Reciclarse, el antes y el después del vivir

Cuando uno va sumando años, las cosas el día a día, ya sea trabajo, aficiones, hasta el amor, entra en una rutina que produce hartazgo. No es raro encontrar gente que te comenta que su relación ya no funciona, o su trabajo le aburre, o que no le motiva su afición.

Es más común de lo que uno imagina, y con la pandemia aún más.

Llegados a este punto de nuestras vidas, que pasamos todos, y digo todos, porque es algo natural, y siempre hay un punto de inflexión en la existencia de cada uno que esto se plantea, hay dos caminos.

Uno, aceptar lo que pasa, conformarse, bajar la cabeza, y seguir con el aburrimiento diario, lo que hace la mayoría de la gente. Dos, decir hasta aquí hemos llegado, sacudirse y reciclarse, lo que hacen los valientes.

Porque para reciclarse de la vida, hay que ser  muy pero que muy valiente. No será fácil, llevará mucho tiempo y dedicación, pero se puede lograr.

Que no te gusta tu aspecto? recíclalo. Que no te gusta tu trabajo? pues cámbialo, aunque esto puede ser difícil en la situación actual, pero no imposible. Que no te gusta tu pareja? pues déjala.

La vida no es solo plan A, siempre hay que tener un plan B. Un plan para poder reciclarla y adaptarla a el nosotros que somos en ese momento.

Porque conformarse, nunca es un plan de vida. Es hundirla.

Si algo he aprendido con los años, es que lo rutinario enferma el alma y el cuerpo. Y de eso con la pandemia este último año hemos tenido mucho.

Yo lo estoy intentando y por eso lo digo. Muchas veces pienso “menudo fregado me he metido” o “esto no es para mí”. Y a la vez me digo “porque no”. La vida es muy corta y tiene los límites que vos quieras ponerle.

Así que, si el otro día el psicólogo de enfrente, nos aconsejaba que nos buscáramos un amante, yo que soy una simple mortal del montón, os aconsejo poneros manos a la obra, y hacer pequeños gestos que nos vayan reciclando la vida.

Siempre lo más sencillo es empezar por uno mismo. Como dejar de fumar, si fumas, o bajar esos kilos del invierno o cambiarnos a un look que nos sintamos bien, o comenzar a leer ese libro que nos espera, o lo que sea. Pequeños gestos, que hagan que nos sintamos bien y que comencemos el gran cambio del antes y después del vivir.

Quizás no logremos reciclarnos en un cien por cien, pero por intentarlo que no quede. Sino lo intentas nunca sabrás lo que es sentirte pleno o casi.

Lo intentamos?

Foto by @desingcollector on Twitter

 

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Dar vuelta página

Los puntos de inflexión en la vida deben marcarse en la memoria. Porque son  hitos, que nos anclan a la vida y nuestra propia historia. Pero no son  importantes solo los clásicos, por ejemplos, cuando terminamos una carrera que cambia nuestra forma de movernos por el mundo, o cuando nos casamos, o cuando nace un hijo, o lo que sea que marque algo importante en el calendario de vivir.

Sino también muchas otras cosas que posiblemente no le damos importancia como punto de inflexión porque es el día a día, pero nos marcan y nos cambian. Eso son las decisiones que tomamos casi a diario.

Estas son diarias e interminables, en el ser humano. Con algunas ni nos damos cuenta, cómo decidir qué cocinar, pero otras pueden convertirse en un punto de inflexión. 

En mi caso, no tengo a nadie que tome decisiones por mí, así que todo lo que hago, pienso y digo, son las mías propias. Algunas acertadas, otras no, pero son mías y la “culpa” sobre ellas sólo recae en mí.

Mirando la vista atrás, veo que muchas de esas que he tomado me han llevado a esos puntos de inflexión de los que hablaba. Por eso, al día de hoy, necesito dar vuelta página, para que aparezca una hoja en blanco para poder volver a llenarla de vivencias y otras tantas decisiones.

Estos últimos tiempos han sido difíciles para todos. Estamos viviendo días oscuros como yo siempre digo. Entre tantas horas perdidas por la pandemia, tantas personas que se han quedado atrás o ya no están. Tantas locuras que escuchamos, vemos y oímos a diario. Es necesario ver para adelante e intentar dar vuelta esa página de este último año, y ponernos en modo positivo. 

Muchas personas y circunstancias intentan que no lo hagamos y sigamos anclados en el dolor, la desesperanza, la duda, y el miedo sobre todo. Pero hay que levantarse un día y decir “hasta aquí hemos llegado”. Marcando un hito en esa memoria de nuestra existencia, para que la página se de vuelta  y vuelva a estar en blanco.

Esto solo depende de nosotros, de nadie más. 

Hasta aquí hemos llegado, de permitir que nos hagan “vacío”. De que no alcemos la voz contra los que nos “exigen” sin tener derecho sobre ello. De decir basta a los que no valoran nuestro trabajo diario, nuestras acciones, o lo que decimos. En definitiva, a los que nos impiden ser nosotros mismos totalmente.

Siempre me ha gustado esas frases de las películas que dicen “me quiere tal como soy”. Pero en la vida del día a día, esos pasa? Pocas veces. Vivimos en un mundo que solo juzga, solo critica o solo intenta “sentirse grande” minimizando a los que tiene al lado.

Ante esto hay que rebelarse. Marcando un hito importante, tomando la decisión de dar vuelta la página de la vida, y dejarla en blanco de gente tóxica que no nos aporta nada. Es doloroso y duro, porque corremos el riesgo de quedarnos más solos aún de lo que ya estamos. Pero hay que hacerlo. Hay que ser valiente y afrontar el futuro en blanco para llenarlo de nuevos recuerdos.

Así que te invito a que pilles papel y lápiz, marqués el día de hoy en el calendario de tu memoria, y hagas una lista de lo que no quieres más en tu vida, y lo que sí. Y te pongas a ello. Desecha lo que no aporta y abraza lo que sí. Es la única manera de volver a ver el futuro con alegría y esperanza.

Yo lo he hecho. Me da “miedo” lo que pasará, o el resultado de mis decisiones, pero debo afrontarlo como otras tantas cosas. No será la primera, ni espero a corto plazo que sea la “última” tampoco. Porque eso significa que sigo en la brecha, posiblemente más sabia o más vieja, pero que seguimos. Lamentablemente otro muchos no tienen “la misma suerte”.

Cuando empiezas tú?

Te animas a dar vuelta la página de tu vida? a por ello. Qué puede pasar? Lo máximo es que tengas que parar, cerrar la página de tu libro de existencia y volver a abrirlo por otra. Pensando en que otra vez tomaste la decisión equivocada o no?

Resetea tu existencia, así te sentirás más vivo. Olvida lo que te hace daño y recuerda lo que te hace sentir bien. Es la única forma de poder afrontar el futuro. Es la única manera de sentirnos vivos.

Dale al botón de reset y vive.

 

 

 

 

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Crónica dominguera: son bonitas mis antenas verdes?

Hola a todos. Otro domingo por aquí. Con la rutina de la vida, viéndola pasar sin muchas estridencias, pero con muchos líos, no solo externos, sino propios. Llevo muchos años en mi profesión. En mi época de estudiante, eran las entregas, en mi época de currante en estudios eran los concursos y lo límites para presentarlos, y ahora que soy mi propia jefa, iniciar una obra. Ser independiente tiene muchas ventajas, te organizas como quieras. Pero también tiene el inconveniente que todo recae en una sola persona, tu misma. El trato con los clientes, la organización, los trámites, los planos, todo, y el día tiene 24 horas solamente. Mi teléfono esta semana ha acabado con su batería a media tarde, os podéis imaginar. No por hablar con los amigos, sino apagando fuegos de todos lados. He tenido que tomar la decisión que de 16 a 17 lo apago. Así aunque sea puedo estar en silencio una hora. Por lo tanto me machaca la cabeza esa pregunta “vives para trabajar? o trabajas para vivir?”.

Hace más de 10 años que intento lo segundo, trabajar para vivir, hasta que empiezo uno nuevo. Pero bueno son unas semanas, y pronto volveré a lo estándar, hacer con mi tiempo, lo que se me dé la gana. Y dejar que los que trabajan para mí, hagan lo que les corresponde, hacer lo que cada uno sabe. Para eso los contrató, y lo mío será de vez en cuando ir a ver qué tal va todo.

El martes tengo mi cita para vacunarme, e iré. Así que quizás la próxima vez que escriba por aquí, tenga una maravillosas antenas verdes como efecto secundario. Porque es tal la “campaña de miedo” que hay instaurada, que intento tomármelo con humor. El miedo no podrá conmigo. Mucho ha pasado y he dejado de hacer y vivir, para que les haga caso a los agoreros. Si tengo un efecto adverso, habrá que apechugar, pero son más los beneficios que sé que podré tener que el miedo a ponerla. Porque si de algo si he tenido miedo todo este tiempo, es de pillarme el virus y terminar en una UCI. No al virus, sino a las consecuencias de terminar en un hospital que los odio, y se lo que puede significar para el tipo de vida que tengo. Mejor me vacuno. Eso sí, sí de aquí al martes, no vuelven a cambiar de franja de edad para ponerla, como han hecho esta semana tres veces. Todo esto es muy loco, todo. Corramos un tupido velo.

Para los que me ha preguntado, el pequeñín ya se siente curado y quiere hacer el indio. No me extraña teniendo 3 años, pero aún le quedan 4 semanas de vida tranquila. Ni siquiera le han sacado los puntos. Todo marcha bien, pero como controlas a un perro con una vitalidad desbordante dada por su corta edad? Estando con él todo tiempo que se pueda y controlando que no se mueva mucho. Así que aún me quedan 4 semanas de vida contemplativa en casa. Porque Sr. Spock está así, y yo con él. Y ni siquiera hemos llegado a la mitad del tiempo prescrito. En fin, santa paciencia.

La vida, constantemente me está mostrando que son todas piedras a saltar constantemente. O era Ley de Murphy? “Nada es nunca tan malo que no pueda empeorar”. Por poner un ejemplo, esta semana estuvo mi edificio sin ascensor, y vivo en un 5. La primera vez, intenté subir al perrito en brazos para que no suba las escaleras y solo pude hasta el tercero. Así que me encomendé al universo, y dije “que sea lo que Dios quiera”, y subió despacito. Pero subió. No hay que olvidar que está operado de la columna vertebral. Llegué a pensar que si seguir averiado, se lo dejaría a alguien cercano para que él no subiera solo. Pero por suerte, se solucionó. Ahora cada vez que salgo, cruzo los dedos para que funcione. Y en el trabajo, todo yendo como la seda, y se desprende una bajante que vamos a cambiar el martes. Pasando el piso y mojando el de abajo. Un accidente solucionable, pero no dejan de ser esas piedras que digo yo. La vida nunca es tranquila, nunca. Antes me daba lo mismo y uno lo solucionaba sin problema. Ahora todo es un mundo. Todo abruma, hasta lo mínio. Eso sí es un efecto secundario de la pandemia. Saltar esas pequeñas piedras que la vida nos impone, es un esfuerzo descomunal que nos deja agotados. Pero bueno, es lo que toca. (suspiro)

Pues nada, aquí los dejo, esperando que todos sigan bien. Cuídense muchos. Y la semana que viene, si me crecen antenas verdes después de vacunarme, os lo mostraré a ver si me quedan bien o no.

Y recordando que “esto también pasará”. Ahora más pronto que nunca en mi caso, vacunándome.

Os dejo otras Leyes de Murphy que son como la vida misma… mejor tomarla con ironía y humor.

  • Todo funcionará hasta que trates de probar que funciona.
  • El autobús llegará apenas enciendas tu cigarrillo.
  • Lo que más crece es lo que menos deseas.
  • Los sistemas nuevos generan problemas nuevos.
  • Los que viven cerca llegan siempre tarde.
  • No importa cuántas veces se demuestre una mentira, siempre quedará un porcentaje de personas que creerá que es verdad. (esta está relacionada con la vacunación)

Y si tiene ganas de leer, un artículo sobre la base científica de alguna de estas leyes….

 

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Crónica dominguera: la vacuna pa cuando

Hola a todos. Antes que nada… daros por felicitados … Felices Pascuas!!!. Este año este será mi único medio de felicitación. Al que le guste bien, y sino, también. Que no estoy para mucha bulla.

Esta semana han recibido el mensaje para vacunarse todos los colegas de mi entorno inmediato, menos yo. Dicen que van por el año 57,  puede ser, yo soy del 59, pero tengo que reconocer que me da cierto vértigo ver que yo no recibo nada. Y soy del grupo que están vacunando. Cuando lo pienso, me acuerdo de la canción de Jennifer López, “el anillo pa cuando”???? pues eso…” la vacuna pa cuando”. Se que me tocara con AstraZeneca, aunque por su mala prensa, ahora le han cambiado el nombre a Vaxzevria,  para ver si las reticencias de la gente cambia. Porque no tiene sentido otro motivo el cambio. Ya me he hecho a la idea. No puedo justificar médicamente, porque estoy sana, como algunos amigos que tienen patologías incompatibles con esta vacuna. Yo no puedo. Así que como siempre, últimamente tengo que pensar en los pro y los contras. Y son más los pro que los contras, el estar vacunado. Tendré que no asustarme mucho y dejar que las circunstancias como hasta ahora decidan por mi.

Porque si algo me ha dejado la pandemia, es la sensación que yo no decido nada de nada. Que las cosas de mi vida en estos meses, las deciden los otros o las circunstancias. Es una sensación rara, pero es así.

Sino miren con el perrito. Por las circunstancias de la pandemia y para que hiciera más ejercicio, lo hice acostumbrarse a la pelota, siendo una raza que no es pelotera. Y a dónde nos ha llevado? Una cirugía de columna, que si bien está bien y creo que se recuperará totalmente, porque es joven y tiene buena salud, tenemos que hacer “reposo casi absoluto” 6 semanas. Los paseos son de una vuelta manzana, 3 veces al día, y nada más. Para él y para mí. Porque tengo que vigilar que no se mueva mucho en casa, así que estoy también en algo parecido a “otro confinamiento” inducido no deseado. Llevo toda la semana santa, casi sin salir y bastante estresada de estar en casa, recordando al encierro obligatorio del año pasado. De más está decir, que no está el horno para bollos, para nada.

Cambiando de tema, hoy leía una crónica sobre un italiano que ya venido a Madrid a comprobar si esta “libertad” que tenemos era verdad. Debo decir que algunos cercanos me preguntaba desde California y París, en charlas telefónicas,  si eso pasaba. Madrid con la incidencia por contagio más alta de España, se está convirtiendo en “la cuna de la libertad contra la opresión por la dictadura de las restricciones impuestas”. Como decía la “presidenta” que no es santo de mi devoción “libertad o comunismo”, como asociando todo lo que nos pasa de limitar nuestras libertades como individuos por restricciones sanitarias para evitar contagios, a las ideas progresistas de una parte de la sociedad. Una locura, pero muy loco todo. Eso no es estar politizando todo?? sino es así, que caiga un rayo en mi ventana. Que cruz por Dios. Y lo que nos espera. Porque en esta “cuna de libertad” o era libertinaje mejor, tenemos elecciones el 4 de mayo, día laborable. Otra insensatez.

Una cosa si he pesado, cuando dentro de años esto haya pasado del todo, tendremos que ver para atrás, y ver quién tenía razón.  Porque es sencillo, son dos bandos, ellos o nosotros, y listo. Las conclusiones serán muy claras, y la cantidad de muertos y contagiados dirán que estilo de vida era el que se debería haber impuesto, si el de la “supuesta libertad”, manejando la pandemia con la vida económica o el de las restricciones. Parece ser que Madrid se ha convertido en el líder de la libertad y los demás en el mundo, están equivocados. El tiempo lo dirá.

Mi contestación a lo que me preguntaban de tan lejos, es que mi vida es bastante, por no decir casi normal. Porque dicen que estamos confinados en cada comunidad, que no puedo por ejemplo ir a Toledo a visitar unos amigos, pero os aseguro que toda esta semana santa, en  mi barrio había lugar para aparcar. Lo que me lleva a pensar que por más que estamos confinados perimetralmente, muchos que les da lo mismo, se han ido. Es más, un amigo está esquiando en Sierra Nevada y ha puesto sus fotos por todos lados. Pero como yo cumplo con lo que me imponen, no voy a Toledo porque seguro si me animo a ir, me para los controles y me ponen una multa. Seguro, con la suerte que llevo, seguro me pillan.

En fin, corriendo un tupido velo, os dejo. A por otra semana. En mi parte con dos “chiches” nuevos, un teléfono que no es un teléfono sino como una tableta con lápiz y todo, y un block panorámico de papel hecho a mano que acabo de recibir, y que encontré de casualidad y super bien de precio, que me dan ganas de irme ya a dibujar a alguna terraza el skyline de Madrid, cosa que haré en cuanto pueda para usarlo. Menudas panorámicas voy a dibujar. Eso sí, cuando tenga ganas, porque se me han ido con tanta falta de perspectiva del futuro.

Y recordando que “esto también pasará“.

Nota: lo que ilustra esta crónica es una de mis panorámicas de Madrid desde la terraza del RIU, donde ya pronto volveré.

 

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26 años en internet

Hoy recordaba cuando comencé a usar Internet y fue por el año 95 o sea que llevo casi metida en esto 26 años, año arriba año abajo. Antes eran las páginas web con Html, los IRC, donde la gente chateaba y se conocían, yo aun tengo amigas de esa época, había algo de romanticismo en esos tiempos por aqui. Luego todo como siempre que se masifica creciendo o quizás la expresión seria “se democratizó” y se ha ido al garete.

Con la aparición de las redes sociales, wordpress, el avance de la tecnología, esto cada día es más imposible por una cosa o la otra.

Lo que sí he comprobado,  por más que han pasado tantos años de uso, que nunca he perdido la oportunidad de encontrar a gente que se toma internet como la vida misma, o si les fuera la vida en ello. Aún hoy. Qué cruz!!!

En  mi caso siempre, independientemente de usarlo para la información o el trabajo, ha sido una cosa lúdica. Ya bastante tenemos con la vida fuera de esto, como para tomarse el uso de internet como la vida. Me divierto en Instagram, o Facebook, o pillo ideas de Pinterest, o leo a gente interesante en Twitter, o me rio con Tik Tok. Pero nunca le he dado la importancia como a otras cosas. Es un pasatiempo y nada más.

Aunque siga existiendo gente al día de hoy, que lo que debería ser lúdico, se empeñan en imponer reglas y leyes a cumplir. Siempre el mismo error, tomarse esto como la vida misma.

Por eso, me hace pensar mucho, seguir encontrando gente después de 26 años, que creen que todo lo que pasa y se dice en Internet es real. O se lo toman tan en serio, que terminan aburriendo. Y como.

Hay cosas interesantes, siempre se puede aprender algo, pero hay que rebuscar porque hay mucha que mucha mierda también. Me da cierta congoja, darme cuenta que mucha gente joven se toma lo que lee o ve, como ley. Y no creo que sea así. 

La vida está fuera, al aire, esto no es la vida, es solo tecnología. 

 

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Crónicas domingueras: 30 años no son nada, o si?

Otra mañana de domingo por aquí. Aunque esta ha sido atípica. Porque me la he pasado desde las 9 AM en el veterinario, por una urgencia con el Sr. Spock.  En mi afán, por tener un perrito saludable, lo saque a jugar con la pelota el viernes al río. Como había mucha gente, nos pusimos en la parte de tierra del paseo. “Primer error”. Como este pequeño se cree un “border collie”, y corre como tal, se pone como loco con la pelota. En algún momento se hizo daño, sin yo darme cuenta. Esa noche, no se subía al sofá como siempre, y me pareció muy raro. Fue a peor. Mi “segundo error”, fue no llevarlo a la vete de siempre el sábado por la mañana. Llamé pero no fui, porque no le di mayor importancia, comparando a su estado físico con el mío, posiblemente y pensando que eran agujetas.

A la tarde, ya no se movía, y se notaba que le dolía algo mucho. Así que junté valor, porque es lo que hago cuando salgo de casa con una obligación, porque miren que me cuesta enfrentar las cosas, y lo llevé a una clínica de urgencias, era ya sábado tarde. A la que iba, no pude llegar porque estaba el centro cortado por una manifestación, así que en un arranque de “tercer error”, me fui a otra. La misma donde Verdi falleció. Esperé casi una hora cuarenta, y me empecé a sentir agobiada. Un espacio cerrado, sin ventilación, donde se abría la puerta a la calle, pero se cerraba luego al instante. En un momento, entró uno con la mascarilla por abajo, dando voces, como si fuera dueño del mundo, y explote. La ansiedad que me agarro el encierro, me dijo.. hasta aquí llegamos. Me fui, sin que lo hayan atendido al perrito. Así que viendo hoy seguía igual o peor, me levanté temprano, un café, coche y fui a la que iba a ir la primera vez. Para arreglar el cúmulo de errores que yo había cometido. Que diferencia de lugar, abierto, amplio, con luz natural, la atención, en ningún momento me sentí agobiada como en la del día anterior. Eso sí, tuve que esperar dos horas.

Pero bueno, ya estamos en casa, el perrito pinchado por el dolor, y con diagnóstico nada grave, algo muscular, y cita al traumatólogo el jueves, por las dudas. Si es lo que yo digo siempre, tanta actividad hay que tomársela con calma. Y si hubiera pensado un poco mejor el sábado a la mañana y me hubiera subido, a su veterinaria de siempre, no hubiera pasado tanto agobio o estrés. Un cúmulos de errores, y una situación disparatada, que me demuestran que no estoy bien. Que todo me está pasando factura. Que las cosas me cuestan hacerlas el doble de que en otras épocas. (suspiro) En fin, mejor corro un tupido velo. Ya paso.

Cambiando de tema, hoy se cumplen 30 años, del día que con una maleta, un bolso y 2500 EEUU en el bolsillo, me subí a un avión para venir a Madrid. Ese supuesto “año sabático” que ha durado 30. Cada vez que lo pienso, me pregunto cómo sería mi vida si hubiera vuelto 12 meses después de partir, y no me hubiera quedado aquí. Pero me dejé llevar, y siempre decía “el próximo vuelvo”. Y aquí estoy, 30 años después, en un país que no es el mío, pero que lo siento así. En una ciudad que me acogió, donde he tenido y tengo una buena vida, no me puedo quejar. Pero siempre te queda esa sensación de que no sos de ningún lugar. Los de allí te llaman “la gallega” y los de aquí no dejan de preguntarte cuando hablas si sos Argentina. Es más, hoy me paso. 30 años, por favor, aún es importante de dónde soy o de donde no lo soy=????? A la gente la seguimos “juzgando” por donde nacieron???? hasta cuándo. Cuando será el día, donde no tengamos que preguntar “de donde sos”. Es importante donde naciste o es más importante cómo eres? Me recuerda a los inicios de las conversaciones cuando te querían conocer y te preguntaban “estudias o trabajas”. Que simples y básicos que somos los seres humanos. No cambiamos nunca.

Hasta aquí llego hoy. Podría seguir, pero mejor cambio de tercio y pienso en otras cosas más positivas. Esperando que todos sigan bien, que se cuiden muchos como intentamos hacerlo aquí. Aunque tengo que comentar como observadora, que lo que vi ayer en la zona de la Av. del Mediterráneo de aglomeración de gente, sin medidas de seguridad, todos gritando, bebiendo como si no pasara nada, no me hace ser muy positiva en que esto no se va a desmadrar de nuevo.  Volvemos a irnos a la mierda en cualquier momento, o mañana mismo.

Y recordando “que esto también pasará”, eso sí, ni cuándo ni cómo lo sabe nadie.

 

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Vaciando la mochila

Estoy intentando vaciar “la mochila emocional”. Es algo muy difícil, pero creo que ya pesa demasiado. Así que la he apoyado en el suelo, me he sentado, la he abierto y he empezado a ver que se puede eliminar para aligerar.

En este proceso llevo ya varios meses, diría desde el fin de año pasado, que mi cerebro hizo clic, y desconectó de temas que estaban pasando factura. En ese momento, mi visión sobre algunos temas familiares sobre todo, cambiaron. Fue como una liberación. Deje de dar importancia a lo del pasado para preocuparme solo por lo de hoy. Al final, ese dicho “arriero somos y al final del camino nos encontraremos”, creo que tiene sentido. Que cada uno se haga cargo de sus temas, de sus cosas, que al final nos encontraremos. Es inevitable, el final del camino es para todos iguales, no?

Ahora toca liberar del peso a esa mochila de compromisos adquiridos con personas que pasan por tu vida, y que te das cuentas que te has involucrado más de lo que lo han hecho esa gente. Uno no hace las cosas, o no adquiere compromiso para que te den las gracias, sino porque uno quiere hacerlo, y listo. Pero con los meses te das cuenta que tú haces las cosas lo mejor que puedes pero del otro lado te cuestionan, o te exigen, como si fuera una obligación y no acción desinteresada como lo es para ti, solo por ayudar.

Muchas veces en mi vida me ha pasado esto. Hacer algo por los demás, o como diría “meterme en fregados” sin ser míos, por colaborar con el grupo, por el bien general. Y como han terminado? pues como ahora, con los que estoy sacando de la mochila. Como si fuera una obligación de mi parte adquirirlos y hacerlos. Y no, no me da la gana. No tengo obligación con nadie ni con nada, solo con los y con lo que yo quiera dársela.

Si algo me ha enseñado la vida, es que las situaciones para que funciones, tiene que ser algo recíproco, y si no es así, a otro tema. Que seguro, si los papeles se invirtieran, no tendría el mismo grado de compromiso del otro lado hacia mí.

No sé muy bien, porque se cree que si alguien te ofrece ayuda sobre algo desinteresadamente, porque sabe sobre el tema y solo por ayudar, los que reciben esa ayuda, tienen el “derecho de exigir”, más allá de los límites aceptables.

Las relaciones sociales de la vida, deben ser un ir y venir, un compartir, un día por ti, y otro por mí, sin exigencias. Cuando te das cuenta que eso no es así, mejor dejarlo de lado y seguir tu camino, aunque ello conlleve alejarte del grupo en cuestión, y que te dejen de lado. Pero es lo más sano para todos. Sobre todo para ti mismo.

Para los de ese grupo, que se queden con sus “exigencias” y que las resuelvan ellos. Para ti, mejor solo que mal acompañado, aunque moleste. Es un tema de salud mental y espiritual. Diría mi madre, que era una señora muy señorona “no des más por el pito, de lo que el pito vale”. Algún día lo aprenderé. Espero solo, que no sea tarde.

Llegados a este momento, me pregunto, ¿se darán cuenta alguna vez, del tiempo, esfuerzo y conocimientos adquiridos y aplicados por tu parte?. ¿Darán valor a lo trabajado? Estoy segura que no. Se harán “los ofendidos” por tu partida, porque la soberbia que han aplicado es infinita.

En fin, tú seguirás tu camino, con menos carga al dejar el espacio vacío de esa obligación, hasta que posiblemente te aparezca otra, pero quien te quita la tranquilidad adquirida? nadie si tu no quieres.

Esta semana he hecho eso. Terminar con las exigencias de un grupo, como si fuera mi obligación o deber, no un gusto hacerlo. Yo ya ayudé, colaboré y deje las cosas funcionando, a ver si ellos aprenden y lo siguen adelante, solos. Que seguro, o aprenden (no es muy difícil hacerlo, como lo hice yo en su momento, tampoco es aprender a hacer diseño de centrales nucleares) , o encuentran a otro incauto que colabore y puedan exigir o dejan morir el proyecto. Que hagan lo que quieran, yo ya no pertenezco a la matriz del grupo, solo soy un simple usuario como muchos otros.

Y como decía… a otra cosa, mariposa.

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Crónica dominguera: La invasión francesa

Hola todos. Otra semana por aquí. Viendo la vida pasar, esperando la vacuna algún día, haciendo cosas pero como siempre, al límite de lo posible para cuidarse, pero siempre con el miedo en el cuerpo de pillarlo. Ya saben a qué me refiero. Evidentemente siempre hay gente que está peor, y sino que se lo digan a los franceses. Que se toman un avión y vienen en “invasión” a Madrid los fines de semana para poder, como ellos dicen, “hacer la fiesta”. Y no me extraña, porque teniendo en cuenta que en París por ejemplo, el toque de queda es las 6 de la tarde, no hay ni donde tomarse un café, y hasta los museos están cerrados desde octubre.  Cosa que no entiendo, porque con las medidas que hay que cumplir quien se puede contagiar en un museo. Yo misma fui hace unas semanas al Reina Sofía, y no había nadie. En algunas salas estaba hasta sola. No se dan cuenta, que como no hay turismo, los visitantes son mínimos. Porque no se si han notado cómo cambia la ciudad sin hordas de turistas por todos lados.

Hace unos días hablaba con mi amiga Marce, que vive en París, sobre esto. Ella misma no comprendía cómo los museos seguían cerrados. Ella y su pareja que es artista plástico, usan mucho de su tiempo libre en ver arte. Y ahora no pueden desde octubre pasado. Para solucionar esto, uno de estos últimos fines de semana se fueron a ver exposiciones en galerías privadas, de esas que hay un montón por ahí. Porque estas si están abiertas, solo con las restricciones de horarios y de aforo. Me contó que era tal la gente que había, que en algunas tuvieron que hacer cola para entrar. Que se notó que la gente estaba ávida de cultura.

Todo esto me llevó a reflexionar, que como muchas cosas que deciden en despachos, gente posiblemente no capacitada para tomar ese tipo de decisiones que nos afectan a todos, son disparatadas. Y no lo digo solo por el virus, sino que echó la vista atrás, y en otros momentos nos han impuesto normas o códigos de obligado cumplimiento, que nos han afectado sin tener en cuenta el daño que nos haya podido hacer como sociedad. Una locura.

La cultura, el cine, los teatros, no son la fuente de contagios. Yo he ido al teatro en cuanto se abrieron por aquí, luego del confinamiento extremo, y me sorprendió gratamente las medidas de seguridad y aforo que había, para nada me sentí insegura como subir a un colectivo en hora punta. De esto han pasado 8 meses. Las mentes deben desestresarte de toda la locura que vivimos, con una exposición, una película en un cine, o en salir a pasear. No podemos seguir encorsetados de libertad para no contagiarse. Si es verdad que las normas que se nos exige son las adecuadas para nuestro bien común, entonces porque parecen muchas veces incoherentes????. Lo que digo siempre, una locura.

Cambiando de tema radicalmente, ayer vi la entrevista de Oprah a Meghan Markle y Harry, traducida al español en Antena 3. Y sinceramente ha sido bastante reveladora, no porque me importe lo que les ha pasado, la he visto como cuando leo el Hola, por el cholulismo innato que tengo. Sino porque esta semana he visto extractos, y al ver el contexto seguido casi sin interrupciones, he comprobado una vez más como la prensa cuenta lo que quiere contar. La manipulación es increíble. Una  frase determinada, en todo el contexto, tiene fluidez y razón de ser, de dos personas que cuentan su propia experiencia, estés de acuerdo o no. Y la misma frase que escuche fuera de ese contexto, indicaba insidia, ataque y buscar la confrontación. Increíble comprobarlo una vez más, que el poder de la prensa o del sistema, para manipular a las masas es inconmensurable. Nos muestran lo que quieren que veamos, no la verdad. No me extraña que existan tantas teorías conspiranoides en el mundo, con una infinidad de temas. Es super fácil incidir sobre la gente, u orientarlos o dirigirlos a que piensen lo que les interesa a los que los dirigen, y no lo que cada uno piense en base a los hechos verdaderos y sus propias conclusiones.

¿En qué momento esto se gestó? En qué momento de la historia el hombre moderno dejó de evaluar los hechos, y se dejó manipular como en este momento. Porque en este tiempo, se manipula casi todo. (suspiro y pienso…) posiblemente cuando se perdió el sentido común o se dejó de usar. Porque si le falta algo al mundo de hoy, es “sentido común”.

My God, lo que ha generado ver una simple entrevista que ni me quitará el sueño, ni opinaré, porque ese es otro tema. Solamente diré que lamentablemente, el trasfondo indica lo que se sabe de siempre.. que desde la época colonial, el reino de Gran Bretaña, “ha sido racista” o  lo es, y hay innumerables ejemplos a simple vista y en los libros de historia. Lamento que esta chica haya sido “tan cándida” de pensar que no se le iban a echar en cara, su mestizaje. Como decía hace unas semanas… corramos un tupido velo, mejor.

Hasta aquí hoy. Les dejo. Como siempre deseando que tengan una buena semana, que se cuiden mucho, y que vivan más relajadamente o en lo posible, de lo que podemos o nos dejan. Yo por mi parte, como sigo yendo a la piscina, un par de días a la semana, y el sol de la primavera incipiente está a tope, agregaré a mi sesión de aquadynamic, un rato después a tomar el sol en el solarium, así voy pareciendo más a una persona saludable y no una paliducha en época pandémica,  de estar encerrada. Si hay mishiadura que no se note.  Sabiendo que como siempre digo … “Esto también pasará”

pd: la imagen que indica hoy esta crónica es una adaptación del cuadro de Delacroix “la libertad guiando al pueblo”, de Lego. Como ironía de la invasión francesa que tiene Madrid, los fines de semana. Un delirio mío, y eso que no he hablado de lo que está pasando con la política en esta comunidad. Me he tenido que morder la lengua para no hacerlo.. que conste.

 

 

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Crónica dominguera: Viva el jamón y el aceite de oliva

Hola a todos. Aquí estamos otra mañana dominguera, aun riéndome del algoritmo que ha dicho que el jamón de jabugo y el aceite de oliva virgen es perjudicial para la salud, en un grado 2 siendo 5 el más favorable y 1 el menos,  para el ser humano. Esto pasa cuando se dejan esas variables a un algoritmo. Mi Dios a qué niveles de estupidez hemos llegado. Lo bueno, es que algún despistado o de los que viven su vida a través de estadísticas y no de experiencias contrastables lo dejarán de comer y así los demás que disfrutamos con un buen aceite de primera prensa, virgen como el de Jaén en un buen pan de pueblo y unas lonchas de jamón del bueno, tendremos más.

Otra tontería más para la vida complicada que vivimos. Porque miren que es complicada. Ayer hablando de las musarañas, al solecito de la mañana, mi interlocutora me hacía una reflexión en contestación a la mía sobre lo sombrío del futuro. Diciéndome “que vida se puede tener detrás de esto“, señalándome la mascarilla que llevábamos. Y tiene razón. Como anécdota tengo que contar, que el otro día invité a la paseadora del Sr. Spock a un vino, para charlar y conocerla más, luego de tantos meses de verla en la puerta cuando viene a buscar al gordito. De repente cuando la veo en la mesa de la terraza que quedamos, no la reconocí. La primera vez que la veía sin mascarilla en un año. Lo que me llevo a pensar… “vaya si me la cruzo por la calle sin mascarilla no la saludo  porque no sabría quién era”. Un año, charlando, viniendo casi a diario por el perrito y no la reconocería.

Wow, menudo shock. Darme cuenta como nos ocultan las mascarillas. Que hace que no se sepa o reconozcan las emociones, si sonreímos, o nos reímos. Salvo el sonido que emitimos. No porque no me diera cuenta, sino que esta vez me sorprendió un montón, fue como dicen “tuve una revelación”. Otros tienen revelaciones místicas, yo de darme cuenta la falta de identidad emocional y física que nos ocultan las mascarillas.  (suspiro) Para todos los gustos.

En otro orden de cosas he tenido que sopesar pro y contra de, “perjudicar mi salud física y mental no haciendo actividad física, o el riesgo de contagiarme de Covid.·” La conclusión ha sido que vuelvo el lunes a la piscina. Tuve que superar el miedo a contagiarme sobre mi salud. Seguiré con mis medidas de seguridad propias, usando lo mínimo posible el gimnasio, sin sacarme la mascarilla salvo en la piscina. Pero mi salud física me lo agradecerá. No iré todos los días, quizás dos seguros, máximo 3 a la semana. Pero tengo que hacer algo. Necesito el contacto con el agua. No tener esa actividad me está pasando factura en mi estado emocional, en dormir y en mi movilidad. No puedo permitir que una “posibilidad” de que pueda pasar algo, me inmovilice. Se que tengo miedo de contagiarme. Pero la pregunta del millón es “qué es peor para mí”. Debo salir de mi zona de confort como dicen los psicólogos. Yo diría “a tirarme a la piscina”.

El miedo ya nos inmoviliza demasiado por si pasa… En la vida pueden pasar muchas cosas, no podemos controlarlas todas. Pero tampoco podemos seguir viviendo siempre en esta vida encapsulada que tenemos todos. Tenemos que poner medidas para cambiar ciertas situaciones que nos atenazan porque a largo plazo nos dañaran definitivamente. Habrá que correr el riesgo.

Recuerdo hace más de un año, sin pandemia, con la vida normal, no como ahora y que casi sin darnos cuenta corríamos riesgos desde el momento de salir a la calle. Como si nada. Ni nos dábamos cuenta, ni siquiera lo pensábamos. Y ahora uno tiene que ir en todo momento con pie de plomo, cuidándose, alejándose de los lugares cerrados, de la gente, de la vida. Hemos perdido espontaneidad, afecto, contacto físico, sonrisas, etc etc, en definitiva hemos perdido calidad de vida. Solo ha pasado un año. Y como poco nos queda otro. Esto ya es inaguantable. Así que mejor nos sacudimos un poco el miedo y vivimos un poquito más, sin locuras evidentemente. Pero sin tantas restricciones. Se necesita desmelenarse algo.

Mientras escribo esto, me río sola por no llorar, porque en otra época el desmelenarse en mi caso era por ejemplo, pillar el coche e irme a la playa unos días a tomar el sol o un billete e ir a París a pasar el finde. Ahora no puedo o no me dejan, ni siquiera salir de mi provincia. O ir a Francia porque tengo que hacer cuarentena y todo allí cierra a las 6 de la tarde. Una locura. Como para pensar siquiera en un viaje a la Argentina.

En fin, espero que lleguen mejores días y que sobre todo yo los vea.

Bueno, llegados a este punto, os dejo. Deseando que todos estén bien de salud. Pidiéndoles que se cuiden mucho, pero que se planteen “desmelenarse un poco” con algo, para empezar a romper esa cápsula que nos contiene la vida. Porque no hacerlo con una buena ración de jamón, un buen aceite de oliva virgen extra, una buena copa de vino, y si es en compañía mejor. Eso si es desmelenarse, vaya sino. Dejémonos de tantos algoritmos que nos quieren controlar la vida, aún más, como si no tuviéramos bastante con la mierda de pandemia que estamos pasando.

Recordando que aunque no se sepa cuando… esto también pasará.

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Encerrando la vida

Llevamos un año en pandemia, y no se ustedes pero a mi me parece una eternidad. Lo que me demuestra que el tiempo es relativo. Muchas cosas han pasado y pasan día a día sobre este tema, la pandemia. Desde encierros, aislamientos impuestos o forzados, falta de contacto físico, uso de mascarillas, restricciones, ordenanzas, formas de relacionarnos, y etc. etc. Infinidad de cosas que llega a agotarnos emocionalmente.

Ahora ha aparecido un nuevo término “fatiga pandémica”. Yo lo llamaría “león enjaulado”. Porque así me siento, como una fiera en la jaula del zoo. Una jaula ficticia con barrotes que siempre he odiado. Dándome cuenta de todo lo que hemos dejado de hacer o de compartir.

En mi caso, añoro poder escaparme al mar unos días, o alguna ciudad de esas que me gustan a dibujarla. LLevo desde noviembre del 2019 sin viajar a casi ningún lado. Salvo tres días a Galicia el verano pasado que se vieron interrumpidos por un cierre por un brote de Covid, lo que hizo que mis esperadas vacaciones se fueran al traste, y tuviera que volver a mi casa a encerrar la vida. Con lo que me gusta viajar.

Porque eso hemos tenido que hacer este último año, encerrar la vida. 

Siento nostalgia de muchas cosas, pero sobre todo el tener la libertad de irme donde me apeteciera sin tener que pensar si me dejan o no. En esta vida encerrada que tenemos, ya no cuenta el querer, sino el poder por obligación. Y eso agota demasiado ya.

Tenía la esperanza que en 2021 las cosas cambiarian, pero ya la perdi. Ahora espero que en el 2022 algo sea normal.

No me molesta la mascarilla, o la distancia social, lo entiendo, siempre que pueda tener contacto social. Eso sí se echa en falta. La parte social de la vidas. Podemos tener casas que nos hagan sentir bien, pero vivir en soledad en ellas, continuamente es lo que machaca.

Este texto puede parecer una queja, pero a que vosotros os sentís igual? Y me pregunto.. ¿El sentir general de los mismo síntomas, mitiga la queja en sí? Yo creo que si. Así que no me estoy quejando, sino reflexionando sobre un sentir general. O como se dice… “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Puede que me quiera consolar pensando que lo que me pasa a mi también pasa a todo el mundo. Pero no es eso. Sino que es la cruda realidad. Esa llamada “fatiga pandémica” que dicen los psicólogos, está haciendo mella en nuestros ánimos, cada uno a su manera.

Con los cercanos que hablo, les pasa lo mismo. Lo dirán con las mismas palabras o con otras, pero estamos metidos todos en el mismo barco. Se que “esto también pasará”, pero ¿cómo llegaremos al final? Hartos, desilusionados, esperanzados, cansados, ¿cómo? (suspiro) No tengo ni idea.

Quiero creer, porque soy una persona positiva, que bien, que superaremos todo esto sin secuelas, valorando aún si cabe más la vida y las relaciones sociales que tenemos. Valorando o aprendiendo que la vida puede cambiar en un instante, como cambio la de todos ese sábado de marzo de 2020 cuando empezó el confinamiento obligatorio.

Deseo de todo corazón, que nos quede marcado a fuego, y así disfrutemos de los tiempos venideros más intensamente, con más amistad, diciendo más “te quiero”, compartiendo aún más las risas, y valorando la vida en todas sus facetas. 

Porque esta vida encerrada que tenemos ahora, no es vida. 

Foto: The girl in a ball :: Didier 82
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