles que te hacen partícipe, como ver cómo quedó tu habitación donde has crecido, con su nueva inquilina. Ver como recicló algunos de tus muebles, cambiando su aspecto con un nuevo color. Cómo han combinado sus propios muebles con esos, y le ha dado nueva vida al espacio que te vio crecer a ti, alegra el corazón. Y así todos los espacios de una casa que volvió a la vida, con sus nuevos habitantes, cuando la persona que vivía en ella nos dejó.

No voy a decir que me dá algo de tristeza, pero es ver que la vida sigue su curso. Uno no se puede apegar a los objetos, porque no sirve de nada. Que has tomado la decisión correcta en dejar que esto pasara.

El tiempo pasa muy rápido. Y aunque pensemos que estamos anclados no lo estamos. Hay que dejarlo fluir. Como la vida.

Escribiendo este texto, me pregunto porque no es así en todos los temas. Nos anclamos en recuerdos, cosas materiales y situaciones que nos llevan a una época que nunca más va a volver. Nos olvidamos, más veces de las que deberíamos, que el pasado pasó y no va a volver, por más que nos empeñemos en ello.

Dicen los budistas que hay que vivir sin apegos. Pero como ya he dicho en este blog alguna que otra vez, a nosotros de cultura occidental, con enseñanzas religiosas bastantes tradicionales, es muy difícil de entenderlo y sobre todo de llevarlo a cabo.

Me doy cuenta que yo vivo mucho en el pasado, lamentablemente. En pensar en el que hubiera pasado si… o en dar vuelta sobre recuerdos una y otra vez, sin darme cuenta que pierdo el tiempo.

Hace unos días hablando con una amiga, me vinieron a la cabeza una serie de situaciones de esas, de las que me gustaría saber qué hubiera pasado si el resultado hubiera sido el distinto al que fue. Donde hubiera ido mi camino si la decisión o conclusión del hecho en cuestión no hubiera sido la que fue.

Y pienso, ¿porque me debería importar? si ya pasó. De que vale siquiera analizarlo. Pero yo soy asi, le doy vuelta a las cosas aunque no valga de nada hacerlo.

Algún día lo aprenderé. Vivir el presente. Espero no llegar tarde.

Las decisiones que tomamos en la vida, pueden ser buenas o malas, pero son eso decisiones. Yo he tomado algunas que han cambiado mi vida radicalmente y lo seguiré haciendo como siempre, sin preguntar a nadie, porque al final si me equivoco o no, es mi desición. Pero qué duro a veces es hacerlo, no?

Decisiones que cierran ciclos en la vida son las que más marcan. De esas he tomado alguna este último tiempo, y llegados a este momento, estoy convencida que fue la correcta.

Como muchas en mi vida, cerré los ojos y ni lo pensé mucho, le hice caso a mi corazón, no a la cabeza. Como ejemplo pasado y que no tendría que olvidar, es que ese método me llevo a vivir donde y como vivo por 30 años.

La vida sigue, por suerte. Los nuevos ciclos aparecen y habrá que tomar otras decisiones, pero eso será ya el futuro, y  sinceramente el futuro no está escrito, de eso estoy segura. 

El tiempo dirá…

 

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Caminante son tus huellas el camino y nada más…

El día final del año, para mí siempre ha sido especial, porque era el cumpleaños de mi madre. Hoy hubiera cumplido 94. Por la mañana festejábamos su cumple, y por la noche el año nuevo. Doble festejo, que hoy es agridulce. Porque ella ya no está para cantarle aunque sea por teléfono el cumple feliz, que la distancia marcaba a veces, y porque no tenemos ganas de festejar el año de m… que se va. 

Quizás si el que viene, que aunque tenga pocas cosas buenas, será mejor que este. Seguro. Cruzo los dedos, porque si algo he aprendido de todo estos meses, es comprobar la inmediatez de la vida. Que te puede cambiar de un día para otro sin darte cuenta.

Cuántas cosas perdimos este 2020. A seres queridos, los abrazos o representaciones de afecto de contacto físico, el que se vea nuestra sonrisa o nuestros gestos por las mascarillas obligatorias, hasta nuestra libertad de movimiento. Mucho pero que mucho, se fue. Algunas no volverán más, pero si tengo que desear algo para el año próximo, es que vuelvan esos abrazos de oso, ese te quiero dado con ellos.

Pero bueno, como decía Machado en su poema….Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar…
…Caminante son tus huellas el camino y nada más. Caminante, no hay camino se hace camino al andar.
.

Somos caminantes, y el camino se hace día a día caminando para adelante sin ver atrás. Si lo hacemos, veremos las huellas que hemos dejado en la vida. 

Y la que han dejado en nuestro corazón los que se han ido, los que están lejos, nuestras decisiones, nuestros aciertos y errores, los te quiero que hemos dicho y demostrado, los aquí estamos para lo que sea, nuestras alegrías y tristezas.

Todo lo que deja marca. Algunas buenas que nos ayudarán a seguir adelante, y otras no, pero que hay que recordar para no volver por esos pasos.

La vida es corta, es hoy, es inmediata. No perdamos el tiempo lamentándose de lo que podríamos haber hecho, dicho, pensado o amado. Que si algo nos recordará siempre este años horribilis que por suerte ya le queda poco, es que también podemos cambiar la vida que teníamos forzados por algo externo que esta vez ha sido un virus, y que será la próxima?

Vivamos plenamente o intentémoslo hoy, no vaya a ser  que lo próximo que la limite llegue así de repente, como estos meses. Así que, un buen 2021 como poco. Nunca olvides

…Caminante son tus huellas el camino y nada más. Caminante, no hay camino se hace camino al andar..

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Tirar la toalla

Leía en una foto el otro día, “si vas a tirar la toalla, que sea en la playa“. Me pareció divertida, pero encerraba muchas cosas, porque yo quiero “tirar la toalla“, mucha veces.

Es una expresión muy común relacionada con el fracaso, con la falta de lucha, con darse por vencido. Pero si lo piensas también es reconocer que uno está superado por la situación, y que debe hacer otra cosa.

Reconocer que una realidad lo supera es darse cuenta que no siempre somossuperpersonas“, ni super nada, que podemos con todo. Somos seres humanos, con fortalezas y debilidades, imperfectos. Y ahí reside nuestra riqueza, en la falta de perfección. No todos podemos con todo.

Si has puesto todo lo que tenias por una meta, y esta no ha sido posible, no es porque tu eres un  “inútil”. Simplemente es porque eso no era para ti. Habrá otra cosa más acorde contigo esperándote, os lo aseguro.

Habia una teoría, de estos nuevos “gurus” que parece que tienen la solución a todos nuestros cuestionamientos existenciales, que “en cada generación de seres humanos, nacen cada 1000 un genio  y los demás 999 son constancia, trabajo y dedicación“.

Pues es verdad, no todos podemos con todo. Me parece saludable un día darse cuenta que no se puede con algo, y “tirar la toalla” para recoger otra para empezar otra lucha.  

Porque la derrota de una situación no es el final, es el comienzo para otra lucha.

Eso sí, si tiras la toalla, que sea en la playa, para empezar. Que un buen descanso después de una “derrota”, no es una mala idea. Nunca. Ya vendrán los días de volver a empezar, aunque sea de un paso atrás.

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Ya no tengo paciencia

Dicen que cuando uno comenta “estoy harto”, esta negativizando su entorno con una queja. Puede ser, pero basta de tanto buen rollito, porque si, estoy harta y como.

No me considero una persona distinta o especial, ni mejor o peor, soy lo que soy. Yo, te puedo gustar o no, caer mejor o no, pero seguro que ves lo que hay, nada oculto, nada misterioso, soy así. Pero parece que todos los “tontos”me tocan a mi, o puede que yo lo vea así, porque este cansada y he perdido mi capacidad para desarrollar paciencia.

Puedo poner muchos ejemplos pero contaré uno de los super raros que me han pasado. A ver si me entienden.

Entro a una tienda por un sujetador para hacer gimnasia. Porque  “mis chicas”, como dicen en USA, envidia de muchas, me molestan cuando hago deporte, por ejemplo. Entro y le digo a la dependienta, que tenía pinta de ser la dueña, lo que quiero y va y me dice “vale, pero son caros“.

Me la quedé mirando, sinceramente sin saber muy bien qué contestarle porque me parecía surrealista. Le contesto “me lo imagino, pero no estoy aquí por un chollo sino por un sujetador para hacer gimnasia”.

Evidentemente tengo que deducir que me vio mala pinta o pinta de pobre,  o simplemente tenía un mal día y no quería vender, para hacer ese comentario antes de mostrarme nada a ver si me iba, porque otra respuesta lógica no tengo.

Y de este calibre, surrealista, puedo contar muchas más acaecidas esta época. Pero no quiero quejarme, solo diré que tengo muchos motivos para “ESTAR HARTA”.

Leía el otro día un texto atribuido a Meryl Streep, no se si es verdad, pero me da igual, lo haré mío…y dice “Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreír.

Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío. No soporto conflictos y comparaciones.

Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia” .

Y toda otra palabra sobra…

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A tu bola

Este collage de Multiverse,  me ha encantado porque muestra con mucha, pero que mucha imaginación, como vamos por la vida. Cada uno con su propia galaxia en su cabeza. O como se dice por estos lares “cada uno va a su bola”.

La vida es fantástica cuando la compartimos con los demás. Pero cada vez más, nos olvidamos de ello. Se nos hace muy pero que muy cuesta arriba, poder compartir las emociones, afectos o el tiempo libre, con los demás. Inconscientemente, sin darnos mucha cuenta, intentamos que los demás hagan lo que nosotros queremos y no lo que quiere el grupo. Esta actitud, nos aísla aún más unos de otros.

Es una actitud bastante común, es como una lucha de poder inconsciente entre humanos. Y cuando te das cuenta de esto, intentas rectifica pero ya te has aislado y dando vueltas con la galaxia en la cabeza tú solito.

Me gusta la galaxia que tengo en mi cabeza, pero también me gusta compartirla o acercarla a la que tienes tu. Cada día me gusta menos que sea una galaxia aislada en el universo. Me gusta que sea cercana a la de los demás. Si el otro día decía que el mal del siglo XXI es la soledad + individualismo, con esto lo aseveró.

El “ir a tu bola” por la vida es no tener empatía hacia tus semejantes. Se debe aprender a vivir sin depender de nadie y ser autosuficiente, nos educan a ello, pero una cosa es ser responsable de uno mismo y otra muy distinta pasar de todos los demás por ir a tu bola, o que los demás pasen de ti porque les incomoda como eres. Cuanta gente conocemos que son así? pues un montón, y a veces no nos damos cuenta, y cuando lo hacemos ya es tarde.

Me ha pasado muchas veces, que de repente me he dado cuenta que me han echado del grupo y no he sabido muy bien porque. Me quedo con la cara de tonto preguntándome hacia adentro, porque no hay nadie que lo escuche, Porque? Me ha pasado más de lo que me gusta reconocerlo.

Intento entender y aceptar las cosas que suceden, pero en estos casos me he quedado sin una respuesta clara y luego de mucho pero que mucho tiempo, aun me sigo preguntando porqué mi galaxia personal no se mezcló con la tuya.

Ir a tu bola, es no reconocer que no vivís solo en una isla, sino en una sociedad que nos interconecta, aunque tengamos una galaxia distinta cada uno en nuestra cabeza.

Ya sabes, vive, ama, sueña, y conecta esa galaxia tuya con las de los demás.

Imagen collage encontrada en Pinterest
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